Se
trata a la pareja, no al miembro celoso
Las
disputas no se prolongarían si sólo una de las partes tuviera la culpa.
LA ROCHEFOUCAUU), REFLEXIONES, 1675
El
enfoque sistémico de los celos
Según
el enfoque sistémico, los celos son producto de la dinámica
interna de una determinada relación y la mejor manera de tratarlos es
considerándolos como un problema que la pareja comparte.
En
términos psicológicos un sistema es “un complejo de elementos que
interactúan y las relaciones que los organizan”. Los afectos, las
acciones y los pensamientos son los elementos que interactúan en un
sistema que llamamos persona. La persona es un subsistema de un sistema más
complejo que involucra una relación íntima que a veces se llama
matrimonio. Esta relación es un subsistema de un sistema más complejo,
la familia extensa, que a su vez es un subsistema de una determinada
cultura.
A
diferencia del enfoque psicodinámico que pone el acento en los
acontecimientos de nuestro pasado, el enfoque sistémico considera que el
pasado es prácticamente irrelevante para el tratamiento de los celos.
Tampoco le interesan las raíces inconscientes del problema de celos en
cuestión. Lo que sí le interesan son las fuerzas que provocan el
problema y lo mantienen vigente. El foco ya no está puesto en la mente
del individuo celoso, sino en el sistema de orden superior, en el todo del
cual el individuo es una parte. El todo lo constituye en primer lugar y
ante todo la pareja, pero también puede incluir al triángulo ce loso, la
familia de origen de la pareja (padres y abuelos), y, en teoría, hasta la
cultura en la que la pareja vive.
Los
sistemas de orden superior (como la pareja) influyen y son influidos por
sistemas de orden inferior (como las acciones, pensamientos y afectos de
la persona celosa). Esta influencia recíproca puede rizar rizos de
retroalimentación negativa que mantiene vigente el problema de celos, o
rizar rizos de retroalimentación positiva que pro mueven cambios.
Desbaratar un rizo de retroalimentación negativa en un sistema de orden
superior (una relación) puede conllevar un cambio en un sistema de orden
inferior (la persona celosa).
Con
el transcurso del tiempo, las pautas de conducta se convierten en reglas o
hábitos que es difícil cambiar. Una relación de pareja funciona de
acuerdo con estas reglas. (Una de las reglas más importantes es la que
dicta quién hace las reglas en esa relación.) Una vez establecidas las
reglas el sistema, en este caso la pareja, tiende a resistir al cambio. No
obstante, un sistema sano puede exhibir al mismo tiempo estabilidad y
cambio.
En
lugar de preguntar “¿Por qué?” —es decir, ¿por qué es celoso el
individuo?—, los terapeutas sistémicos preguntan “¿Qué es lo que
causa el problema de celos? Y, lo que es más importante, ¿qué se puede
hacer para facilitar el cambio? Los terapeutas psicodinámicos dan a
los individuos con problemas interpretaciones destinadas a ayudarlos a
lograr nuevas percepciones de su problema de celos. Los terapeutas sistémicos,
por su parte, dan a las parejas recomendaciones concretas destinadas a
desbaratar las pautas destructivas que provocan el problema de ce los, y a
ayudar a mantener el cambio positivo. Desbaratar esas pautas destructivas,
en lugar de desenterrar sus causas, es el objetivo primordial de la
terapia sistémica.
Para
lograr que la persona que sufre un problema de celos cambie, debe cambiar
el sistema marital de esa persona. El centro de la intervención terapéutica
es la conducta de los dos miembros de la pareja, que es la que mantiene
vigente el problema. Puesto que el objetivo es desbaratar un rizo de
retroalimentación destructiva, el terapeuta trata de encontrar el punto más
susceptible al cambio. Esto puede significar un cambio de conducta que
produce un cambio en las reglas del sistema, o un cambio de reglas que
produce un cambio en la conducta. El caso de Dave y Lillian, que presento
más adelante, representa un ejemplo de cambio en el sistema.
Si
bien el centro de la intervención específica puede variar, el núcleo básico
de la terapia sistémica es siempre el sistema y los procesos circulares
(rizos de retroalimentación) que ocurren en él. Los terapeutas sistémicos
parten del supuesto de que un cambio en una parte del sistema (por
ejemplo, uno de los miembros de la pareja) siempre provoca cambios en las
otras partes del sistema (por ejemplo, el otro miembro de la pareja), y
por lo tanto el sistema entero cambia. Cuando el esposo se retrae, la
esposa responde con un intento de acercamiento. Cuando la esposa intenta
acercarse el esposo responde retrayéndose. La respuesta de uno de los
compañeros proporciona el estímulo al otro: ¿él se retrae porque ella
se acerca demasiado o ella se acerca porque él se retrae?
En
un sistema marital, según el enfoque sistémico, es imposible que uno de
los miembros de la pareja sea total mente pasivo. Aun cuando usted no
responda a algo que hizo su compañero, como por ejemplo culparlo
injustamente de ser infiel, su falta de respuesta transmite a su compañero
un mensaje cargado de significado.
Roles
como el de víctima y el de victimario se consideran producto de una
decisión arbitraria en la que participan ambos miembros de la pareja. Por
ejemplo, si un esposo desempeña el papel del villano infiel, es probable
que el terapeuta considere que la esposa está contribuyendo a ello, u
obteniendo algo del papel de víctima traicionada. Un objetivo de la
terapia es cambiar ese tipo de definiciones arbitrarias. Un cambio en la
forma en que una pareja percibe una secuencia de acontecimientos (por
ejemplo, qué precedió al conflicto que pueda ayudar a explicarlo) puede
cambiar la dinámica de la pareja.
Los
terapeutas sistémicos consideran que los celos son causados por pautas de
interacción destructivas que se re fuerzan a sí mismas y no por
acontecimientos del pasado del individuo. Cuando una pareja acude a la
terapia y describe las “locuras” que hace la esposa debido a sus
“celos patológicos”, lo más probable es que el terapeuta pregunte qué
elemento de la conducta del esposo la hizo comportarse de ese modo. Otra
pregunta que el terapeuta podría plantear tiene que ver con la respuesta
del esposo, que podría reforzar la conducta celosa de la esposa. Cuando
la esposa identifica el amorío del esposo como el problema central, es
probable que el terapeuta le pregunte qué podría haber hecho ella para
dar lugar a que su esposo tuviera un amorío, y qué hizo en res puesta a
ese amorío.
Aun
en los casos en que es una sola de las personas que forman la pareja la
que experimenta celos, los terapeutas sistémicos piensan que los celos
cumplen una función en el sistema que constituye la pareja. Se considera
que síntomas como los amoríos o los celos son formas de comunicación.
La historia de Dave y Lillian ilustra cómo un amorío puede ser una forma
de comunicación.
Dave
y Lillian: un amorío como forma de comunicación
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