¿Qué
tiene que ver todo esto
con su problema de celos?
Si
usted tiene un problema de celos, el saber que fuentes tan diferentes como
el psicoanálisis, la sociobiología y la psicología transcultural llegan
a la misma conclusión —que sus celos son universales—, puede
aportarle un cierto con suelo. Pero, ¿es suficiente este tipo de consuelo
para ayudar nos a hacer frente a los celos?
Mientras
escribía sobre estos temas, Amalya (cuyo problema con los celos de su
novio relaté anteriormente) me preguntó en qué estaba trabajando.
Comencé a hablarle de los apaches, los todas y los esquimales. “Pero,
¿cómo puede ayudarme a mí saber algo de los esquimales para arreglármelas
con los celos irracionales de Sam?, preguntó. “Puede ayudarla a darse
cuenta de hasta qué punto los celos de Sam sufren la influencia de la
cultura en la que vivimos”, le respondí. “Eso no es ninguna ayuda
para mí”, dijo Amalya. “Yo necesito entender qué es lo que hace que
Sam se ponga celoso y qué puedo hacer yo frente a eso.” Amalya advirtió
lo que puede ser un problema en la aplicación del enfoque psicosocial al
individuo: puesto que el foco está puesto sobre la cultura, podemos
perder de vista el problema de celos del individuo.
Aunque
extraer consejos prácticos del estudio de otras culturas puede parecer
difícil o irrelevante en un primer momento, está lejos de ser imposible.
De hecho, sociólogos como Gordon Clanton creen que una perspectiva social
aplicada a los celos puede desembocar en una mejor comprensión de uno
mismo y en una terapia más eficaz. La conciencia de la influencia de las
fuerzas sociales, sostiene Clanton, puede mejorar nuestra comprensión de
nuestros celos y aportar una base para la crítica de los puntos de vista
engañosos.
Según
Clanton, un ejemplo de una postura engañosa de ese tipo es el punto de
vista según el cual la causa de los celos sería una baja autoestima, y
que el mejorar la autoestima puede reducir o “curar” los celos. En
lugar de aceptar acríticamente este supuesto, Clanton cree que deberíamos
buscar las raíces sociales de los celos.
Su
propia búsqueda sugiere que este punto de vista, que tanto los
profesionales como los legos dan por sentado, es típico de una difundida
tendencia a atribuir una gran variedad de fallos y problemas personales a
la baja autoestima. En realidad, afirma Clanton, uno puede tener una alta
autoestima en general, pero a pesar de ello sentirse inseguro y vulnerable
en determinadas situaciones. Alguien que tiene una alta autoestima puede
de todos modos experimentar celos si una relación que valora se encuentra
amenazada. Más aún, es por lo menos plausible pensar que sean los celos
los que causan la baja de la autoestima y no a la inversa. Los
relevamientos transculturales, que muestran que la autoestima juega un
papel mínimo o nulo en la explicación de los celos en diversas culturas,
corroboran la postura de Clanton.
En
el caso de Sam y Amalya, es posible que la intensa y perturbadora
experiencia de los celos ayudara a disminuir la buena opinión que Sam tenía
de sí mismo. La convicción de que los celos son un defecto personal
reforzó su mala opinión, punto de vista que se vio reflejado en la
actitud de Amalya hacia sus celos. La conciencia de la influencia de la
cultura sobre nuestra experiencia de los celos nos hace menos propensos a
adoptar puntos de vista erróneos y potencialmente perjudiciales para
nosotros mismos.
Además
de tornarnos más conscientes de las influencias culturales que operan
sobre nuestros celos, la psicología social —que se ocupa principalmente
de la interacción entre los individuos y su medio social— tiene otra
importante con secuencia para la tarea de hacer frente a los celos. Puede
ayudar a los individuos y a las parejas a ver su problema de celos desde
una perspectiva nueva y más manejable.
Hay
dos tipos de explicaciones o atribuciones para los acontecimientos: la
disposicional (relacionada con los rasgos estables de la personalidad de
la persona o personas involucradas en el acontecimiento) y la situacional
(relacionada con las circunstancias especiales en las que el
acontecimiento sucedió).
Aquel
que se describe a sí mismo como una “persona celosa” explica sus
celos en términos disposicionales. Cuando tiene ciertos sentimientos,
pensamientos y síntomas físicos que aparecen como respuesta a una
situación que desencadenó sus celos, dice: “Estoy experimentando estos
síntomas porque soy una persona celosa”. En otras palabras: “así es
como soy, y no se puede hacer nada para cambiar eso”. Otra persona que
experimenta el mismo conjunto de síntomas como respuesta a una situación
similar puede explicar las cosas en términos situacionales: “Estoy
experimentando estos sentimientos de celos porque la persona con la que me
he casado ha tenido un amorío”.
Las
personas que explican sus celos en términos situacionales dejan abierta
la posibilidad de responder en forma diferente en una situación
diferente. Cuando se sien ten excluidas porque su compañero está
flirteando con un desconocido bien parecido tienden a atribuir sus celos a
esa circunstancia concreta y en consecuencia concentran sus esfuerzos en
tratar de modificarla. Las personas que explican los celos en términos
disposicionales están menos motivadas para el cambio, porque para ellas
el cambio significa la tarea virtualmente imposible de convertir a una
“persona celosa” en una “persona no celosa”.
Cuando
un individuo o una pareja acuden a la terapia, lo más frecuente es que el
rótulo disposicional “persona ce losa” ya esté instalado. El
objetivo típico que imaginan para la terapia es cambiar a la persona
celosa para que deje de serlo. Para plantear un desafío a esta atribución
disposicional, le hago a la “persona celosa” preguntas como: “¿Ha
sido usted celoso en todas sus relaciones?, o “¿Ha sido usted siempre
tan celoso en esta relación?”. La respuesta a estas preguntas es casi
siempre no. Aun en el caso de que la persona recuerde sólo un ejemplo de
conducta celosa atípica, ello significa que no es una “persona
celosa” sino alguien cuyos celos se desencadenan más fácilmente en
algunas situaciones que en otras. El desafío siguiente es identificar qué
ocurre en esta relación o situación específica que hace que esta
persona se ponga celosa. Por difícil que parezca esta tarea, es mucho más
fácil que transformar a una “persona celosa” en una “no celosa”.
La
tarea de pasar de una atribución disposicional del problema de los celos
a una atribución situacional se realiza formulando con detenimiento
preguntas como: ¿Qué sucede en esta relación o en esta situación específica
que desencadena sus celos? ¿En qué otra relación, o en qué momento de
la actual, ha estado usted menos celoso? ¿Qué sucedía en aquella otra
relación, o aquel otro momento, que lo hacía sentirse más seguro y
menos proclive a responder poniéndose celoso? Se puede ensayar otra yeta
preguntando por la percepción que la pareja tiene de las normas
relacionadas con la fidelidad y los celos, para averiguar si el problema
de ce los está vinculado con una diferencia en la comprensión que puedan
tener de estas normas.
Estos
tipos de preguntas son diferentes de las que plantean: “¿Por qué soy
una persona celosa?”, o “¿Cómo puedo dejar de ser celoso?”. Al
tratar los celos como un conflicto situacional la pareja se motiva para
trabajar en conjunto para cambiar la situación de modo que resulta menos
probable que los celos se desencadenen.
Si
de hecho la persona ha sido sumamente celosa en todas las anteriores
relaciones íntimas y durante todas las etapas de la relación actual, el
rótulo “persona celosa” podría parecer apropiado. Sin embargo, sigue
siendo improbable que él o ella hayan sentido grados iguales de celos en
todas las relaciones y todas las situaciones. La persona puede tratar de
descubrir qué situaciones le incrementan los ce los y qué situaciones se
los disminuyen, para después hacer un esfuerzo por evitar las primeras y
buscar las últimas.
Una
evaluación del enfoque psicosocial
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