¿Existe
la «personalidad celosa"?
Las
personas que han tenido varias relaciones íntimas que han terminado a
causa de sus celos suelen comentar que han sido celosas desde pequeñas.
Esto ha hecho que algunos psicólogos de la personalidad sostengan que
existe algo así como una "personalidad celosa". Las diferencias
observables entre las personas en cuanto a su propensión a reaccionar con
celos, aseguran, no sólo son válidas y confiables desde el punto de
vista de su prolongación en el tiempo: se verifican también en las
familias.
Mi
experiencia personal me lleva a creer que poner a ciertos individuos el
marbete de "personalidades celosas" no les hace ningún bien, e
incluso puede ser perjudicial. Más útil resulta considerar que las
personas tienen diferentes predisposiciones a los celos. Como vimos al
principio, los celos se originan en los primeros años de vida. Y vuelven
a desencadenarse cada vez que se percibe la amenaza de la pérdida de una
relación amorosa valorada. Es común que las personas a quienes los psicólogos
de la personalidad rotulan como "personalidades celosas" hayan pasado
por una experiencia más traumática asociada con la infidelidad, los
celos o la pérdida de amor en su infancia, y, en consecuencia, están más
predispuestas a reaccionar poniéndose celosas en etapas posteriores de
sus vidas.
¿Cuán
celoso era usted en sus primeros años de vida?
.
¿Durante la infancia?
.
¿Durante la adolescencia?
.
¿Durante la juventud?
.
¿Durante la edad adulta?
De
las personas que yo investigué, la mayoría afirma ron haber sido más
celosas en la adolescencia. Es posible que durante este período
tormentoso, todas las experiencias, en tre
ellas los celos, sean más intensas. También es posible que los
adolescentes sean más propensos a sentir el temor de perder a su amado
porque en esa etapa de la vida las relaciones se caracterizan por una
falta de compromiso mutuo.
Los
interrogados acusaron niveles decrecientes de ce los después de la
adolescencia (menos durante la juventud que durante la adolescencia, y
menos durante la edad adulta que durante la juventud). Hay varias formas
de interpretar estos datos. Es posible que a lo largo del tiempo las
personas desarrollen mejores estrategias para hacer frente a los celos. Es
posible que, con la experiencia, eviten relaciones en las que resulta
probable que los celos se desencadenen a menudo. Es posible que con la
edad la mayoría de las personas adquieran más seguridad en ellas mismas
y estén así menos propensas a sentirse amenazadas por ciertos
desencadenantes de los celos. Es posible que con el paso del tiempo la
mayoría de las parejas desarrollen un cierto grado de seguridad en su
relación y estén entonces menos propensas a ver los incidentes
desencadenantes de celos como amenazas importantes. Y es posible que
la creciente apertura que se observa en la sociedad en general y en la
institución del matrimonio en particular haya causado una decadencia
generalizada de los celos.
El
hecho de que las personas que eran más celosas que otras en la infancia
también tiendan a ser más celosas que otras en etapas posteriores de la
vida sustenta la noción de que las personas tienen predisposiciones
estables a los celos. Ese género de predisposición es influida por la
constelación familiar. Los psicólogos del desarrollo sitúan las raíces
de los celos de los adultos en la rivalidad entre hermanos. El patrón
psicológico de reacción a los factores desencadenantes de los celos en
épocas posteriores de la vida, sostienen, está determinado por las
primeras experiencias de celos del niño cuando su deseo de disponer con
exclusividad de la madre es amenazado por un hermano.
De
acuerdo a mis investigaciones, cuanto más herma nos varones mayores tenía
una persona, mayor era su pro pensión a ser celosa. Cuantos más hermanos
menores tenía, menor era su propensión a ser celosa. El número de
hermanas no estaba relacionado con los celos. Esto sugiere que la
presencia de un hermano no es en y por sí misma un factor desencadenante
de los celos. El factor desencadenante tiene que ser un hermano que esté
en una posición ventajosa (un hermano varón mayor tiene ventajas tanto
desde el punto de vista de la edad como del sexo en nuestra sociedad
patriarcal). Los celos en la edad adulta están influidos por la envidia
que uno siente en la infancia por las ventajas de que goza el hermano y
por el triángulo de celos que se establece en ese período con ese
hermano y la madre.
Si
realmente tenemos una predisposición a los celos, podemos esperar que en
algún momento la gente que nos rodea lo advierta. Y así ocurre. ¿La
mayoría de los que le conocen bien le consideran una persona celosa?
Cuanto más celoso sea (o considere que es), más alta será la
probabilidad de que la gente que le conoce bien le considere una persona
celosa. El tormento de los celos es difícil de ocultar.
Si
es difícil ocultarles nuestros celos a aquellos que nos conocen, mucho más
difícil es ocultárselos a nuestros compañeros íntimos. Ellos no sólo
son los que probablemente más provocarán nuestros celos sino también
sus testigos privilegiados. La gente tiene menos propensión a mostrar una
conducta celosa en público o en relaciones ocasionales que a hacerlo en
las relaciones íntimas. Una razón obvia es que es más probable que los
celos aparezcan en una relación íntima que en una relación ocasional
menos valorada. Otra razón es que por lo general la conducta celosa suele
ser considerada socialmente inaceptable en nuestra cultura.
¿Las
personas con quienes usted ha tenido una relación de intimidad le
consideran celoso? Cuanto más celo so se sienta usted mayor será la
probabilidad de que su compañero lo considere celoso (mucho más aún que
las otras personas que le conocen bien). La razón parece bastante simple:
usted es celoso, y su compañero, no puede evitar advertirlo y "decirlo
tal cual es". ¿Correcto? No necesariamente. También es posible que
cuanto más lo considere celoso su compañero más propenso esté usted a
considerarse celoso. Su compañero puede decirle que usted es celoso por
muchas razones, de las cuales sólo una es que usted es verdaderamente
celoso. Otra razón, como vimos, es que él, o ella, tenga fantasías en
las que se ve involucra do sexualmente con otras personas, o tenga amoríos
rea les, y le haga pensar a usted que es excesivamente celoso para
disculpar su propia conducta.
Cuando
pregunté a mis entrevistados qué era, según pensaban ellos, lo que
provocaba los celos, una de las respuestas más comunes fue "la
inseguridad personal". Algunas personas, y también algunos
investigadores, creen que los celos son una parte de la personalidad de
una persona, y que aquellos que son inseguros en general también son
inseguros en sus relaciones íntimas, y que esa inseguridad se manifiesta
como celos)
Suena
bastante sencillo, ¿no es así? Sin embargo, la explicación que ocupó
el segundo lugar fue: "Los celos son el resultado del temor a resultar
desprestigiado". Tercera en la escala fue: "Los celos son el resultado
de la debilidad de la relación". La cuarta fue: "Los celos son el
resultado de sentirse excluido y dejado de lado".
El
temor a resultar desprestigiado, el sentimiento de exclusión y los
problemas de la relación no son partes estables de la personalidad de una
persona. Se relacionan más bien con la dinámica de una situación o
relación específicas.
Esto
nos retrotrae a la noción (presentada anteriormente) según la cual los
celos siempre son resultado de una interacción entre una cierta
predisposición y un cierto acontecimiento desencadenante. La predisposición
a los celos está relacionada con otras características de la
personalidad tales como, por caso, la inseguridad. Si la predisposición
habrá de manifestarse o no, depende de la relación misma: de los
problemas que se presenten en las relaciones que se entablan con otras
personas así como de la confianza y el nivel de seguridad que los compañeros
tengan en cada relación.
En
definitiva, que la predisposición a los celos se manifieste o no depende
también en parte del estado mental en que usted se encuentre en ese
momento y que puede no tener nada que ver con los celos. ¿Cómo describiría
usted su estado mental? Cuanto mejor sea su estado mental menores serán
las probabilidades de que sufra los tormentos de los celos. Pero, por
supuesto, si usted está inmerso en una crisis de celos, eso no tendrá el
mejor de los efectos sobre su estado mental.
¿Cómo
describiría usted su estado físico? Un pobre estado físico, en menor
medida que el estado mental, también se asocia con una tendencia más
pronunciada a experimentar celos. Cuanto mejor sea su estado físico en
general, menores serán las probabilidades de que los celos lo dominen.
A
diferencia de los datos que se refieren a los primeros antecedentes de los
celos en nuestra infancia, con respecto a los cuales poco es lo que
podemos hacer, sí es posible en cambio traducir los datos acerca de la
correlación entre nuestros estados mental y físico y los celos a
recomendaciones específicas.
En
razón de que más adelante hay una sección dedicada a diversas técnicas
para hacer frente a los celos, en este momento recuerde simplemente que si
usted se siente atormentado con frecuencia por los celos, una forma de
prepararse para enfrentar el problema es mejorar su salud mental y física
en general. Puede mejorar su salud mental acudiendo a una terapia,
aprendiendo técnicas de relajación, o haciendo cosas que lo hagan sentir
bien. Cuando usted se siente mejor psicológicamente, la probabilidad de
que sus celos lo dominen es mucho menor, aun cuando otros de los factores
que influyen en la situación no hayan cambiado. Análogamente, si usted
mejora su estado físico, su capacidad para hacer frente a todas las
tensiones de su vida, entre ellas los celos, mejorará. Si a usted le
gusta bailar, por ejemplo, ponga música con mucho ritmo y baile quince
minutos todos los días, especialmente cuando esté deprimido. Eso tendrá
un efecto positivo tanto en su estado de ánimo como en su estado físico,
lo que probablemente le ayude a manejar más eficazmente sus celos.
Una
palabra acerca de los celos moderados