Las
raíces de los celos según Freud
Freud
creía que es "fácil ver" que los celos están compuestos por:
.
Tristeza, el dolor causado por el pensamiento de que se está perdiendo a
alguien a quien uno ama.
.
La comprensión dolorosa de que no podemos tener todo lo que queremos, aun
cuando lo queramos con la mayor intensidad y merezcamos tenerlo.
.
Sentimientos de enemistad contra el rival exitoso.
.
Una mayor o menor dosis de autocrítica que nos hace sentir responsables
de nuestra pérdida.
"Aunque
los calificamos de normales", agregaba, "estos celos no son
completamente racionales, esto es, nacidos de circunstancias actuales,
proporcionados a la situación real y dominados sin residuo alguno por el
yo consciente." En otras palabras, aun en los celos normales -los que
experimentamos todos- siempre hay algunos componentes irracionales. La
razón es que los celos "demuestran poseer profundas raíces en lo
inconsciente, y continúan impulsos muy tempranos de la vida afectiva
infantil".
Como
usted recordará del análisis de los celos y la envidia hecho al
principio, Freud creía que los celos arraigan primordialmente en
acontecimientos infantiles asociados con el conflicto edípico.
Esto ocurre durante la etapa fálica, cuando el niño tiene alrededor de
tres años. En esta etapa, el órgano sexual se convierte en el centro de
interés y placer para el niño. Como los órganos sexuales de niños y niñas
son diferentes, los conflictos por los que tienen que pasar son
diferentes. Según la famosa fórmula de Freud, "La anatomía es el
destino".
Los
niños pasan la mayor parte del tiempo con miembros de su familia. En
consecuencia, los miembros de su familia son los objetos de amor e
identificación más accesibles. Es natural que sus primeros impulsos
sexuales se dirijan hacia alguien de la familia. Los impulsos sexuales
vienen acompañados de animadversión contra la persona que el niño
percibe como un rival. La rivalidad es la raíz del complejo de Edipo en
los niños y del complejo de Electra en las niñas.
Edipo
y Electra son héroes trágicos de la mitología griega. Edipo, sin
saberlo, mata a su padre y se casa con su madre. Electra amaba a su padre
y odiaba a su madre, que lo traicionó y provocó su muerte. Para vengar
la muerte de su padre, Electra convenció a su hermano de que matara a la
madre de ambos. Según Freud, todos los niños experimentan de alguna
manera el dolor de Edipo y de Electra. El niño se "enamora" de su
madre, la niña se "enamora" de su padre. Pero ambos se enfrentan a un
rival formidable: el niño a su padre, la niña a su madre. El niño teme
la ira de su padre si descubre que su hijo desea a su esposa. El modo de
superar esta angustia es identificarse con el padre y convertirse en un
hombre como él. La niña envidia la ventaja de que goza
la madre y se sobrepone identificándose con ella. La tristeza, el dolor
de la pérdida, la impotencia, la toma de conciencia de que no pueden
obtener todo lo que quieren, la animadversión contra el rival exitoso que
los niños experimentan cuando "pierden" en este original triángulo,
quedan grabados en sus psiquis y reaparecen en la edad adulta cuando se
encuentran inmersos en un triángulo semejante.
Celos
proyectados y celos delirantes