Los
celos son un instrumento
para inducir al compromiso
Cuando
Gary cumplió los cuarenta años, sintió que no estaba teniendo tantas
erecciones como solía. En vista de ello, se apoderó de él el deseo de
disfrutar cuantas le fuera posible. Aunque era feliz en su matrimonio, que
ya lleva quince años, quería disponer de la libertad de tener
experiencias sexuales con otras mujeres. Al mismo tiempo, como se
consideraba un hombre progresista y liberado, estaba dispuesto a
permitirle a su esposa que tuviera sexo con otros hombres. Su esposa,
Sara, no estaba para nada interesada en un matrimonio abierto y estaba
celosa de todas las mujeres que ella pensaba que podían interesar a Gary.
“Cuando voy por la calle y veo mujeres jóvenes y hermosas entro en pánico”,
explica ba. Pero desde que asumió que tenía que ser tan progresista y
liberada como Gary, aceptó las relaciones sexuales extramatrimoniales de
él. Meses más tarde, después de muchas vacilaciones de su parte y de
aliento de parte de Gary, aceptó pasar un fin de semana con un amigo varón.
Después de aquello, para su sorpresa, a Gary “le dio un ataque”. Sara
rememoró así la extraña experiencia: “Comenzó a seguirme por toda la
casa como una mascota, rogándome que le asegurara que lo amaba y que no
lo abandonaría por aquel otro hombre”. Para gran alivio suyo, Gary ya
no volvió a desear un matrimonio abierto.
Algunas
personas que tienen miedo a comprometerse, con la mayor frecuencia
hombres, suelen pasar por un proceso similar. Una crisis de celos, que le
permite a la persona tomar conciencia de los competidores que pueden
disputarle a su compañera y la posibilidad de perder la relación, se con
vierte en el disparador que induce al compromiso. Esto podría explicar
también por qué las mujeres tratan de despertar celos más a menudo que
los hombres.
Los
celos intensifican las emociones
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