Jane
y Dane: un amorío como forma de huir
El
factor desencadenante más común en los casos más extremos de celos es
un amorío ilícito. Recordará usted que al tratar el tema comentamos que
virtualmente todas las personas a las que se les preguntó acerca de ello
dijeron que se sentirían "muy celosas" si descubrieran que su compañero
estaba viviendo un amorío ilícito. ¿Cómo debería tratarse para este
tipo de celos para que resultara constructivo y favoreciera el
crecimiento? Si bien en estos casos los celos parecen ser una respuesta
justificada, no sólo provocan un dolor insoportable al individuo sino que
además también pueden ser destructivos para la relación, y en algunos
casos pueden llevar incluso a la violencia.
Los
terapeutas sistémicos consideran el amorío en el contexto de la relación
como un todo. El amorío no es "algo que simplemente ocurrió" al
compañero infiel, sino la afirmación de que ocurrió algo importante que
involucra a ambos miembros de la pareja.
En
un libro dedicado al tratamiento del conflicto en el matrimonio, Philip
Guerin, Leo Fay, Susan Burden y Judith Gilbert Kautto señalan que los
amoríos "casi siempre representan la externalización de un proceso
disfuncional que se está desarrollando dentro de la familia". El
enfoque que ellos proponen para el tratamiento de los amoríos, y que
muchos terapeutas sistémicos comparten, se centra en el logro de tres
objetivos:
1.
Discernir el papel desempeñado en el proceso por cada esposo.
2.
Cambiar el comportamiento de ambos esposos.
3.
Restablecer la confianza en la relación marital.
El
caso que sigue ilustra este enfoque sistémico. Se trata de una mujer
llamada Jane, que descubrió que su esposo de treinta y cinco años, Dan,
había tenido un amorío.
El
descubrimiento de un amorío es doloroso para los dos miembros de la
pareja. Hace estallar una crisis en la que el funcionamiento cotidiano se
altera gravemente. La primera necesidad que se le presentó a Jane fue
aprender a organizar sus tareas, y fijar prioridades en sus
responsabilidades cotidianas para poder resolver las cosas más
esenciales. Luego, para minimizar el impacto afectivo del amorío, tanto
Jane como Dan se vieron ante la necesidad de comprender el papel que cada
uno había desempeñado, la función que éste cumplía en el matrimonio y
el proceso que había conducido a él. Comprender estas cosas no significa
que las personas no han de hacerse responsables de su conducta. Dan tuvo
un amorío, Jane no. De todos modos, los dos eran responsables del estado
de su matrimonio. Puesto que con frecuencia un amorío se considera un
pecado imperdonable es importante que los dos miembros de la pareja sitúen
el amorío en el con texto más abarcador de su matrimonio.
Muchas
veces un amorío es un refugio para huir de un problema de la relación o
de un padecimiento que afecta la vida personal. Para discernir la función
que cumplía el amo río de Dan era necesario comprender el estado de
cosas anterior. Dos problemas parecen particularmente significativos: una
operación de cáncer de próstata a la que Dan tuvo que someterse antes
del amorío, y la dedicación excesiva de Jane a la hija de ambos.
La
operación de cáncer de próstata fue traumática para Dan. No sólo lo
obligó a enfrentarse a su propia mortalidad, sino que lo llevó a
cuestionarse su aptitud sexual, algo que nunca antes se había
cuestionado. Necesitaba con desesperación el apoyo de Jane, pero Jane
estaba demasiado preocupa da por el reciente divorcio de su hija como para
darse cuenta. Se quedaba con su hija durante semanas enteras y cuando
estaba en su casa se lo pasaba hablando por teléfono. De hecho, la
primera vez que Jane acudió a la terapia fue para hablar de los problemas
maritales de su hija y averiguar cuál sería la mejor forma de ayudarla a
resolverlos.
Durante
los meses que siguieron a la operación se abrió una brecha afectiva
entre Jane y Dan. Los dos se sentían abatidos pero eran incapaces de
compartir sus sentimientos. El amorío, con una mujer muy atractiva diez años
menor que él, ayudó a Dan a obtener la tranquilidad afectiva y sexual
que necesitaba. Todo comenzó en una ocasión en que Jane estaba fuera de
la ciudad. Dan tenía que asistir a una cena de negocios y no le gustaba
la idea de ir solo. Le pareció natural invitar a una mujer que trabajaba
en un despacho cercano al suyo a que lo acompañara.
Después
de la cena ella lo invitó a una copa en su apartamento y Dan redescubrió
lo maravilloso que era hablar con alguien que le prestaba toda la atención
del mundo y que se comportaba como Jane lo había hecho durante la mayor
parte de su vida de casados. El hecho de que una mujer joven y sexy lo
encontrara todavía atractivo y deseable le resultaba estimulante. Con
ella se sintió más vivo sexualmente que en mucho tiempo, más viril, más
interesante.
Mientras
el amorío se mantuvo en secreto, Dan vio satisfechas sus necesidades
afectivas y sexuales, y Jane se sintió libre para seguir dedicándose
intensamente a la hija de ambos. Cuando un llamado telefónico anónimo de
una vigilante secretaria del despacho de Dan informó a Jane del amorío,
Dan le puso fin de inmediato. Le dijo a Jane que lamentaba lo que había
hecho y el dolor que le había causado. Lo que más quería en el mundo
era olvidar todo el asunto. Pero Jane estaba inconsolablemente celosa y no
le daba tregua. Bombardeaba a Dan con preguntas acerca del amorío, revolvía
sus cajones y los archivos de su des pacho, no podía dejar de pensar en
el asunto y oscilaba entre la furia, la humillación y la desesperación.
Sus celos hicieron que volviera a la terapia.
Al
principio de mi trabajo con Dan y Jane alenté a Jane a hablar acerca de
los sentimientos que había experimentado desde el descubrimiento del amorío.
Era importante legitimar la confusión afectiva en la que ella se
encontraba inmersa sin convertir por ello a Dan en el villano. Acosar a
Dan pidiéndole detalles no hacía más que agravar la confusión afectiva
de Jane y era importante que ella pusiera fin a los interrogatorios. Logró
hacerlo centrándose en su propio rol en el matrimonio y el amorío.
Una
vez que tanto Jane como Dan comprendieron la función que el amorío
cumplió en su matrimonio y el papel que cada uno desempeñó para que
sucediera, y una vez que pudieron hablar abiertamente acerca de él,
comenzó la ardua tarea de restablecer la confianza en el matrimonio.
Muchas parejas, aliviadas porque la crisis ha pasado, abrigan la esperanza
de que el tiempo se encargará de curar las viejas heridas y abandonan la
terapia antes de alcanzar este difícil e importante objetivo.
Los celos
cumplen una función