Los
enfoques diferentes que los hombres y las mujeres tienen en las relaciones
Lo
que al grupo le quedó claro fue que el problema tenía menos que ver con
los celos de Carol —o de cualquier otra mujer—, que con la diferencia
básica en la forma en que los hombres y las mujeres ven las relaciones íntimas.
El psicólogo Bernie Zilbergeld describe uno de los aspectos de esta
diferencia: “Con independencia de qué otra cosa esté haciendo ella,
con independencia de cuán exitosa sea en su carrera, lo habitual es que
sea la mujer quien toma más seriamente la relación y quien advierte cómo
está funcionando. Ella es la que quiere esclarecer en qué estado está y
hacia dónde se dirige. Ella es quien advierte los problemas y los
plantea”.’ Análogamente, la psiquiatra Jean Baker Miller apunta que
para las mujeres el sentido de sí mismas y de su propia dignidad está
fundado en su capacidad para crear y mantener relaciones.
No
todos los hombres responden como Ron, y no todas las mujeres responden
como Carol. A veces es el hombre el que quiere una relación comprometida
mientras la mujer quiere libertad para ver a otros hombres. En ese caso,
es el hombre el que es rotulado como “celoso”. Pero en general la
diferencia entre hombres y mujeres tiende a manifestarse de una forma
similar a la que adoptó en el grupo al que me referí aquí. Se relaciona
con una diferencia en la forma en que los hombres y las mujeres consideran
el sexo y la intimidad. Los análisis realizados en distintos estudios que
han investigado las diferencias entre los hombres y las mujeres indican
que la diferencia en el significado que se le asigna al sexo podría ser
la más marcada de todas las diferencias de género. A continuación
intentaré presentar un resumen de sus conclusiones. Por lo general, en la
relación de las mujeres con el sexo predominan el afecto, la cercanía,
lo íntimo. Los hombres, por su parte, relacionan el sexo con logros
personales, con la aventura, el control o la pura liberación física.
Ella
dice: “Después de todo un día en que casi no nos hemos dicho una
palabra, ¿cómo puedes esperar que tenga ganas de hacer el amor?”. Él
dice: “Hacer el amor es un modo de acercarnos. Después de que aflojemos
la tensión haciendo el amor y nos sintamos más cerca, podemos hablar”.
Para las mujeres, señala la socióloga Lillian Rubin, el sexo
satisfactorio casi siempre se da en el contexto de una relación carga da
de afectividad. A los hombres les resulta más fácil separar sexo de
afectividad. Para ella, el contacto afectivo por lo general debe preceder
al encuentro sexual. Para él, la cercanía afectiva puede nacer del
contacto sexual. Cuando ella habla de contacto suele referirse a la
intimidad que nace de la expresión verbal, de los sentimientos y
pensamientos compartidos. Para él, el contacto físico es la esencia de
la intimidad.
Es
importante conocer estas diferencias porque, como vimos en el caso de Ron
y Carol, afectan la forma en que nos manejamos con los celos.
En
mi trabajo clínico he descubierto una y otra vez el valor de decir a las
parejas que su problema de celos es compartido por la gran mayoría de los
hombres y las mujeres. Como sucedió con Ron y Carol, cuando las parejas
descubren que otros también experimentan ese problema, dejan de buscar
defectos a su compañero. Cuando se torna evidente que como la gran mayoría
de los hombres y las mujeres ellos tienen diferentes formas de disfrutar
la intimidad, gran parte de la energía que se empleaba en culpar al otro
y protegerse a uno mismo de los ataques queda liberada y puede usarse para
hacer frente al problema en mejores condiciones.
Otra
importante interacción que se dio entre Caro! y Ron durante e! taller
ilustró uno de los principales puntos que mencioné anteriormente: la
conexión entre lo que primero nos atrajo de nuestro compañero y la causa
primor dial de nuestra posterior tensión o la aparición de los celos en
el seno de la relación.
“¿Qué
fue lo que te atrajo de Carol cuando se conocieron?”, pregunté a Ron.
“Bueno,
obviamente es una mujer muy hermosa, muy sexy”, respondió Ron. “También
es cálida e inteligente. Pero lo más importante para mí fue que era una
mujer fuerte e independiente que pensaba por sí misma. No me gustan las
mujeres débiles y dependientes.”
“¿Y
qué fue lo que te atrajo a ti de Ron cuando lo conociste?”, pregunté a
Carol.
“Primero,
me atrajo su aspecto. Me encantan los hombres delgados, altos y de cabello
cano; Ron es flaco, muy alto y tiene un hermosísimo cabello cano. Pero me
sentí aún más atraída por su calidez y su ternura que por su aspecto.
El realmente sabe cómo hacer que una mujer se sienta especial, más que
ninguno de los otros hombres que he conocido en mi vida.”
“De
modo que te sentiste atraída por él porque es bien parecido y sabe cómo
relacionarse con una mujer, y ahora te sientes afligida porque resulta
atractivo a otras mujeres y sabe cómo relacionarse con ellas”, repliqué.
“Un poco injusto, ¿no? Y tú, Ron, te sentiste atraído por Carol
porque es fuerte e independiente y piensa por sí misma, pero ahora estás
disgustado porque quiere que la relación sea como ella cree que debería
ser una buena relación. Las mujeres fuertes y que piensan por sí mismas
tienden a tener ideas propias también acerca de las relaciones.”
La
primera vez que señalé que tendemos a sentirnos más afligidos por un
aspecto del carácter o la conducta de nuestro compañero que en un primer
momento nos resultó lo más atractivo, relacioné ese proceso con la noción
de nuestra imagen sentimental. La persona por la que nos sentimos atraídos
—la persona de la que nos enamoramos y con la que decidimos
comprometernos— se ajusta de una manera significativa a nuestra imagen
sentimental internalizada.
Esa
imagen sentimental está influida principalmente por nuestros padres, que
son nuestros primeros modelos de amor. En menor medida, la definición que
nuestra cultura nos pro porciona acerca de cómo son un hombre o una mujer
atractivos también influye en dicha imagen. Según el enfoque sociobiológico,
que en esta sección analizaré con cierto detalle, esta definición de la
atracción está relacionada con nuestra historia evolutiva, en la que los
hombres y mujeres que hemos considerado atractivos fueron aquellos que
tuvieron la mejor oportunidad de criar a su descendencia y ofrecerle lo
que necesitaba y, así, tuvieron la mejor posibilidad de transmitir sus
genes a las generaciones futuras. En otras palabras, los estereotipos
culturales en torno de la atracción que influyen sobre todos nosotros se
basan en las capacidades de reproducción. Ejemplos de ello serían un
busto gran de en las mujeres, y el cuerpo alto y musculoso en los hombres.
(Por cierto, Papel describió a Carol, que tiene busto grande, como “una
mujer muy sexy”; Carol, como muchas otras mujeres, dijo que le gustaban
los hombres altos.) ¿Por qué un busto grande es atractivo en una mujer?
Porque, dicen los sociobiólogos, sugiere que la mujer tiene los atributos
necesarios para alimentar a un bebé. ¿Por qué la altura y el cuerpo
musculoso son atractivos en un hombre? Porque, dicen los sociobiólogos,
sugieren que el hombre tiene los atributos necesarios para ser protector y
un buen sostén económico.
¿Cuál
es el sexo más celoso?
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