Los
celos agregan pasión al sexo
A
pesar de que la mayoría de las personas los asocian con un gran
padecimiento, a veces los celos tienen un efecto positivo sobre la calidad
de la vida sexual.
En
uno de mis talleres intensivos de cinco días dedica dos a los celos conocí
a Ben y Stacy. Ben era quince años mayor que Stacy. Se habían conocido
como jefe y empleada, y Stacy seguía adorando a Ben y tratándolo como a
un mentor. Ben estaba divorciado desde hacía cinco años cuando comenzó
su relación con Stacy. Antes de eso, había estado casado muchos años y
en todo ese período había sido monógamo. Cuando volvió a la soltería
quiso resarcirse de cuanto se había perdido en su juventud (se había
casado joven), así que tuvo muchos amoríos.
Stacy
había tenido varios novios antes de involucrarse con Ben pero cuando lo
conoció todavía era virgen. La diferencia de edad y experiencia sexual
entre ellos creó problemas en la relación. Desde el punto de vista de
Ben, el principal problema era que el sexo entre ellos se había vuelto
aburrido. Si bien amaba a Stacy, se sentía halagado por el hecho de que
una mujer tan joven y hermosa estuviese enamorada de él y estaba
comprometido con la relación, la “falta de experiencia” de ella hacía
que su vida sexual fuera “poco emocionante”. Ben deseaba poder ver a
algunas de sus novias anteriores y tener sexo con ellas. Y a Stacy a
involucrarse sexualmente con otros hombres, lo que según él les haría
bien a ella y a la relación. “Le ayudaría a tener más experiencia y a
ser sexualmente sofisticada”, sostenía.
Stacy,
por su parte, estaba celosa de las anteriores novias de Ben y se sentía
inferior a ellas. Aunque era en extremo atractiva y tenía sobradas
oportunidades de salir con otros hombres, se sentía más a gusto en una
relación monógama con Ben. Le resultaba doloroso saber que para él el
sexo con ella no era suficiente.
Durante
los primeros días del taller, Ben mencionó en varias ocasiones ante el
grupo los celos y la inseguridad de Stacy. En esas circunstancias se
presentaba a sí mismo como alguien que comprendía “el problema de
Stacy” mientras flirteaba abiertamente con otras mujeres del grupo.
Un
día ocurrió algo que hizo cambiar las cosas dramáticamente. Tras una
sesión particularmente intensa don de uno de los hombres del grupo acusó
a Stacy de ser fría y afectivamente indiferente, Stacy rompió a llorar y
recibió un caluroso apoyo del grupo. El hombre que al principio la había
agredido —uno de los más atractivos del grupo— comenzó a abrazarla y
a acariciarle la espalda.
El
hombre había expresado varias veces que se sentía atraído por Stacy,
sin que ella se diera por aludida. Esta fue la verdadera razón por la que
la agredió y la acusó de “frialdad”. Ahora lamentaba en grado sumo
el dolor que le había causado y hacía todo lo posible por consolarla.
Cuando la sesión llegó a su fin y el resto de los miembros del grupo,
entre ellos Ben, salió de la habitación, él todavía seguía abrazándola
y acariciándole la espalda.
El
consuelo que este hombre le brindaba fue adquiriendo un cariz cada vez más
sexual. Ambos estaban afectivamente excitados por los acontecimientos que
habían ocurrido en la sesión, y físicamente excitados por el estrecho
contacto en que habían entrado. Las caricias y besos fueron volviéndose
cada vez más apasionados. Finalmente, hicieron el amor allí mismo, sobre
la alfombra. Como no lo habían planeado, ninguno de los dos usó
anticonceptivos.
Ben
estaba furioso. Había visto el acercamiento físico entre Stacy y el
hombre, y se puso sumamente celoso. “ pudiste hacerme esto a mí?”, le
reprochó. El núcleo de su ira no era que Stacy hubiera tenido sexo con
otro hombre, que era lo que él le había estado diciendo que quería que
hiciera. Lo que objetaba era su descuido en punto a la anticoncepción.
“Me lastimaste más que cualquier otra mujer en toda mi vida”, dijo
con tono acusador, “a mí, que confié en que protegerías mis
sentimientos.”
Stacy,
con las lágrimas rodándole por las mejillas, replicó que ella no había
tenido la menor intención de lastimar los sentimientos de Ben. Sin
embargo, se mantuvo con tozudez en su postura: no lamentaba lo que había
hecho, y aquella había sido una experiencia maravillosa.
Mientras
procesábamos la experiencia con Ben y Stacy y analizábamos los celos de
él y los sentimientos conflictivos de ella, les pregunté si el incidente
había aportado algo positivo. No me sorprendió escuchar a Ben declarar,
con enorme perplejidad: “Después, cuando hicimos el amor, fue la relación
más apasionada de cuantas tuvimos. Fue increíblemente intensa y
excitante. No entiendo por qué”. Entretanto Stacy, todavía llorando,
asentía con la cabeza.
La
razón de que su relación sexual fuera tan excitante fue que se dio en el
contexto intensamente afectivo de una crisis de celos. Tanto para Ben como
para Stacy la seguridad en una relación en la que ambos estaban
comprometidos había sufrido un fuerte golpe. La percepción que tenían
de sí mismos y del otro cambió repentinamente. Ben, que hasta ese
momento se percibía a sí mismo como una persona “no celosa”,
experimentó muchas de las emociones asociadas con los celos: ira,
envidia, rivalidad, traición, miedo a la pérdida y a resultar excluido.
Stacy, que hasta ese momento se percibía a sí misma como la que tenía
el “problema de celos”, no sólo se sintió identificada con el
sufrimiento de Ben sino que además vivió la experiencia para ella nueva,
intensa y excitantes de ser deseada por dos hombres atractivos.
La
historia de Ben y Stacy no es poco común. He visto muchos casos similares
en los cuales uno de los miembros de la pareja insistía en abrir la
relación porque el sexo se había vuelto aburrido, pero que se
escandalizaba y se ponía celoso cuando el se involucraba realmente con
otra persona. Para sorpresa de ambos, la dolorosa conmoción contribuía a
revivir la pasión sexual en la relación de la pareja. El sexo apasionado
depende de la excitación afectiva, y los celos, como bien sabemos, pueden
ser sumamente excitantes en el plano afectivo.
Sin
embargo, los celos no siempre desembocan en sexo apasionado. La persona
celosa puede sentir terror ante la perspectiva de perder la relación, y
la angustia es la antítesis de la pasión. Esto es lo que tiende a
ocurrir cuando los celos son un problema crónico en la relación.
Cuando
una relación está fuertemente arraigada en sentimientos de confianza y
seguridad, una crisis de celos temporaria puede recordarles a ambos
miembros de la pareja cuán importantes son el uno para el otro. Para
aquellos que dan por descontado el amor del otro, o cuya relación se ha
tornado aburrida y anodina, los celos pueden restituir a la relación el
lugar de prioridad número uno para la pareja. Aun cuando estos cambios
estén asociados con el lado negativo de los celos pueden intensificar los
sentimientos entre los miembros de la pareja y mejorar así la experiencia
sexual.
Por
otra parte, cuando los celos son un problema que se prolonga en el tiempo
amenazan la urdimbre de seguridad y confianza sobre la que se funda una
relación. Un ejemplo es un matrimonio en el que el esposo dice que ama a
su esposa pero tiene permanentemente amoríos extramatrimoniales. La
esposa reacciona a los amoríos con berrinches de celos pero sigue en el
matrimonio. Lo mejor que puede pasar con este tipo de problema de celos es
que se convierta en una ocasión para analizar la relación y el papel que
cada miembro juega en ella: ¿Por qué eligió casarse con alguien que está
interesado en otras personas? ¿Por qué se queda en una relación que no
satisface sus necesidades? ¿Acaso satisface otras necesidades, por
ejemplo la de vivir en una situación continuamente dramática? Este tipo
de autoanálisis, como vimos en la sección anterior, es más beneficioso
si conduce a una acción constructiva. La pregunta que importa plantearse
es: ¿Qué puede hacer uno para cambiar las cosas?
Los
celos protegen el amor
Volver al
Index de este curso