Dave
y Lillian:
un amorío como forma de comunicación
Cuando
Dave y Lillian se conocieron, Lillian se sen tía insegura y estaba en una
situación económica calamitosa. La estabilidad y la confianza en sí
mismo de Dave la atrajeron. Dave, por su parte, se sintió atraído por la
gran energía y la intensa afectividad de Lillian. Durante los primeros años
del matrimonio Dave tuvo un trabajo estable, lo que le permitió a Lillian
retomar los estudios y obtener un título. Ambos sentían que eran felices
en su matrimonio.
Sin
embargo, después de alrededor de seis años Dave decidió que necesitaba
un cambio y se puso a trabajar en bienes raíces, un campo que Lillian veía
como una forma de “jugar por dinero” más que como un “trabajo de
verdad”. Los ingresos de Dave en esta nueva ocupación eran inestables;
además, el mercado de bienes raíces sufrió un depresión poco después
de que él se incorporó, haciendo que por añadidura sus inestables
ingresos se tornaran más exiguos. Durante ese período tuvieron que
arreglárselas con el salario de Lillian, que ella decía que estaba
“muy bien”, pero que en realidad para ella no estaba tan bien. Lillian
explica:
“La
carrera de Dave no estaba resultando exitosa. Durante los últimos cuatro
años he sido yo la que ha ganado el pan con regularidad mientras Dave ha
tratado de ganarse un lugar en el negocio inmobiliario. Aunque tuvo un año
bastante bueno, en este período de cuatro años aportó a nuestra economía
un total de 40.000 dólares. Aún en los momentos en que ganaba bien,
ninguno de los dos sentíamos que podíamos gastar el dinero con libertad
porque no había manera de saber cuándo se concretaría la siguiente
venta, si es que se concretaba, y en consecuencia, cuándo cobraría una
nueva comisión. La venta, especialmente en épocas como ésta, tan difíciles
para las operaciones inmobiliarias, puede ser un trabajo que provoca mucha
tensión. Dave ha dedicado a esto un esfuerzo enorme, ha sufrido una
enorme tensión, y ha logrado muy poco.”
Lillian
comprendía que lo que ella veía como el “fracaso” de Dave era
producto de la mala suerte más que un síntoma de tendencias innatas al
fracaso o a ineptitud de Dave. De todos modos, se sentía “afectivamente
afectada por la sensación de que él estaba ‘fracasando’.” La
situación desencadenaba en ella temores e inseguridades que había
experimentado en su infancia y que estaban relacionados en parte con el
hecho de que veía a su padre como “un fracaso total y absoluto en el
mundo de los negocios”. La falta de éxito de Dave amenazaba sus
sentimientos de seguridad respecto de él y del matrimonio, y la situación
afectó sus sentimientos en el plano sexual:
“La
mujer sexista que hay en mí espera que un hombre sea más fuerte y firme,
y más exitoso económicamente que yo. Alguien dentro de mí quiere que yo
sea una pequeña niña en cantadora y delicada.., protegida por un hombre
grande, poderoso, exitoso que la arrolla con su poderío, su seguridad, su
éxito sin fisuras. Debo admitir que mi expectativa es que un esposo sea
exitoso y que Dave no lo es. Aun que no pongo conscientemente como condición
para mi amor que él tenga éxito en su carrera, estoy segura de que en un
nivel afectivo me siento profundamente decepcionada. Me he preguntado si
esta decepción está detrás de mi falta de interés sexual por él... La
dependencia económica de Dave es el quid de mi enfado y mi decepción...
Todo el tema del fracaso —los hombres deberían tener éxito; mi padre
fue un fracasado— suscita en mí una enorme energía afectiva y genera
su propia dinámica.”
El
efecto de lo que Lillian percibía como el fracaso de Dave en su carrera
tuvo una manifestación sexual concreta:
“Dave
es relativamente bajo. También es muy delgado. Yo soy bastante delgada
pero más maciza que él. Nunca pensé para nada en ello, pero últimamente
he estado deseando un hombre corpulento. Dave está maravillosamente
dotado en lo sexual y nunca nadie me ha hecho gozar como él. Pero últimamente
he sentido que su cuerpo no era suficientemente grande y pesado. Siento
que necesito alguien grande y fuerte encima de mí cuando estoy haciendo
el amor. Me siento decepcionada cuando me doy cuenta de que puedo abarcar
fácilmente su delgado cuerpo con mis brazos. Me siento como una
madre/compañera que da consuelo… cuando lo que quiero es sentirme como
una ninfa aplastada por un hombre enorme, vigoroso y apasionado, sumido en
el frenesí que le despierta mi belleza.”
Lillian
no siempre se ha sentido decepcionada por el tamaño de Dave. En realidad,
ha sido a la inversa.
“Me
pregunto por qué, después de más de diez años de casados, de pronto me
siento decepcionada y fría ante la delgadez y la baja estatura de Dave.
Solía encantarme la forma en que armonizaba conmigo, con mi tamaño. Me
gustaba el hecho de que no fuese arrollador. Yo estaba in tentando
expresarme a mí misma y alcanzar confianza y poder en el mundo por mí
misma. Estaba cansada de ser arrollada por hombres egocéntricos. Dave
era, y es, el hombre más maravilloso, amoroso, protector y generoso que
he conocido en mi vida. Yo amaba su cuerpo, que no ha cambiado ni un gramo
ni un centímetro. ¿En qué he cambiado, y por qué?
“¿Esta
decepción corporal está basada en la que su fracaso me provoca en el
plano afectivo? ¿He mezclado la pequeñez de su cuerpo con lo escaso de
sus ingresos? ¿Desaparecerá esta decepción corporal cuando Dave encare
una nueva carrera y tenga éxito en ella? ¿La excitación sexual entre
nosotros se encenderá en ese momento?”
A
pesar de la intensidad de su decepción y su furia, Lillian no podía
discutir abiertamente sus sentimientos con Dave. Valoraba la seguridad que
le procuraba su matrimonio y tenía miedo de que si expresaba abiertamente
sus verdaderos sentimientos Dave pudiera contrariarse y enfadarse tanto
que decidiera abandonarla. De modo que bloqueó sus sentimientos
negativos. Sin embargo, es imposible bloquear los afectos selectivamente:
una vez que uno se ciñe un escudo afectivo, inhibe con él todos los
afectos. En consecuencia, cuando Lillian reprimió su enfado también
reprimió sus sentimientos de amor y su pasión.
Aunque
no reconocía su fracaso en el negocio inmobiliario, Dave estaba
preocupado por su futuro financiero. Que ría proteger a Lillian de los
temores que él mismo sentía, y de sus sentimientos de inseguridad e
ineptitud, sentimientos provocados por su dependencia “no masculina”
de los ingresos de Lillian. Dave no podía admitir esos sentimientos ni
ante sí mismo. De modo que los bloqueó, bloqueando con ellos su pasión.
Lillian
describe los resultados:
“Debe
ser típico, los síntomas del problema saltan a la vista en el
dormitorio. Ya no me sien to sexualmente atraída ni excitada por Dave. Él
dice que todavía se siente atraído por mí —y que la falta de
entusiasmo viene de mí, más que de él— pero su forma de hacer el amor
es tan previsible y tan medida que tal vez la falta de entusiasmo sea
compartida. No tengo quejas acerca de sus ganas de hacerlo, de la
frecuencia, de su dulzura o su consideración y su entrega en el momento
de hacer el amor. Me refiero a la falta de creatividad, de verdadera
excitación, de pasión. Y yo no hago nada por introducir estos elementos
por mi cuenta, porque ya no siento ni pasión ni la fuerte atracción que
solía sentir. No estoy motivada para mostrar sentimientos que no estoy
sintiendo, aunque alguna simulación de mi parte quizás podría poner en
movimiento la pelota. Simplemente es algo que no quiero obligarme a
hacer.”
En
ese punto el sexo apasionado se convirtió en algo muy importante para
Lillían
“¿Puede
ser que yo ya no sea la misma persona que se enamoró hace más de diez años?
Des de luego, hoy tengo necesidades muy diferentes de las que tenía
cuando conocí a Dave, hace una década. Soy una mujer de treinta y cinco
años (no tengo hijos, tengo una carrera exitosa) y como tal siento que el
sexo apasionado (o la falta de él) es mucho más importante para mí que
antes. Ya no estoy dedicada a construir una carrera. Disfruto de mi
trabajo y me siento exitosa. Pienso que ésta es la edad en que se supone
que una mujer llega al pico de su sexualidad, tal vez es por eso por lo
que deseo el sexo apasionado de una manera que no era habitual en mí.”
Según
Lillian el aburrimiento que le producía el sexo con su marido fue lo que
precipitó su amorío ilícito. Pero es evidente que el aburrimiento era sólo
una pequeña par te de la historia. Todo comenzó durante una fiesta en la
que Dave señaló a Lillian un hombre de barba y aspecto mugriento que
vestía una camiseta toda rota y le dijo: “¿No es el hombre de aspecto
más repugnante que has visto en tu vida?”. Un rato antes, Dave había oído
al hombre hablar acerca de su propia hija adolescente en términos
lascivos, lo que no hizo más que acentuar la imagen negativa que su
aspecto transmitía. Poco tiempo después Lillian decidió tener un amorío
con este hombre.
“Hace
unos seis meses me involucré con un hombre que desató en mí una pasión
que yo no sabía que era capaz de sentir. Durante años me limité a
suponer que yo no era una persona con una orientación muy sexual. Aunque
Dave y yo habíamos tenido relaciones sexuales mucho más excitantes antes
de casarnos y durante los primeros años del matrimonio, en los tres años
anteriores a mi amorío con este otro hombre nuestras relaciones sexuales
no habían sido apasionadas.
“Aunque
mi amorío fue con un hombre loco y desconocido a quien ya no tengo ningún
interés ni deseos de ver, en ese momento despertó en mí sentimientos
muy intensos, tanto que me fue imposible ocultar lo que estaba
viviendo.”
La
conducta de Lillian pudo haberle facilitado a Dave, que sostenía que
“no era ni un poquito celoso”, el descubrimiento del amorío. Pero él
se negó a tomar nota de las señales que ella dejaba caer aquí y allá.
De modo que Lillian comenzó a hacer que las señales fueran más obvias y
visibles hasta que él finalmente se dio por enterado y respondió, por
primera vez desde que existía la relación, con una tremenda exhibición
de celos. Sus interrogatorios le permitieron a Líllian hablar acerca del
amorío, algo que secretamente ella tenía muchos deseos de hacer. De
hecho, el hacérselo saber y ponerlo celoso eran las principales razones
por las que se había embarca do en aquel amorío.
“Las
indiscreciones en que incurrí despertaron las sospechas de Dave y terminé
contándole, en etapas y con lujo de detalles, todo el episodio
extramatrimonial.
“Dave
estaba herido en lo más hondo. Su in finita confianza en mí se evaporó
y dijo que había perdido totalmente la capacidad de confiar. No le serviría
de nada divorciarse de mí y tratar de encontrar otra mujer de la que
pudiera fiarse porque había perdido la capacidad de fiarse plenamente de
otra persona. Si yo —a quien él amaba y de quien se fiaba tan
plenamente— podía traicionarlo de esa manera, cualquiera podría
hacerlo, en cualquier circunstancia. Nunca antes se había sentido tan
celoso y no quería volver a sentirse así nunca más.”
Una
vez que Dave se enteró del amorío y se puso celo so como correspondía,
Lillian perdió de inmediato el interés en el otro hombre.
“Me
sentí tan cerca de perder a Dave que mis sentimientos volvieron a
inclinarme hacia él con tremenda fuerza. Ya no importaban el otro hombre
ni el amorío, lo único que quería era reparar el daño que había hecho
al hombre que amo, mi esposo. Estaba dispuesta a besar le los pies durante
los próximos diez años si era necesario para reconquistar su amor y su
confianza... para recuperar el vínculo y el bien estar que yo había
roto.
“Tan
intenso era el deseo de corregir mi error y ser una buena esposa en el
futuro (y de mantener vivo su amor y la necesidad que él sentía de mí,
y su percepción de mi amor por él que convencí a Dave de que me diera
otra oportunidad.”
La
terapia fue parte del intento de Lillian y Dave de “corregir el error”
y darle a su matrimonio una nueva oportunidad. El trabajo que hicieron
como pareja fue alimentado por Lillian y lo que ella expresó como su
“deseo apasionado de curar los celos y el sufrimiento de Dave y reparar
el daño que había hecho... y de no perder al hombre que había ama do
todos estos años y al que todavía amo tanto”.
Como
suele ocurrir cuando se analiza un amorío en forma abierta y sin ponerse
a la defensiva, Lillian y Dave tomaron conciencia de que el amorío fue,
antes que nada, una forma de comunicación. El amorío le permitió a
Lillian comunicar a Dave sentimientos de los que estaba demasiado
avergonzada hasta para admitirlos ante sí misma, y que temía demasiado
comunicar directamente a Dave.
“No
hay duda de que el amorío tuvo más que ver con lo que sentía por Dave
que con lo que sentía por el otro hombre, sobre todo porque el otro
hombre ya no me despierta el más mínimo interés. Ahora que no actúo en
la forma típica en que uno se comporta cuando está viviendo un amorío,
están saliendo a la superficie sentimientos que Dave me inspira y que
antes no me permitía experimentar.
“Tal
vez el amorío fue una forma de hacer algo para impedirme conocer lo que
estaba sintiendo por Dave, puesto que son sentimientos peligrosos.
Experimentaba cólera, resentimiento, decepción, preocupación, miedo.
Estoy empezando a ver el amorío como una excusa para no tener que
experimentar esos sentimientos.”
En
una sesión eminentemente emotiva y lacrimógena, después de recibir
mucho aliento, y con mucho esfuerzo por parte de ambos, finalmente Lillian
y Dave abrieron sus corazones el uno al otro. Analizaron todos sus
sentimientos, a pesar de lo muy negativos y embarazosos que les
resultaban. El resultado fue un enorme alivio. Lillian pudo hablar a Dave
de su cólera y su resentimiento. Dijo que tenía miedo de que si
expresaba su cólera y su decepción (la visión que tenía de estas
emociones era la de un monstruo que guardaba celosamente en su armario),
pasaría algo terrible y todo su mundo se vendría abajo. Dave pudo
admitir sus celos, a pesar de su creencia de que eran una res puesta
negativa y vergonzosa.
Lillian
descubrió que a pesar de lo que para ella eran “sentimientos
terribles” Dave todavía la amaba, y le encantó el haber podido
detectar aquello que la había estado perturbando. Después de entender
que los celos son una respuesta de protección a lo que se percibe como
una amenaza que se cierne sobre una relación que uno valora, Dave pudo
compartir sus celos y sus inseguridades financieras con Lillian y
descubrir que lo que ella sentía por él no sufría alteraciones debido a
ello. El alivio afectivo que experimentaron durante esta exploración
mutua vino acompañado de un vigoroso re surgimiento de la antigua pasión.
Y, como reconocieron ambos, “el sexo nunca ha sido mejor que ahora”.
La
discusión abierta también les permitió a Dave y Lillian afrontar sin
subterfugios el delicado tema del dinero y llegar a una solución que
satisfizo a ambos. Dave siguió trabajando en bienes raíces y al mismo
tiempo inició su capacitación en una nueva carrera que le garantizaría
ingresos seguros y estables. Entre tanto, decidieron alquilar una parte de
su casa lo que les ayudó a conjurar en alguna medida sus problemas
financieros.
El
caso de Lillian y Dave ilustra cómo un amorío puede ser una forma de
comunicarse con el compañero. En palabras de Lillian:
“El
amorío debería ser visto como una comunicación dirigida a Dave antes
que como una incapacidad para contener mis impulsos. Yo necesitaba
comprobar qué estaba sintiendo por Dave, y al tener un amorío estaba
tratando de comunicarme con él, sobre todo por la forma obvia en que me
comporté.”
El
caso ilustra también varios puntos clave del enfoque sistémico. En sus años
de casados, Dave y Lillian crea ron un sistema donde la regla tácita era
que Dave era quien aportaba el dinero en forma estable a la economía
familiar. Cuando Dave cambió esta pauta establecida rompió la regla.
Lillian lo castigó teniendo un amorío y rompiendo con ello la regla de
la fidelidad. Los celos de Dave, para él una experiencia inusual, y el
temor de Lillian a que él la dejara los llevaron a la terapia.
La
terapia no se centró ni en las raíces inconscientes de los celos de Dave
ni en la infidelidad de Lillian sino en las reglas que gobernaban al
matrimonio. Como producto de esta exploración Lillían y Dave pudieron
llegar a un acuerdo y aceptar un cambio de reglas que ambos consideraron
razonable.
A
lo largo de la terapia, el amorío y los celos que éste desencadenó
fueron tratados como un problema de la pareja. La terapia puso en
evidencia que Dave y Lillian desempeña ron, cada uno a su modo, un papel
activo en el proceso que condujo al amorío, y al mismo tiempo un papel
igualmente activo en el intento de salvar su matrimonio cuando percibieron
que una amenaza se cernía sobre él. El tratamiento del amorío y de los
celos que éste desencadenó como un problema de la pareja, permitió a
Dave y Lillian restablecer la con fianza y transformar el acontecimiento
traumático en una experiencia de crecimiento.
Jane
y Dane: un amorío como forma de huir
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