Sam
y Amalia
Amalia
contó:
"Los
celos de Sam suelen estallar cuando estamos haciendo el amor. Aparecen a
menudo. Súbitamente, siento que él se retrae. La primera vez que ocurrió
no supe qué pensar. Estábamos en París, pasándola de maravilla. De
pronto, cuando estábamos haciendo el amor, se detuvo y me apartó con
violencia... Ahora ya sé lo que eso significa. Le disgusto físicamente.
No puede tocarme. Mi cuerpo le resulta repulsivo. Cuando habla de mi
cuerpo dice que me imagina teniendo sexo con otros hombres con los que
estuve involucrada en el pasado. Me imagina haciendo con esos hombres las
mismas cosas que nosotros cuando estamos haciendo el amor. Dice que puede
verme jugando con el pene de otro hombre, o imaginar al hombre besando mis
pezones, ese tipo de cosas. Piensa que el sexo que yo tenía con otros
hombres era indecente, y eso le hace yerme indecente, barata,
despreciable, indigna de alguien puro y sano como él.
"Cuando
tuvo su último ataque de celos bramó: 'Todas las mujeres son putas,
excepto Mary'. Mary es su ex esposa. A mí me dice que no la amaba. Casi
nunca tenían sexo. Mary dependía de él para todo: nunca le puso
gasolina al coche (que sólo ella conducía) porque no sabía qué hacer
cuando entraba a una gasolinera. Cuando iba de compras, él la seguía en
su motocicleta, pagaba y acarreaba las bolsas. ¿Por qué se quedó con
ella diez años? Porque estaba seguro de que le era fiel. Mary no podía
arreglárselas si no tenía un hombre cerca. No podía arreglárselas sin
él."
El
matrimonio de los padres de Sam había sido muy poco común. Su madre
-una mujer excepcionalmente hermosa- tuvo un amorío con otro hombre
durante muchos años. Su padre, a quien Sam describe como pasivo, débil,
impotente y celoso, también tuvo sus amoríos durante el matrimonio.
Cuando
Sam tenía quince años, él y su hermano fueron a comprarle a su madre un
regalo para el día de la madre. Sam vio a su madre en la parada del autobús,
esperando. Ella no se dio cuenta. Él se quedó observando y vio cómo un
coche enorme que se acercaba se detenía junto a ella. La puerta del coche
se abrió. Su madre subió. Sam pudo ver cómo su madre besaba al hombre
del coche. Después, volvió a ver muchas veces aquel coche enorme
aparcado cerca de la casa cuando su padre no estaba. Sabía muy bien que
no debía entrar.
Por
las mañanas, después de que su padre se iba, el hombre solía llamar por
teléfono. Su madre se llevaba el teléfono al baño y mantenía largas
conversaciones eróticas con su amante mientras Sam escuchaba a través de
la puerta.
El
padre de Sam debe haber descubierto el amorío, porque un día apareció
con un revólver mientras su esposa tomaba el café con sus amigas. Comenzó
a vociferar:
"¡Te
voy a matar, eres una puta!" Sam estaba en la casa en ese momento y tuvo
que rescatar a su madre de la furia de su padre.
Después
de la escena de celos, su padre sufrió un colapso y tuvo que ser
hospitalizado por lo que parecía ser un ataque cardíaco. Sam -el
sempiterno salvador de la familia- fue quien lo llevó al hospital.
Cuando
tenía dieciséis años, Sam se enamoró de una muchacha hermosa a quien
él describe como "del tipo barato". Nunca fue a la cama con ella, a
pesar de lo cual sufrió celos tremendos. Su primera experiencia sexual
fue con una vecina, una mujer casada mucho mayor que él. No amaba a esta
mujer y no sintió celos por ella. Tampoco amaba a Mary, a quien conoció
a los diecisiete años. Pero Mary parecía amarlo y necesitarlo mucho, y
no era del tipo de las que le provocaban celos, de modo que se casó con
ella.
Vale
la pena señalar que la hermana de Sam, que es diez años mayor que él,
está infelizmente casada con un hombre grosero que tiene frecuentes
ataques de celos en el curso de los cuales la golpea. Ella tiene muchos
amoríos, pero sigue con él, con lo que replica la infidelidad de su
madre y revive los berrinches de celos de su padre.
Cuando
Sam conoció a Amalia, había estado separado de su esposa pero todavía
no se había divorciado de ella. Aunque seguro de que era desdichado en su
matrimonio, amaba a sus dos hijos y se resistía a abandonar completa
mente la seguridad que le daba la familia. Pero Amalia es una mujer
atractiva y encantadora (ocho años mayor que él), y Sam se enamoró de
ella como nunca antes se había permitido enamorarse de nadie.
Cuando
conoció a Sam, Amalia se dijo que era el hombre con quien quería
casarse. Nunca lo había pensado con respecto a ningún otro hombre, y había
salido con muchos. Antes de Sam, Amalia no había sido precisamente
selectiva para elegir a los hombres.
Lo
único que esos hombres parecían tener en común era que no estaban
disponibles, fuese porque estaban casa dos o bien porque eran inasequibles
desde el punto de vista afectivo. Aquello no le venía nada mal a Amalia.
Como había crecido junto a un padre y una madre que habían tenido una
relación simbiótica sofocante, valoraba su libertad e in dependencia.
Las cosas comenzaron a cambiar después de su cumpleaños número treinta
y cinco. Amalia decidió que quería tener una familia. Estaba preparada
para ello y Sam era el hombre que había estado esperando.
Su
romance fue apasionado. Sam iba a la casa de Amalia todos los días después
del trabajo y se pasaban horas haciendo el amor con desenfreno, dulzura y
pasión. El sexo nunca había sido tan excitante para Sam ni tan dulce
para Amalia.
El
viaje a París fue el punto culminante de su romance. Sam siempre había
querido conocer París, de modo que para él era un sueño realizado. Para
Amalia lo más importante era la oportunidad de estar juntos las
veinticuatro horas del día, y París era simplemente un adicional
maravilloso. El pasar todo el tiempo juntos la hizo darse cuenta de que
aquello era lo que ella buscaba. Le dijo a Sam que quería casarse y tener
un hijo. Este fue el telón de fondo del primer ataque de celos de Sam.
Amalia rememora así el episodio:
"Me
dice que sólo nos casaremos cuando con fíe plenamente en mí. Le
preocupan ciertos la dos oscuros míos responsables de mi pasado y que
podrían volver a surgir en el futuro. Puesto que fui infiel en el pasado
yéndome a la cama con ex amantes mientras salía con otros hombres, ¿qué
garantía tiene él de que no voy a volver a ser infiel? Después de cada
ataque de celos se siente culpable y mortificado y se deshace en
disculpas. Me dice que espera que yo tenga la fuerza y la paciencia para
hacer frente a sus ce los. Me pide que lo ayude a superarlos. Sabe que es
su problema y que yo no tengo nada que ver, pero que cuando sus celos
estallan, no puede controlarlos.
"Trato
de tranquilizarlo de todas las maneras imaginables. Le aseguro que nunca
disfruté del sexo con nadie tan maravillosamente como con él. Le digo
que mi vasta experiencia con otros hombres debería de hacerlo sentirse
seguro, por que lo he elegido a él y lo amo como nunca antes había amado
a nadie. Puesto que tuve todas esas experiencias sexuales ocasionales sé
cómo son y no tengo el más mínimo deseo de volver a pasar por ellas. En
realidad, le digo, soy yo la que debería estar preocupada, porque él ha
tenido tan pocas relaciones sexuales que podría ser que todavía tuviera
curiosidad y en algún momento quisiera experimentar. Para mí, todo eso
es asunto terminado.
"Pero
nada de lo que le digo parece importar le. Sabe que lo amo pero no puede
comprender mi pasado. ¿Cómo pude haber hecho lo que he hecho? Son cosas
que no parecen coincidir con la persona que él cree conocer. El hecho de
que haya pasado por esas experiencias lo lleva a des confiar de mí. La
amenaza que esto representa para él es tan inmensa que nada de lo que
digo la conjura."
Amalia
quiere saber de dónde vienen los celos de Sam, y, lo que es más
importante, qué se puede hacer para curarlos. Dejemos por un momento la
historia de Sam y Amalia, y analicemos estas preguntas desde la
perspectiva psicodinámica.
Las
raíces de los celos delirantes
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