Los
celos en el comienzo de una relación
Ann
y Leonard se conocieron cuando ella tenía diecisiete años. Leonard, que
en ese momento tenía veinticuatro años, le parecía a Ann no sólo mayor
sino también más maduro y digno de admiración que los jóvenes de la
edad de ella. Le encantaba que la hubiera convertido en el centro de su
mundo y que se ocupara de todas sus necesidades. Pero ahora, después de
veintidós años de matrimonio, Ann quiere divorciarse. La razón: “los
celos patológicos de Leonard”. “Me asfixia”, dice Ann. “Leonard
es tan celoso que no me deja respirar. Me siento prisionera. No puede
soportar que yo tenga mis propios intereses. No me deja salir sola. Me
sigue a todas partes. Me tiene harta.” Leonard, por su parte, dice que
sigue amando a Ann como cuando se casaron. “Me preocupa que salga sola
de noche”, dice. “Esa es la única razón por la que la sigo y por la
que quiero saber adónde va y con quién. Creo que mi preocupación es
normal y está perfectamente justificada. Pregúnteselo a cualquier hombre
y verá que está de acuerdo conmigo.”
Desde
el momento en que se conocieron y durante los primeros años del
matrimonio a Ann le encantaba ser el centro del mundo para Leonard. Su
preocupación y su actitud protectora eran para ella una señal de amor.
La hacían sentirse segura. Leonard era el padre amoroso que ella nunca
tuvo. Ahora, siente que su actitud protectora no es otra cosa que
posesividad, y que su preocupación revela celos patológicos. Ser el
centro de su mundo ya no la hace sentir segura, porque ese mundo se ha
transformado en una jaula. Ann y Leonard crearon un círculo vicioso en el
que Ann respondía a los ce los de Leonard retrayéndose y él respondía
a su creciente retraimiento con más celos.
Dean
y Melanie: del compañero celoso a la pareja
Dean
y Melanie acudieron a terapia por lo que Dean llamaba los “celos patológicos”
de Melanie. Decía que yo tenía que “arreglarla” porque él “ya no
aguantaba más”. Melanie estaba de acuerdo con el rótulo y apreciaba la
solidaridad de Dean al venir a la terapia con ella.
Durante
nuestra exploración del problema se puso en evidencia que Melanie tenía
una razón para estar celosa. Cuando se conocieron, Dave estaba
comprometido para casarse con otra mujer y al mismo tiempo estaba teniendo
un amorío con la hermana de aquella mujer. Le contó a Melanie todas sus
idas y venidas para tratar de manejar estas dos relaciones mientras
comenzaba una tercera con ella. Uno puede preguntarse, por supuesto, por
qué Melanie se involucró con un hombre que ella sabía que estaba
comprometido y además engañaba a su novia. Pero como señalé más atrás,
las preguntas de ese tipo son irrelevantes para un terapeuta sistémico.
Varios
años después de casarse Dean y Melanie tuvieron una pelea y se separaron
por un corto tiempo. Después, Melanie se enteró de que durante la
separación Dean había tenido un amorío con su secretaria. Dean usó
todos sus “viejos artilugios” para evitar que Melanie se enterara del
amorío. Este amorío, el punto más alto de la “historia de engaños”
de Dean, llevó a Melanie a sospechar de cualquier cosa que pudiera ser
una pista para descubrir un nuevo amorío. Sus sospechas pusieron furioso
a Dean, quien según su pro pio testimonio ahora era “inocente como un
cordero”. No entendía por qué Melanie tenía que sacar a relucir cosas
que eran “historia antigua”. Su conclusión fue que estaba “patológicamente
celosa”.
Si
bien Melanie estaba de acuerdo con Dean en que tenía un problema con los
celos, argumentó en su defensa que antes nunca había sido celosa, ni con
sus novios ni con su ex esposo.
Como
suele ocurrir, el problema de celos de Dean y Melanie estaba relacionado
con lo que cada uno de ellos consideraba más atractivo del otro cuando se
conocieron. Melanie se sintió atraída por el encanto y el carisma de
Dean: “Era, y todavía sigue siéndolo, un hombre muy atractivo”. Dean
se sintió atraído por la sensibilidad y la atención que le prestaba
Melanie: “Desde el primer momento sentí que era alguien que podía
construir un hogar para mí”. Ahora, el atractivo que Dan tiene para las
otras mujeres se ha convertido en una fuente inagotable de tensión para
Melanie, en tanto que la excesiva sensibilidad de Melanie somete a Dean a
una tensión análoga.
A
Dean le parecía que cada contacto que tenía con otra mujer era para
Melanie un factor desencadenante de celos. Argumentaba con fervor que
todas las cosas que había hecho en el pasado eran “insignificantes y
triviales” comparadas con su “honestidad y lealtad actuales”. A
Melanie, en cambio, le parecía que sus sospechas estaban perfectamente
justifica das por la conducta de Dean en el pasado. Lo que desencadenaba
sus celos era algo bien definido: todas las situaciones en las que estaban
involucradas mujeres y en las que se presentaba la más mínima
posibilidad de que Dean la engañara. El solo hecho de ver a Dean en
contacto con una mujer atractiva y pensar que podía sentirse atraído por
esa mujer o incluso tener un amorío con ella y ocultarlo era suficiente
para que Melanie enfureciera de celos.
Cuando
caminaban juntos por la calle, a veces ocurría que Dean se encontraba con
una mujer que conocía y cruzaba con ella unas pocas palabras. Sabía que
esto era suficiente para despertar las sospechas de Melanie, que comenzaba
a acribillarlo a preguntas acerca de la mujer y de su relación con ella.
Estos interrogatorios llegaron a enfadar a Dean hasta el punto de que
finalmente se negó a contestar. “Sé cómo funciona su mente”, decía,
“y me vuelve loco.”
El
“incidente de los arañazos” fue la gota que rebalsó la copa. Melanie
advirtió que Dean tenía arañazos en la espalda, y él no recordaba cómo
se los había hecho. Melanie pensaba que no había forma de que fuese él
mismo el que se los hubiese hecho. Cuando empezó a preguntarle por los
arañazos Dean sintió que “algo explotaba” en su cabeza. Dice que no
sabía lo que hacía. Comenzó a golpear a Melanie. Semejante violencia
los conmovió y atemorizó a ambos, y ésa fue la verdadera razón por la
que solicitaron la terapia.
Al
tratar de discernir cómo cada uno de ellos había contribuido a la dinámica
de su problema de celos, Melanie afirmó que su principal problema era su
falta de confianza en Dean. Si Dean juraba decirle la verdad —aun en el
caso de que se sintiera atraído por otra mujer, incluso si tenía una
aventura— estaba segura de que podría manejar la situación. Pero Dean
se negaba a prometerlo. Consideraba que las sospechas de Melanie eran
infundadas y sus interrogatorios le resultaban intolerables. “Basta de
esta locura”, dijo. “Melanie tiene un problema y es ella la que tiene
que resolverlo.” Como ambos se mantenían firmes en sus posiciones, les
pedí que invirtieran los roles y que me explicaran cada uno la posición
del otro.
La
tarea les resultó difícil a los dos. Melanie tuvo gran des dificultades
para expresar en todo su alcance el resentimiento y la furia de Dean ante
sus sospechas. Dean tuvo problemas para expresar en toda su magnitud lo
herida que estaba Melanie y cuánto desconfiaba de él. Era como si Dean y
Melanie tuvieran antenas hipersensibles, él para captar los celos de ella
y ella para captar su posible infidelidad. Una vez que ambos comprendieron
en toda su magnitud lo que sentía el otro pudieron centrar sus esfuerzos
en “bajar el volumen” de sus respectivas respuestas.
Dean
aceptó decirle a Melanie la verdad acerca de sus aventuras amorosas,
reales o posibles, con otras mujeres. A cambio de ello, Melanie prometió
fiarse de él, dejar de sospechar de cada mujer con la que él tenía algún
contacto y poner fin a sus interrogatorios. Aunque esta solución puede
parecer demasiado simple para que funcione, en este caso funcionó.
Melanie dejó de ser una “persona celosa”. La última vez que hablé
con Dean y Melanie, dos años después de que sellaran su pacto, no habían
vuelto a tener problemas con los celos. Una razón por la que el pacto
funcionó fue que intentaron resolver el problema juntos. Otra razón fue
la buena voluntad de Melanie, que aceptó fiarse ciegamente de la palabra
de Dean. Una vez que lo prometió, ella quedó convencida de que él nunca
más volvería a mentirle.
Esto
no significa que todas las “personas celosas” dejarán de serlo en el
momento preciso en que su compañero o compañera prometen ser veraces en
cuanto a sus relaciones amorosas con otras personas. Otras parejas pueden
necesitar soluciones diferentes. El desafío es, en cada caso, descubrir
la solución que funciona.
Los
teóricos sistémicos Paul Watzlawick, John Weakland y Richard Fisch dan
un ejemplo de la forma en que se activa un sistema de celos, y de cómo se
mantiene y se perpetúa. Una esposa se siente excluida de la vida de su
esposo y comienza a hacerle preguntas. El esposo siente que los
interrogatorios de su esposa son una intrusión, y entonces se retrae. Ese
retraimiento hace aumentar la angustia y las sospechas de ella, de manera
que sus esfuerzos por “averiguar” se tornan más persistentes y
desesperados. Los celos y las sospechas de ella hacen crecer el
resentimiento de él y lo llevan a distanciarse y retraerse aún más.
Esposo y esposa se encuentran atrapados en una situación sin salida. La
esposa (en este caso el compañero celoso) se da cuenta de que si sigue
interrogando a su marido probablemente lo empuje a retraerse enfadado o a
dar una respuesta forzada tratando de tranquilizarla que, en última
instancia, no la tranquilizará en absoluto. El esposo (en este caso el
compañero no celoso) se da cuenta de que su retraimiento aumenta la
desconfianza y los celos de la esposa pero al mismo tiempo tiene miedo de
que la revelación de cualquier información pueda exacerbar el problema.
En otros casos, el esposo puede ser el compañero celoso y la esposa el no
celoso. Sea como fuere, el sistema celoso se activa, se mantiene y se
perpetúa conforme a un esquema similar.
Los
terapeutas sistémicos Won-Gi Mi, Stefanie Wilner y Miranda Breit proponen
una técnica que puede ayudar a una pareja cuando se presenta este
problema de “doble vínculo”. Han llamado a esta técnica
“Honestidad escrupulosa”.’ Se le sugiere al compañero no celoso que
sea inquebrantablemente honesto en cada detalle de la vida cotidiana y que
le proporcione al compañero celoso la mayor cantidad posible de información.
Este flujo incesante de información ayuda a que se disipe la angustia del
compañero celoso, que se había sentido excluido y sospechaba que estaban
ocurriendo acontecimientos supuestamente clandestinos.
En
otra técnica, llamada “Dar vuelta la tortilla”, se le pide al compañero
no celoso que represente el papel del ce loso. La atención y el renovado
interés que esto conlleva le facilitan al compañero celoso recobrar la
perdida confianza en sí mismo, y le permiten al no celoso volver a
apreciar las cualidades más positivas de su compañero.
Técnicas
del enfoque sistémico que usted puede emplear para hacer frente a los
celos
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