La
dinámica de la tolerancia patológica
Como
los celos patológicos, la tolerancia patológica (aquellos casos poco
comunes que describo al principio como "anormalmente no celosos")
tienen su origen en el conflicto edípico. En
ambos casos el individuo recrea una situación familiar de la primera
infancia y deseos edípicos inconscientes. En
el triángulo que forman John, Sharon y Michael, John es un hombre que
sintió, al nacer su hermano, que había sido reemplazado en el amor de su
madre. En su matrimonio aquella relación se ha reproducido en forma casi
idéntica, y en ella Sharon representa a su madre y Michael a su herma no.
En el triángulo formado por Lana, Jack y Marilyn,
las semejanzas con la historia familiar de Lana son aún más
sorprendentes. Jack y Marilyn desempeñan el
rol de padres sustitutos en tanto que Lana juega el rol de "hermana
mayor" con los hijos de Marilyn. En la
terapia Lana aseguró que se sentía exactamente como solía sentirse con
sus hermanos. Además, Jack le era abiertamente infiel a Lana del mismo
modo que el padre de Lana le había sido abierta mente infiel a su madre.
Otro
mecanismo que se ve en la tolerancia patológica y que Freud observó en
los celos delirantes es la proyección de los impulsos homosexuales
inconscientes. En el primer triángulo, la atracción física que John
sentía por Michael era más que evidente. Establecieron una intimidad
considerable que algunas veces llegó a provocar la exclusión de Sharon.
En el segundo triángulo, Lana tenía una historia de homosexualidad y su
atracción por Marilyn era evidente. La gran
proximidad en que se daban las relaciones sexuales en la tríada implica
una fuerte gratificación de los impulsos homosexuales inconscientes.
Cómo
se diagnostican los celos delirantes
En
el manual oficial de diagnóstico de la American Psychiatric Association (Asociación Norteamericana de
Psiquiatría) -el DSM-III- se describe a los celos delirantes como
una perturbación paranoica. El individuo que la sufre puede llegar a
convencerse, sin la debida causa, de que su compañero (o compañera) le
es infiel. La persona celosa reúne ligeros
indicios de "pruebas" tales como tener la ropa en desorden, o
encontrar manchas en las sábanas, y los usa para justificar su delirio. También ocurre que la persona se torna
desconfiada, resentida, colérica e incluso violenta.
El
manual presenta los criterios de diagnóstico que se estima que los psicólogos
deben emplear para definir un caso particular de celos como delirante.
Estos criterios pueden ser útiles para aquellos que están procurando
determinar si sus celos, o los de su compañero, son delirantes. Los
siguientes son algunos de ellos:
.
Celos persistentes a pesar de que es evidente que no hay nada que los
justifique en la realidad.
.
Sentimientos y conducta adecuada al delirio.
.
Duración del delirio de al menos una semana.
.
Incoherencia, alucinaciones o delirios bizarros (por ejemplo, delirios de
control, transmisión de pensamiento).
.
Inexistencia de perturbación orgánica que pueda explicar el delirio.
En
palabras más simples, los celos no se basan en la realidad pero no
obstante persisten. Cuando esto le ocurre a alguien a quien usted ama o a
quien está muy ligado, nada de lo que diga o haga convencerá a esa
persona de que usted es inocente. Lo mejor que se puede hacer en un caso
así es pedir ayuda profesional.
Un
ejemplo registrado en el libro de casos que acompaña al manual DSM-III nos ayudará a aclarar estos criterios. Una exitosa, y hermosa, diseñadora
de interiores de treinta y cuatro años es llevada a la clínica por su
esposo de treinta y siete años, un destacado abogado. El esposo se queja
de que en los últimos tres años su esposa le ha estado haciendo
acusaciones cada vez más estridentes de infidelidad. Ha hecho todo lo que
estaba a su alcance para convencerla de su inocencia pero nada de lo que
dice o hace logra conmover su convicción. Un análisis cuidadoso de los
hechos revela que efectivamente no hay pruebas que permitan suponer que el
esposo ha sido infiel. Cuando se le pregunta a la esposa cuáles son las
pruebas que tiene, contesta con vaguedades y expresión misteriosa, pero
de todos modos sigue absoluta mente segura de que está en lo cierto. Dice
que puede adivinarlo en la mirada distante de su esposo, y se siente
terrible mente insultada por la sugerencia de que la deslealtad es
producto de su imaginación. La mujer no tiene alucinaciones, hace bien su
trabajo y no tiene dificultades para pensar, aparte de su convicción
acerca de la deslealtad en cuestión.
Como
las pruebas parecen indicar que las quejas de infidelidad de la esposa son
infundadas, la conclusión es que sus celos deben de ser delirantes. El
hecho de que no tenga alucinaciones y su discurso esté bien organizado
permite pensar que su delirio no es un síntoma de esquizofrenia sino de
paranoia. Como suele ocurrir en la paranoia, el daño que esta mujer sufre
debido a su delirio no afecta su funciona miento cotidiano fuera de la
relación con su esposo. Veamos los criterios para el diagnóstico de los
celos en un caso me nos extremo.
Sam y Amalia
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