Los
celos sentimentales
como la sombra del amor
Sea
lo que fuere, lo que atrae a dos amantes es lo que constituirá el carácter
de los celos que habrán de experimentar. Ilustraré esta afirmación con
un ejercicio:
Evoque
el momento en que conoció o vio por primera vez a su compañero, y trate
de recordar lo mejor posible cómo se sintió. ¿Qué fue lo que más le
atrajo? ¿Qué fue lo que hizo que usted pensara (en ese momento o un poco
después) que ésta era la persona con la que usted quería compartir su
vida? ¿Qué fue lo más importante que la relación le aportó? ¿Sensación
de seguridad? ¿De respeto y atención? ¿De ser deseado o adorado?
Ahora
vuelva al presente y considere el componente primario de sus celos, los
pensamientos y sentimientos más dolorosos asociados con sus celos o los
de su compañero. ¿Es el miedo a ser abandonado? ¿Es la humillación y
el des prestigio? ¿Es la pérdida de la autoestima?
La
tercera parte es la que plantea el mayor desafío, y la más significativa
de este ejercicio. Piense: ¿podría haber alguna conexión entre las
cosas que la relación le aportó en los primeros tiempos y los
componentes primarios de sus celos? Por ejemplo, una mujer que se enamoró
de su esposo porque él le hizo sentir que "finalmente había llegado a
casa" y que se encontraba en un lugar seguro y a salvo describió el
aspecto más doloroso de sus celos diciendo que "se sentía abandonada y
completamente sola el mundo".
El
ejemplo opuesto, mencionado más atrás, es el la mujer que se enamoró de
su esposo porque la convirtió en el centro de su mundo. Después de
veinte años de matrimonio pidió el divorcio porque los celos de él la
asfixiaban. Su esposo se enamoró de ella porque era hermosa, tipo de
mujer con la que sólo se atrevía a soñar cuando era un adolescente tímido.
Los celos que este hombre experimentaba se centraban en sus sentimientos
de inferioridad e inseguridad.
¿Por
qué es tan importante distinguir la conexión entre lo que nos atrajo en
nuestro compañero -lo más valioso que la relación nos aportó en un
primer momento- y los componentes primarios de nuestros celos? Por que
ello demuestra que los celos son, en efecto, la sombra del amor. Más aún,
es un recordatorio de que no nos involucramos en esta relación porque sí.
Elegimos estar en ella. Algo que está en nosotros nos hizo sentirnos atraídos
por nuestro compañero. Algo que está en nosotros nos hace experimentar
los celos en la forma en que lo sentimos. Ese algo es nuestra imagen
sentimental.
Los
psicólogos han dedicado grandes esfuerzos a estudiar quién se enamora de
quién. Han descubierto semejanzas entre las parejas en un amplio abanico
de variables, entre ellas las características personales, los
antecedentes familiares, la educación, los ingresos y la condición
social de los padres, la pertenencia religiosa, el sexo de los hermanos,
la actitud hacia los padres, la felicidad del matrimonio de los padres, la
tendencia a ser un "lobo solitario" o a ser sociables, la preferencia
por "quedarse en casa" o por "salir por ahí", los hábitos de
fumar y beber, la cantidad de amigos, la inteligencia, el atractivo
personal, diversos atributos físicos, la salud mental y la madurez psíquica.
Aun
cuando usted y su compañero sean semejantes en varios de los rasgos
mencionados en la lista, es probable que de todos modos usted sienta que
no fueron ésas las razones reales por las cuales se enamoró de su compañero.
Sin
embargo, una vez que hizo su elección, éstas fueron las cosas que le
indicaron que su elección era correcta. Su elección emocional -la
chispa que sintió- estuvo basada en su imagen sentimental internalizada.
Desarrollamos
nuestra imagen sentimental en la etapa más temprana de la vida sobre la
base de intensas experiencias que tuvimos durante la infancia. Nuestros
padres y otros adultos involucrados en nuestra crianza influyen en el
desarrollo de nuestra imagen sentimental por dos vías primarias: (a) por
la forma en que expresan, o no expresan, amor por nosotros, y (b) por la
forma en que expresan, o no expresan, el amor que sienten los unos por los
otros.
Evoque
ahora el momento más antiguo de su vida que pueda recordar. (Puede ser útil
pensar en una casa en la que vivió o en un acontecimiento determinado que
haya quedado fijado en su memoria.) ¿Quién le cuidaba? ¿Quién le enseñó
el significado del amor? ¿Fue su madre, su padre, un herma no mayor, un
abuelo? ¿Quién más fue importante en su infancia? Trate de recordar lo
más que pueda de estas personas, no en la forma en que son ahora sino
como eran cuando usted tuvo contacto con ellas en su infancia. ¿Cuáles
eran sus rasgos más importantes, buenos y malos? ¿Cuál era la característica
más notable de la relación entre ellos? ¿Qué era lo más importante
que le daban a usted? ¿Qué era lo que usted más quería y no obtuvo? ¿Se
eran infieles unos a otros? ¿Eran celosos?
Los
rasgos positivos y negativos de las personas que nos criaron son los
ladrillos con los que se construye nuestra imagen sentimental. Pero si
bien nuestra imagen sentimental está influida por nuestra madre, nuestro
padre y las otras personas que nos educaron, hay una diferencia importante
entre los rasgos positivos y negativos que ellos exhiben. Los rasgos
negativos tienden a ejercer una influencia mayor sobre nuestra imagen
sentimental. La razón que explica esto no es (como ha sugerido un psicólogo)
que elegimos casarnos con nuestra peor pesadilla, sino que son rasgos con
los cuales todavía tenemos "cuentas pendientes". Si el padre de una
niña le fue infiel a la madre, su infidelidad se convertirá en un
componente importante de la imagen sentimental de la niña. Si la madre de
un niño solía tener ataques de celos, éstos se convertirán en un
componente importante de la imagen sentimental de ese niño.
Cuando
somos adultos buscamos una persona que se adecue significativamente a
nuestra imagen sentimental. Cuando conocemos una persona así, proyectamos
nuestra imagen internalizada sobre ella. Esta es la razón por la cual,
cuando nos enamoramos, solemos decir: "Siento como si le conociera de
toda la vida". Esta es también la razón por la que tan a menudo nos
sentimos sorprendidos cuando el encanto se acaba. Es como si no viéramos
a la persona sino solamente la proyección de nuestra propia imagen
sentimental.
La
persona que se adecua a nuestra imagen sentimental es también la persona
que en mejores condiciones está de ayudarnos a resolver nuestros traumas
infantiles. Por ejemplo, aunque la lógica parecería indicar que una
mujer cuyo padre era infiel buscaría un hombre de cuya fidelidad no
hubiera dudas, por lo general no es eso lo que ocurre. De hecho, lo más
frecuente es que una mujer de esas características se enamore de playboys
parecidos a su padre, no porque necesite repetir su trauma infantil, sino
porque sólo un hombre que se parece a su padre puede darle lo que no
obtuvo de él. La paradoja es que ella se casa con un hombre así porque
se parece a su padre, y sin embargo lo que ella quiere con desesperación
es que no se comporte como se comportaba su padre. Quiere que él -un
hombre sexualmente atractivo, propenso a flirtear y en torno a quien las
mujeres se arremolinan todo el tiempo- sea un marido fiel y le dé la
seguridad que no tuvo cuando era niña. Aun cuando esto no ocurra, al
repetir su trauma infantil en la edad adulta con una cierta medida de
control sobre su propia vida, puede lograr -y a menudo ocurre así- un
efecto curativo.
Los
efectos de una imagen sentimental no siempre son tan directos y sencillos.
Un niño que fue testigo de la infidelidad de su madre puede elegir para
casarse a una mujer cuya cualidad más positiva sea su fidelidad. ¿Cómo
podrá entonces "trabajar" sobre su trauma infantil? Una posibilidad
se ría que sospeche que su fiel esposa le es infiel. La comprobación
reiterada de su inocencia lo ayuda a curar su herida. Y le demuestra que a
diferencia de su padre él es el número uno para su esposa.
Dado
que la persona que elegimos para enamorar nos tiene una influencia tan
importante en nuestra vida interior, el descubrimiento de esa persona es
un acontecimiento crucial. Cuando nos enamoramos y nuestro amor es
correspondido nos sentimos plenamente felices. Estamos seguros de que
hemos encontrado nuestra "alma ge mela". La soledad desaparece. El
amor le da un sentido a toda nuestra vida.
Cuando
alguien le da un sentido a toda nuestra vida la amenaza de perder a esa
persona puede ser devastadora. Justamente los resultados de una reciente
investigación acerca del amor y los celos demuestran que las personas que
cargan de un sentido existencial de esa magnitud a sus relaciones amorosas
tienden a ser particularmente sensibles a la amenaza de perderlas)
Casi
todos tenemos algún conflicto irresuelto que arras tramos desde la
infancia. Algunos tenemos más, otros me nos. Para algunos estos
conflictos son serios y problemáticos, para otros no tanto. Los
experimentamos como vulnerabilidades, inseguridades o temores. Cuando nos
enamoramos y nuestro amor nos es retribuido, estas vulnerabilidades,
inseguridades y miedos parecen desvanecerse. Somos amados a pesar de
nuestras imperfecciones. Nos sentimos completos, nos sentimos seguros.
Pero cuando este amor resulta amenazado, los miedos y las inseguridades
que creíamos que habían desaparecido para siempre retornan con toda su
fuerza. Si esta persona a la que amamos -la persona que pensábamos que
nos amaba a pesar de nuestros defectos- está a punto de dejarnos por
otra, entonces ¡ya no hay la menor esperanza para nosotros! Ya no nos
sentimos seguros ni si quiera de las cosas que antes amábamos en
nosotros. La sombra que proyecta la posible pérdida de ese amor es tan
intensa como lo era su resplandor.
Como
veremos en una próxima sección, aun aquellos que crecieron rodeados de
amor y relativamente sin problemas, y cuyos conflictos irresueltos son
pocos, reaccionan a la amenaza o a la pérdida real del amor en una forma
análoga. Lo más probable, sin embargo, es que esa reacción sea adecuada
y proporcionada a la situación.
Puesto
que estas personas tuvieron que enfrentarse con traumas infantiles menos
abrumadores, su imagen sentimental se basa en los rasgos más positivos de
quienes los criaron y en las experiencias de amor que ellos mismos
vivieron que observaron entre sus padres. Cuando conocen a alguien que se
adecua a esa imagen sentimental internalizada también ellos se enamoran y
sienten que han conocido a esa persona de toda la vida. Pero en lugar de
sentir que son amados a pesar de todos sus defectos se sienten amados por
las cosas que aman en ellos mismos.
Estas
personas no dependen con tanta desesperación de este amor como aquellos
que tratan de superar un trauma infantil; es menos probable que perciban
una amenaza si ésta no existe, y una amenaza real les resulta menos
abrumadora. De todos modos, también reaccionan poniéndose celosas cuando
un tercero amenaza una relación sentimental que les interesa
profundamente.
Si
hasta las personas maduras que tuvieron una infancia feliz experimentan
celos, podemos suponer entonces que todo el mundo siente celos en algún
momento de su vida. Habida cuenta de los orígenes de los celos que
analizamos antes, ésta parece ser una conclusión lógica. Todos fuimos
niños alguna vez, y como consecuencia de ello arrastramos determinadas
vulnerabilidades y temores. Por muy amorosos que hayan sido nuestros
padres, todos nos quedamos con hambre alguna vez y tuvimos ocasión de
sentir miedo de ser abandonados. Del mismo modo, alguna que otra vez hemos
tenido que competir por el amor exclusivo de un padre o de alguien que nos
cuidaba y hemos perdido. Puesto que estas experiencias son universa les,
los psicólogos afirman con Freud que los celos son
universales.
No
es necesario que los celos sean el monstruo de ojos verdes que destruye a
las personas y sus relaciones. La posibilidad de reconocerlos como la
sombra del amor les da a las parejas la oportunidad de examinar dos
preguntas fundamentales:
.
¿Cuál es la esencia de su amor? ¿Qué es lo que los atrajo mutuamente
en un primer momento, y qué es lo más importante que la relación les
ha aportado a cada uno de ustedes?
.
¿Cuál es la sombra que se proyecta sobre su amor cuando está amenazado?
¿Cuál es la amenaza o la pérdida ante la que reacciona la persona
celosa? Aun cuando los celos no estén fundados en la realidad, ¿en qué
se centran? ¿En una pérdida del amor? ¿De prestigio? ¿De valoración
de sí mismo?
Los
celos han sido caracterizados como una erupción que puede ser superada sólo
a través de una toma de conciencia. A medida que la conciencia nos
permite desplazarnos hacia el núcleo de nuestros celos, descubrimos
expectativas infundadas, proyecciones, envidia, pérdida de la autoestima,
y temores e inseguridades infantiles.
No
son cosas "agradables" de descubrir. De hecho, pueden ser tan
desagradables que alguna gente se esfuerza por no verlas. Lamentablemente,
ni eludir un problema ni desterrarlo de nuestra conciencia lo hace
desaparecer. Una estrategia mucho más eficaz para resolver un problema de
celos es el análisis franco y honesto de las cuestiones que de él
surgen. Un análisis de esas características no sólo puede ayudar a la
persona celosa a mitigar lo que percibe como una amenaza. También puede
ser útil para mejorar la relación y profundizar el compromiso mutuo de
los miembros de la pareja. La sección siguiente es una buena oportunidad
para realizar un análisis de ese tipo.
¿Es
usted una persona celosa?
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