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APRENDER A MANEJAR 
LOS CELOS
MANUAL PRÁCTICO

Basado en las Investigaciones de Ayala Malach Pines

c23d

Los hombres se enfadan, 
las mujeres se deprimen

 Los celos son la furia del hombre: por lo tanto no se privará de ellos el día de la venganza. PROVERBIOS

 Los celosos son los que más rápido perdonan, y todas las mujeres lo saben. DOSTOIEVSKI, LOS HERMANOS KARAMAZOV

 Ron y Carol

Cuando Carol conoció a Ron, éste estaba divorciado desde hacía varios años y se había dedicado a ser un swinger “para tratar de disfrutar” todo lo que se había perdido en los veintiséis años en que había estado casado. Poco tiempo después de que empezaran a salir, quedó claro para los dos que en la relación había algo especial. Carol le dijo a Ron que no estaba interesada en ser un miembro más de su harén. “Si quería tener una relación conmigo”, afirmaba, “tenía que ser sólo conmigo”. Ron aceptó, y le ha sido fiel. Esto, sin embargo, no le impidió mantenerse en contacto con sus novias anteriores. Carol describe así los crecientes problemas que esto provocó:

 

“Sus novias lo llaman día y noche, sin importarles que ahora Ron está viviendo conmigo. Cuando me atrevo a decir algo acerca de sus llamados telefónicos o acerca de las visitas que les hace, me ataca acusándome de ce losa, exigente e irrazonable. Ha prometido no tener relaciones sexuales con nadie más que conmigo y dice que ha cumplido su promesa. ¿Qué más quiero? La razón principal por la que decidimos venir a este taller fue que ambos sentíamos la necesidad de trabajar sobre este problema, al que Ron sigue refiriéndose como mi problema de celos. La otra razón fue pasar una semana juntos en Esalen. [En el Instituto Esalen, en Big Sur, California, se desarrollan una gran variedad de talleres.] Ron ha estado aquí antes y me ha contado que era uno de los lugares más hermosos que ha visto en su vida. Con eso, por lo menos, estoy de acuerdo.

“Cuando llegamos aquí ayer, lo primero que hicimos fue ir a la conserjería para registrar nos. De pronto, una mujer llamada Wendy a quien Ron conocía de una de sus visitas anteriores se abalanzó sobre él y le dio un abrazo de bienvenida realmente fuerte. Después empezó a masajearle el pecho con un movimiento circular. Yo veía cómo los círculos se ha cían cada vez más grandes, y cómo su mano se desplazaba cada vez más hacia abajo, y me quedé ahí, de pie, preguntándome hasta dónde se propondría llegar con esa mano.

“Mientras se producía todo este toqueteo yo seguía ahí de pie, como una estúpida. El ni si quiera se molestó en presentarme. No creo que tuviera que decir: ‘Wendy, te presento a Carol, la mujer que amo y con la que estoy viviendo en este momento’. Simplemente podría haberme tomado del hombro para dar a entender que somos una pareja, que ya no es el soltero picaflor que era cuando ellos dos se conocieron. Pero se limitó a quedarse donde estaba, disfrutando sin ningún disimulo del sensual masaje en el pecho que ella le estaba dando.

“Cuando estuvimos solos en la habitación le dije cómo me sentía, pero se lo dije sin alterarme. Ron dijo que ver a Wendy a quien no veía desde hacía mucho tiempo y que le gustaba mucho, lo excitó tanto que se comportó groseramente, y que lo sentía. Acepté su disculpa y pensé que ahí terminaría todo. Debí haberlo pensado mejor.

“Hoy, después del almuerzo, desapareció. Lo busqué por todas partes. Al final, después de unas dos horas, apareció en nuestra habitación y me dijo que había tenido ‘una entrevista’ con Wendy.

“Sentí que la sangre me subía a la cabeza. ¿Qué significa, exactamente, ‘una entrevista’? ¿Por qué no llamarla ‘una cita’, que es lo que fue? ¿Y por qué tiene una cita con Wendy en la semana en que decidimos estar juntos para trabajar sobre nuestra relación?”

Ron tenía una perspectiva diferente de estos acontecimientos:

“Yo había estado casado muchos años, y el mío no fue un matrimonio feliz. Mi esposa y yo nos pusimos de novios en la secundaria, así que ninguno de los dos tuvimos experiencia con otras personas antes de casarnos. Aunque en los últimos años de nuestro matrimonio prácticamente no tuvimos vida sexual, siempre le fui fiel a mi esposa. Supongo que no soy de los que engañan a sus esposas.

“Después del divorcio, que dicho sea de paso no fue iniciativa mía, descubrí a las mujeres. También descubrí que amo a las mujeres. Tuve varias novias. Todas ellas sabían que yo estaba viendo también a otras y lo aceptaban. Comprendían que no estaba preparado para una relación monógama. Además, cada una de ellas sabía que cuando estaba con ella, estaba plenamente con ella. Sé cómo darme a las mujeres, y me encanta hacerlo. De modo que ellas aceptaban lo que tenía para darles. Todos los pasábamos realmente bien.

“Después, llegó Carol a mi vida. Muy poco después de empezar a vernos regularmente comprendí que ésta habría de ser una historia muy diferente. Cuando Caro! me pidió que dejara de ver a otras mujeres acepté. Para mí fue un sacrificio tremendo. Si acepté hacerlo fue por Carol, porque realmente ella me importa mucho. Pero todas aquellas mujeres con las que durante mis años de soltero había entablado relaciones muy estrechas y que se habían convertido en amigas íntimas seguían estando ahí. ¿Se suponía que iba a botanas nada más que porque ahora estaba viviendo con alguien? Le he explicado esto a Carol cientos de veces, pero ella se niega a entenderlo. No le he dado motivos para ponerse celosa, pero eso no hizo que las cosas cambiaran. Es una persona celosa, eso es todo, y nada de lo que yo diga o haga la hará cambiar.

“Siento que el sacrificio que he hecho por la relación es mucho mayor que el que ha hecho Carol, y le he demostrado que ella me importa. Pienso que su pedido de que no vea a otras mujeres es injusto e irrazonable. Wendy es una amiga muy querida, a quien no veía desde hace mucho. No hubo nada de malo en que me encontrara con ella. Nos sentamos a charlar en su habitación y la puerta estuvo abierta todo el tiempo. Siento que no hice nada incorrecto. Es por eso que hablé de una ‘entrevista’: ¿eso justifica la escena que Carol está haciendo?”.

Era evidente que a Ron y Carol esta discusión les resultaba familiar: tan familiar, de hecho, que en realidad no se estaban oyendo el uno al otro. “Creo que entendemos la forma en que cada uno de ustedes está viendo la situación”, dije. “Pero no estoy segura de que ustedes estén viendo la perspectiva del otro con la misma claridad. Tal vez oírlo de boca de alguna otra persona podría ayudarlos.” Me dirigí entonces al grupo y pregunté si alguien se sentía suficientemente familiarizado con el conflicto que Ron y Carol estaban discutiendo como para poder plantearlo con sus propias palabras.

Se ofrecieron Jim y Susan, que no son una pareja. Les pedí que se sentaran frente a frente en el centro de la habitación y que plantearan las posiciones de Ron y Carol lo mejor que pudieran.

Sin vacilar un momento Jim y Susan continuaron la acalorada discusión. Para todos los demás fue como si la discusión de Ron y Carol nunca se hubiese interrumpido. “Si yo y la relación te importáramos de verdad, no andarías dedicándole tiempo a otra mujer. Y mucho menos aquí, y esta semana. El hecho de que esta vez no te hayas ido a la cama con ella no cambia para nada las cosas”, dijo Susan.

“Te he dado más que lo que le he dado a cualquier otra mujer en mi vida, pero no es suficiente. Nada es suficiente para ti. Eres celosa, exigente e irrazonable. Lo próximo que me pedirás es que me deshaga de mi bicicleta, porque me quita tiempo para estar contigo”, respondió Jim.

Ron y Carol estaban oyendo, atónitos. “¿Suena eso como algo que ustedes dos podrían haberse dicho?”, preguntó Carol. “Esto es increíble”, dijo Ron. “Es como si Jim estuviera dentro de mi cabeza.” “Susan lo está diciendo aún mejor que yo”, agregó Carol. “Es porque estoy hablando por experiencia propia”, dijo Jim. “No puedo decirte cuántas veces he tenido esta conversación yo misma”, declaró Susan.

“Veamos si alguien más ha tenido una experiencia similar. Si sienten que pueden hablar por Carol o por Ron, por favor únanse a Jim y Susan.”

En pocos minutos más los veintiún participantes del taller de celos estaban sentados en el centro de la habitación. Las mujeres, cerca de Susan. Los hombres (excepto uno que no cesaba de cambiar de lugar y de posición durante la discusión), cerca de Jim. La discusión continuó: las voces se alza ron y creció la emotividad. Las mujeres: “Si uno quiere tener una relación verdaderamente íntima resigna parte de su libertad. ¡Bien lo vale!”. Los hombres: “¿Quién eres tú para decir que lo vale? Si resignas tu libertad eres un prisionero. En una buena relación la confianza debe ser mutua. No hay por qué tener al otro prisionero. ¡Lo que pasa es que ustedes, las mujeres, son celosas! Las mujeres: “Ustedes piensan que nosotras somos celosas porque queremos proteger la relación. ¿Y qué pasa con ustedes cuando creen que la relación está amenazada? Son tan celosos como nosotras, si no más. Todo lo que nosotras pedimos son algunas garantías. Si dejamos que las cosas sean como ustedes quieren no habría relación, o peor, ¡habría una relación que no valdría la pena tener!”.

A Ron y Carol les quedó claro que no estaban solos en su “problema de celos”. Como tantos de nosotros, Carol y Ron suponían erróneamente que la causa de su problema era alguna deficiencia innata de la personalidad del otro. Ron le echaba la culpa a los celos de Carol. Carol le echaba la culpa a lo mujeriego que era Ron. Oír a los hombres y las mujeres del grupo ayudó a Ron y a Carol a desmontar la “falacia de la singularidad”, es decir la suposición errónea de que lo que nos está ocurriendo es algo que nos ocurre exclusivamente a nosotros y que nadie más lo experimenta de la misma manera. La cuestión ya no se planteaba como “Tú estás actuando desconsideradamente”, sino más bien como “Los hombres y las mujeres miran las relaciones desde puntos de vista diferentes y eso puede provocar problemas”.

Los enfoques diferentes que los hombres y las mujeres tienen en las relaciones

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