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APRENDER A MANEJAR 
LOS CELOS
MANUAL PRÁCTICO

Basado en las Investigaciones de Ayala Malach Pines

xsr

Los celos sentimentales 
como la sombra del amor

Sea lo que fuere, lo que atrae a dos amantes es lo que constituirá el carácter de los celos que habrán de experimentar. Ilustraré esta afirmación con un ejercicio:

Evoque el momento en que conoció o vio por primera vez a su compañero, y trate de recordar lo mejor posible cómo se sintió. ¿Qué fue lo que más le atrajo? ¿Qué fue lo que hizo que usted pensara (en ese momento o un poco después) que ésta era la persona con la que usted quería compartir su vida? ¿Qué fue lo más importante que la relación le aportó? ¿Sensación de seguridad? ¿De respeto y atención? ¿De ser deseado o adorado?

Ahora vuelva al presente y considere el componente primario de sus celos, los pensamientos y sentimientos más dolorosos asociados con sus celos o los de su compañero. ¿Es el miedo a ser abandonado? ¿Es la humillación y el des prestigio? ¿Es la pérdida de la autoestima?

La tercera parte es la que plantea el mayor desafío, y la más significativa de este ejercicio. Piense: ¿podría haber alguna conexión entre las cosas que la relación le aportó en los primeros tiempos y los componentes primarios de sus celos? Por ejemplo, una mujer que se enamoró de su esposo porque él le hizo sentir que "finalmente había llegado a casa" y que se encontraba en un lugar seguro y a salvo describió el aspecto más doloroso de sus celos diciendo que "se sentía abandonada y completamente sola el mundo".

El ejemplo opuesto, mencionado más atrás, es el la mujer que se enamoró de su esposo porque la convirtió en el centro de su mundo. Después de veinte años de matrimonio pidió el divorcio porque los celos de él la asfixiaban. Su esposo se enamoró de ella porque era hermosa, tipo de mujer con la que sólo se atrevía a soñar cuando era un adolescente tímido. Los celos que este hombre experimentaba se centraban en sus sentimientos de inferioridad e inseguridad.

¿Por qué es tan importante distinguir la conexión entre lo que nos atrajo en nuestro compañero -lo más valioso que la relación nos aportó en un primer momento- y los componentes primarios de nuestros celos? Por que ello demuestra que los celos son, en efecto, la sombra del amor. Más aún, es un recordatorio de que no nos involucramos en esta relación porque sí. Elegimos estar en ella. Algo que está en nosotros nos hizo sentirnos atraídos por nuestro compañero. Algo que está en nosotros nos hace experimentar los celos en la forma en que lo sentimos. Ese algo es nuestra imagen sentimental.

 

Los psicólogos han dedicado grandes esfuerzos a estudiar quién se enamora de quién. Han descubierto semejanzas entre las parejas en un amplio abanico de variables, entre ellas las características personales, los antecedentes familiares, la educación, los ingresos y la condición social de los padres, la pertenencia religiosa, el sexo de los hermanos, la actitud hacia los padres, la felicidad del matrimonio de los padres, la tendencia a ser un "lobo solitario" o a ser sociables, la preferencia por "quedarse en casa" o por "salir por ahí", los hábitos de fumar y beber, la cantidad de amigos, la inteligencia, el atractivo personal, diversos atributos físicos, la salud mental y la madurez psíquica.

Aun cuando usted y su compañero sean semejantes en varios de los rasgos mencionados en la lista, es probable que de todos modos usted sienta que no fueron ésas las razones reales por las cuales se enamoró de su compañero.

Sin embargo, una vez que hizo su elección, éstas fueron las cosas que le indicaron que su elección era correcta. Su elección emocional -la chispa que sintió- estuvo basada en su imagen sentimental internalizada.

Desarrollamos nuestra imagen sentimental en la etapa más temprana de la vida sobre la base de intensas experiencias que tuvimos durante la infancia. Nuestros padres y otros adultos involucrados en nuestra crianza influyen en el desarrollo de nuestra imagen sentimental por dos vías primarias: (a) por la forma en que expresan, o no expresan, amor por nosotros, y (b) por la forma en que expresan, o no expresan, el amor que sienten los unos por los otros.

Evoque ahora el momento más antiguo de su vida que pueda recordar. (Puede ser útil pensar en una casa en la que vivió o en un acontecimiento determinado que haya quedado fijado en su memoria.) ¿Quién le cuidaba? ¿Quién le enseñó el significado del amor? ¿Fue su madre, su padre, un herma no mayor, un abuelo? ¿Quién más fue importante en su infancia? Trate de recordar lo más que pueda de estas personas, no en la forma en que son ahora sino como eran cuando usted tuvo contacto con ellas en su infancia. ¿Cuáles eran sus rasgos más importantes, buenos y malos? ¿Cuál era la característica más notable de la relación entre ellos? ¿Qué era lo más importante que le daban a usted? ¿Qué era lo que usted más quería y no obtuvo? ¿Se eran infieles unos a otros? ¿Eran celosos?

Los rasgos positivos y negativos de las personas que nos criaron son los ladrillos con los que se construye nuestra imagen sentimental. Pero si bien nuestra imagen sentimental está influida por nuestra madre, nuestro padre y las otras personas que nos educaron, hay una diferencia importante entre los rasgos positivos y negativos que ellos exhiben. Los rasgos negativos tienden a ejercer una influencia mayor sobre nuestra imagen sentimental. La razón que explica esto no es (como ha sugerido un psicólogo) que elegimos casarnos con nuestra peor pesadilla, sino que son rasgos con los cuales todavía tenemos "cuentas pendientes". Si el padre de una niña le fue infiel a la madre, su infidelidad se convertirá en un componente importante de la imagen sentimental de la niña. Si la madre de un niño solía tener ataques de celos, éstos se convertirán en un componente importante de la imagen sentimental de ese niño.

Cuando somos adultos buscamos una persona que se adecue significativamente a nuestra imagen sentimental. Cuando conocemos una persona así, proyectamos nuestra imagen internalizada sobre ella. Esta es la razón por la cual, cuando nos enamoramos, solemos decir: "Siento como si le conociera de toda la vida". Esta es también la razón por la que tan a menudo nos sentimos sorprendidos cuando el encanto se acaba. Es como si no viéramos a la persona sino solamente la proyección de nuestra propia imagen sentimental.

La persona que se adecua a nuestra imagen sentimental es también la persona que en mejores condiciones está de ayudarnos a resolver nuestros traumas infantiles. Por ejemplo, aunque la lógica parecería indicar que una mujer cuyo padre era infiel buscaría un hombre de cuya fidelidad no hubiera dudas, por lo general no es eso lo que ocurre. De hecho, lo más frecuente es que una mujer de esas características se enamore de playboys parecidos a su padre, no porque necesite repetir su trauma infantil, sino porque sólo un hombre que se parece a su padre puede darle lo que no obtuvo de él. La paradoja es que ella se casa con un hombre así porque se parece a su padre, y sin embargo lo que ella quiere con desesperación es que no se comporte como se comportaba su padre. Quiere que él -un hombre sexualmente atractivo, propenso a flirtear y en torno a quien las mujeres se arremolinan todo el tiempo- sea un marido fiel y le dé la seguridad que no tuvo cuando era niña. Aun cuando esto no ocurra, al repetir su trauma infantil en la edad adulta con una cierta medida de control sobre su propia vida, puede lograr -y a menudo ocurre así- un efecto curativo.

Los efectos de una imagen sentimental no siempre son tan directos y sencillos. Un niño que fue testigo de la infidelidad de su madre puede elegir para casarse a una mujer cuya cualidad más positiva sea su fidelidad. ¿Cómo podrá entonces "trabajar" sobre su trauma infantil? Una posibilidad se ría que sospeche que su fiel esposa le es infiel. La comprobación reiterada de su inocencia lo ayuda a curar su herida. Y le demuestra que a diferencia de su padre él es el número uno para su esposa.

Dado que la persona que elegimos para enamorar nos tiene una influencia tan importante en nuestra vida interior, el descubrimiento de esa persona es un acontecimiento crucial. Cuando nos enamoramos y nuestro amor es correspondido nos sentimos plenamente felices. Estamos seguros de que hemos encontrado nuestra "alma ge mela". La soledad desaparece. El amor le da un sentido a toda nuestra vida.

Cuando alguien le da un sentido a toda nuestra vida la amenaza de perder a esa persona puede ser devastadora. Justamente los resultados de una reciente investigación acerca del amor y los celos demuestran que las personas que cargan de un sentido existencial de esa magnitud a sus relaciones amorosas tienden a ser particularmente sensibles a la amenaza de perderlas)

Casi todos tenemos algún conflicto irresuelto que arras tramos desde la infancia. Algunos tenemos más, otros me nos. Para algunos estos conflictos son serios y problemáticos, para otros no tanto. Los experimentamos como vulnerabilidades, inseguridades o temores. Cuando nos enamoramos y nuestro amor nos es retribuido, estas vulnerabilidades, inseguridades y miedos parecen desvanecerse. Somos amados a pesar de nuestras imperfecciones. Nos sentimos completos, nos sentimos seguros. Pero cuando este amor resulta amenazado, los miedos y las inseguridades que creíamos que habían desaparecido para siempre retornan con toda su fuerza. Si esta persona a la que amamos -la persona que pensábamos que nos amaba a pesar de nuestros defectos- está a punto de dejarnos por otra, entonces ¡ya no hay la menor esperanza para nosotros! Ya no nos sentimos seguros ni si quiera de las cosas que antes amábamos en nosotros. La sombra que proyecta la posible pérdida de ese amor es tan intensa como lo era su resplandor.

Como veremos en una próxima sección, aun aquellos que crecieron rodeados de amor y relativamente sin problemas, y cuyos conflictos irresueltos son pocos, reaccionan a la amenaza o a la pérdida real del amor en una forma análoga. Lo más probable, sin embargo, es que esa reacción sea adecuada y proporcionada a la situación.

Puesto que estas personas tuvieron que enfrentarse con traumas infantiles menos abrumadores, su imagen sentimental se basa en los rasgos más positivos de quienes los criaron y en las experiencias de amor que ellos mismos vivieron que observaron entre sus padres. Cuando conocen a alguien que se adecua a esa imagen sentimental internalizada también ellos se enamoran y sienten que han conocido a esa persona de toda la vida. Pero en lugar de sentir que son amados a pesar de todos sus defectos se sienten amados por las cosas que aman en ellos mismos.

Estas personas no dependen con tanta desesperación de este amor como aquellos que tratan de superar un trauma infantil; es menos probable que perciban una amenaza si ésta no existe, y una amenaza real les resulta menos abrumadora. De todos modos, también reaccionan poniéndose celosas cuando un tercero amenaza una relación sentimental que les interesa profundamente.

Si hasta las personas maduras que tuvieron una infancia feliz experimentan celos, podemos suponer entonces que todo el mundo siente celos en algún momento de su vida. Habida cuenta de los orígenes de los celos que analizamos antes, ésta parece ser una conclusión lógica. Todos fuimos niños alguna vez, y como consecuencia de ello arrastramos determinadas vulnerabilidades y temores. Por muy amorosos que hayan sido nuestros padres, todos nos quedamos con hambre alguna vez y tuvimos ocasión de sentir miedo de ser abandonados. Del mismo modo, alguna que otra vez hemos tenido que competir por el amor exclusivo de un padre o de alguien que nos cuidaba y hemos perdido. Puesto que estas experiencias son universa les, los psicólogos afirman con Freud que los celos son universales.

No es necesario que los celos sean el monstruo de ojos verdes que destruye a las personas y sus relaciones. La posibilidad de reconocerlos como la sombra del amor les da a las parejas la oportunidad de examinar dos preguntas fundamentales:

. ¿Cuál es la esencia de su amor? ¿Qué es lo que los atrajo mutuamente en un primer momento, y qué es lo más importante que la relación les ha aportado a cada uno de ustedes?

. ¿Cuál es la sombra que se proyecta sobre su amor cuando está amenazado? ¿Cuál es la amenaza o la pérdida ante la que reacciona la persona celosa? Aun cuando los celos no estén fundados en la realidad, ¿en qué se centran? ¿En una pérdida del amor? ¿De prestigio? ¿De valoración de sí mismo?

Los celos han sido caracterizados como una erupción que puede ser superada sólo a través de una toma de conciencia. A medida que la conciencia nos permite desplazarnos hacia el núcleo de nuestros celos, descubrimos expectativas infundadas, proyecciones, envidia, pérdida de la autoestima, y temores e inseguridades infantiles.

No son cosas "agradables" de descubrir. De hecho, pueden ser tan desagradables que alguna gente se esfuerza por no verlas. Lamentablemente, ni eludir un problema ni desterrarlo de nuestra conciencia lo hace desaparecer. Una estrategia mucho más eficaz para resolver un problema de celos es el análisis franco y honesto de las cuestiones que de él surgen. Un análisis de esas características no sólo puede ayudar a la persona celosa a mitigar lo que percibe como una amenaza. También puede ser útil para mejorar la relación y profundizar el compromiso mutuo de los miembros de la pareja. La sección siguiente es una buena oportunidad para realizar un análisis de ese tipo.

¿Es usted una persona celosa?  

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