Los
celos les enseñan a las personas a no dar por descontado el amor del otro
El
amor romántico no es una llama eterna. Si no se le aporta combustible,
tarde o temprano la llama se extingue. En el primer momento, cuando nos
enamoramos y nuestro amor es correspondido nos sentimos afortuna dos por
el hecho de que una persona tan maravillosa nos retribuya nuestro amor.
Cuando no sabemos con certeza si nuestro amor es correspondido o no, la
inseguridad y la duda intensifican nuestras emociones. Estamos dispuestos
a hacer cualquier cosa para que esa persona maravillosa nos ame.
Sin
embargo, ocurre demasiado a menudo que cuan do nos sentimos seguros del
amor y el compromiso de nuestro compañero empezamos a dar por descontado
este amor. Pedimos cosas que no habíamos pedido durante las primeras
etapas de la relación, y que nunca les pediríamos a otras personas.
Nuestro compañero se convierte en la única persona en nuestra vida que
“se supone” que comprende las presiones que sufrimos en el trabajo, o
nuestra dedicación absorbente a los hijos, o a los amigos, o a las tareas
comunitarias. “¿A quién puedo pedirle que sea comprensivo y me apoye
si no es a mi esposo?”, preguntamos con todo derecho. Tener que soportar
una tensión permanente en el trabajo, con los hijos, con un padre, en las
actividades voluntarias, les da por cierto a todas es tas preocupaciones
una prioridad respecto del matrimonio. Ninguna relación sentimental puede
resistir este tipo de asedio por mucho tiempo. Darlo por descontado
erosiona al amor.
Paradójicamente,
la amenaza de un compromiso con un tercero interrumpe este compromiso
prioritario con la gente ajena a la relación y vuelve a poner en foco a
la pareja. De pronto la seguridad de que contamos con el amor y el
compromiso de nuestro compañero tambalea y volvemos a preguntarnos: “¿Me
ama? ¿No me ama?”
Los
celos son una señal de amor
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