¿Qué
hacer frente a un problema?
Richard
Lazarus, líder en el campo del estrés y las formas de hacerle frente,
define a éstas como “los esfuerzos tendientes a dominar condiciones dañinas,
amenazantes o que entrañan un desafío cuando no se dispone de una
respuesta automática para lograrlo”. Hacer frente a un problema no
implica que se logre vencer los elementos dañinos, la amenaza o el desafío,
sino que se hacen esfuerzos tendientes a dominarlos. Cuando usted toma una
pastilla para dormir para escapar temporalmente del dolor insoportable que
le causa la infidelidad de su compañero, está haciendo un esfuerzo por
hacer frente al problema (aun en el caso de que no logre superarlo).
Las
diferentes estrategias tienen una eficacia variada. Algunas —como hablar
del problema con su compañero en un clima abierto y honesto, o aprender
cosas acerca de usted mismo para comprender su respuesta celosa—, casi
siempre son provechosas. Otras, tales como los actos de violencia, tienen
casi siempre efectos desastrosos. Otras más, se que dan a mitad de camino
y sirven nada más que para postergar lo inevitable. Tomar pastillas para
dormir, acudir al alcohol y consumir drogas ilegales son algunos de los
ejemplos más negativos de esta última categoría.
Si
una estrategia concreta para hacer frente al problema es provechosa o
desastrosa es algo que se puede determinar atendiendo a sus consecuencias.
Como producto de las acciones que usted emprendió para responder a los
celos, ¿se ha incrementado su conciencia de sí? ¿Tiene ahora una mayor
comprensión de la perspectiva de su compañero? La relación, considerada
como un todo, ¿les parece más amorosa, armoniosa y satisfactoria a los
dos? Si la respuesta es no, la técnica que utilizó para hacer frente al
problema no ha sido provechosa.
En
el resto de esta sección presentaré diferentes estrategias para hacer
frente a los celos. Tal vez usted ya conozca algunas de ellas y las haya
usado. Otras probablemente le resultarán novedosas, y acaso le parezcan
adecuadas. Ahora bien, aunque piense que una determinada técnica o
ejercicio no son apropiados para usted, no los rechace de antemano.
Cuantas más estrategias tenga en su arsenal, en mejores condiciones estará
para hacer frente al problema.
Una
estrategia eficaz siempre implica cuatro partes o etapas:
1.
Tomar conciencia del problema.
2.
Asumir la responsabilidad de hacer algo al respecto.
3.
Alcanzar una cierta claridad en cuanto a lo que es preciso hacer y qué se
puede hacer.
4.
Desarrollar nuevas herramientas, y mejorar el alcance y la calidad de las
viejas herramientas.
Es
imposible hacer frente adecuadamente a un problema si no se tiene conciencia
de que el problema existe. Hay personas que juegan al escondite con el
problema y tratan de no pensar en él. Cuando hay un amorío ilícito, el
compañero traicionado casi siempre está enterado, al menos en alguna
medida, pero a veces decide “no saber”.
Otras
personas que son conscientes de su “problema de celos” tienden a
pensar que los celos han aparecido por su culpa (“simplemente soy una
persona celosa”). Esta reacción no evidencia una verdadera conciencia
del problema, porque no consigue situar a los celos en el contexto de la
relación y de la situación específica que los desencadenó.
El
proceso de tomar conciencia tiene dos partes: una consiste simplemente en
darse cuenta de que existe un problema; la otra es la capacidad de
reconocer que el problema es una función de una determinada dinámica que
se verifica en la relación o en la situación específica, antes que un
fallo de la “persona celosa”. Una vez que reconocemos esto, el núcleo
de los esfuerzos por enfrentar el problema se traslada de ¿“Qué es lo
que anda mal en mí como persona que me lleva ponerme tan celoso?” a “¿Qué
puedo hacer para modificar la situación para que mis ce los no aparezcan
tan fácilmente?”.
Para
llevar a cabo esta modificación debemos estar dispuestos a asumir la
responsabilidad de modificar la relación o la situación. Esto suele ser
bastante difícil. De todos modos, el solo hecho de asumir la
responsabilidad de llevar a cabo una modificación en una situación difícil
ya es de por sí terapéutico, porque reduce los efectos debilitadores del
sentimiento de desamparo.
Cuando
tomamos conciencia de que en la relación existe un problema, y asumimos
la responsabilidad de tratar de modificarla (en lugar de esperar que sea
nuestro compañero quien la modifique), el tercer paso inevitable es
alcanzar cierta claridad en cuanto a qué es preciso hacer y qué es lo
que se puede hacer.
En
medio de una crisis de celos, la mayoría de las personas no discriminan fácilmente
entre lo que pueden modificar de la relación o la situación y lo que no.
Hay
quienes suponen que todo se puede modificar: en ellos, en sus compañeros
y en las relaciones. Cuando descubren de la peor manera que esto no
siempre es así, se sienten desesperanzados e impotentes y comienzan a
pensar que no es posible modificar nada. También hay gente que piensa
desde el primer momento que nada es modificable. Estos in dividuos nunca
intentan modificar nada. “Así es la vida”, dicen. Esta frase hecha
puede reducir en alguna medida su estrés, pero también les impide buscar
activamente los cambios positivos.
Lo
cierto es que en una relación hay cosas que no se puede modificar, o que
sería sumamente difícil hacerlo, por ejemplo las personalidades básicas
de ambos miembros de la pareja. Pero muchos factores de una relación o
una situación provocadora de celos que operan como desencadenantes
—determinadas conductas por ejemplo— pueden ser modificadas con más o
menos esfuerzo. La ventaja más importan te de alcanzar alguna claridad es
que nos capacita para distinguir entre aquellos aspectos de la relación o
la situación que pueden ser modificados y aquellos que no. Esto nos
permite canalizar nuestros esfuerzos hacia aquellos puntos en los que
existe una mayor probabilidad de realizar progresos signficativos.
Los
celos han sido caracterizados como “una erupción de afecto que sólo
puede ser trascendida mediante la toma de conciencia”. A medida que nos
internamos con plena con ciencia en el núcleo de nuestros celos, podemos
descubrir cosas tan desagradables como expectativas infundadas,
proyecciones, temores e inseguridades. Tomar conciencia de que ellas
existen en nosotros es el primer paso que debemos dar para vencerlas.
En
una crisis de celos, lo primero que es preciso de- terminar es qué es lo
que se anida en el corazón de los celos que lo atormentan. ¿Miedo a la pérdida?
¿Sentimientos de humillación? ¿Sentimiento de exclusión? ¿Alguna otra
cosa? ¿Cuál es el pensamiento más doloroso asociado con los celos que
se le presenta? ¿Le duele enterarse de que su esposa ha tenido una
experiencia maravillosa con otra persona y usted ha quedado excluido? ¿Se
siente humillada porque su esposo ha flirteado toda la noche con una mujer
despampanante y todos los que estaban en la fiesta lo vieron? ¿O
experimenta una terrible y dolorosa sensación de pérdida porque sabe que
ha perdido a su compañero y, con él, la relación? Sin duda, el sentirse
excluido es doloroso, pero no tanto como la pérdida de una relación
amorosa. Las personas que no se toman el trabajo de aclarar qué es lo que
más las hiere pueden responder a un incidente trivial como si hubieran
perdido la relación.
Una
vez que ha identificado el núcleo de sus celos, es necesario que
discierna por qué está respondiendo del modo en que lo está haciendo.
¿Es a consecuencia de su sensibilidad o de una amenaza real a la relación?
Aunque usted tenga una cierta propensión a los celos, es importante que
evite juzgarse como una “persona celosa” en lugar de considerarse más
bien una persona con predisposición a los celos. La predisposición puede
ser producto de su historia familiar, de su entorno cultural, o de lo que
le haya ocurrido en sus relaciones íntimas anteriores.
Después
de que ha esclarecido para usted mismo qué es exactamente lo que está
experimentando y por qué, puede pasar a examinar las diferentes opciones
que se le presentan para hacer frente al problema.
¿Cómo
se hace frente a los celos?
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