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APRENDER A MANEJAR 
LOS CELOS
MANUAL PRÁCTICO

Basado en las Investigaciones de Ayala Malach Pines


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¿Cuán celoso (o celosa) es usted?

Después de examinar estas diferentes situaciones y las respuestas que pueden desencadenar y compararlas con las que usted haya dado, ¿cuán celoso (o celosa) piensa que es? ¿No lo es en absoluto? ¿Moderadamente? ¿Suma mente? Casi todas las personas que respondieron a mi cuestionario se describieron a sí mismas como moderadamente celosas. Las pocas personas que se describieron a sí mis mas como sumamente celosas o como nada celosas son las que caracterizaríamos como anormalmente celosas o anormalmente no celosas.

Anteriormente le pedí que evocara la experiencia de celos más intensa que hubiera vivido. Volvamos a esa experiencia. ¿Por cuánto tiempo se prolongó? ¿Minutos? ¿Días? ¿Meses? ¿Años? La mayoría de las personas sostiene que una experiencia extrema de celos dura algunos días. En unos pocos casos, cuando la experiencia es especialmente traumática o la persona es especialmente propensa a los ce los, puede prolongarse por meses e incluso por años sin perder su intensidad.

Jane, una mujer elegante y atractiva, estuvo felizmente casada treinta y cinco años hasta que descubrió que su esposo había tenido un amorío con una mujer más joven que había conocido en su trabajo. Siete meses después de haber descubierto el amorío -y cuando ya hacía mucho tiempo que su marido lo había dado por terminado- Jane todavía no podía superar los intensos celos que sen tía. No podía dejar de pensar en la otra mujer y comenzó a espiarla. La primera vez que pudo verla fue en una matineé de opera. El hecho de ver a su rival ataviada con un escandaloso vestido escotado en la espalda la sumió en un abatimiento que duró semanas.

El descubrimiento de que el esposo con quien una ha estado casada treinta y cinco años, un hombre que una consideraba su mejor y más sincero amigo, la ha traicionado es sin duda una causa más que justificada para sentirse sumamente celosa. Sin embargo, las personas "anormalmente celosas" reaccionan poniéndose extremadamente celosas ante desencadenantes mucho más moderados, y con mucha mayor frecuencia que el resto de la gente. Los "celos anormales" pueden ser consecuencia de haber elegido a un compañero que es probable que nos haga poner celosos (debido a su personalidad, a nuestra propia falta de confianza o a la dinámica de la interacción que tenemos con él). Otra causa puede ser que imaginemos amenazas aun cuando no las haya en absoluto: "Cada mujer atractiva que veo por la calle es una amenaza. Cuando pienso en las mujeres que él conoce en su trabajo siento que me vuelvo loca de celos".

¿Con qué frecuencia experimenta usted celos desmedidos? ¿Nunca? ¿Muy pocas veces? ¿Ocasionalmente? ¿A menudo? ¿Todo el tiempo? Para la mayoría de las personas la experiencia de sentir celos intensos es poco común. Las personas que son "anormalmente no celosas" nunca experimentan celos intensos. Hay personas que para protegerse evitan involucrarse con alguien de quien están apasionada mente enamoradas. Otros recurren al simple expediente de "no ver", o ignorar, la amenaza.

Los celos pueden ser una experiencia sumamente dolorosa, pero hacerlos cesar no es fácil. Pregunta: ¿puede usted dejar de estar (sentirse, pensar, actuar) dominado por los celos? ¿Decididamente sí? ¿Sólo hasta cierto punto? ¿Decididamente no? La mayoría de las personas pueden lograrlo, pero sólo hasta cierto punto. Cuando uno está en medio de una crisis de celos, esto resulta particularmente difícil. Más adelante encontrará una sección que aporta sugerencias acerca de cómo lograrlo.

Jane decía que no podía dejar de estar celosa. Por mucho que lo intentara no podía dejar de pensar en la otra mujer: en cómo lucía en el teatro con su vestido escotado en la espalda, en cómo sonaba su voz en el contestador automático ("tan artificialmente alegre"), en cómo debía de haberse comportado con su marido (libre, atrevida). Jane no podía evitar que su mente volviera una y otra vez sobre cada uno de los detalles del amorío.

Jane sólo pudo sobreponerse a sus intensos celos a través de la terapia. Así fue como llegó a comprender que ella hizo su parte para facilitar aquel amorío al mantener se distante e inaccesible en circunstancias en que su esposo necesitaba apoyo y quería demostrarse a sí mismo su virilidad. También comprendió que el amorío de su esposo sólo explicaba en parte su obsesión con la otra mujer. Sus pensamientos y sentimientos estaban relacionados con su propia desilusión a propósito de las elecciones que había hecho en la vida. La otra mujer tenía una carrera exitosa y había logrado muchas de las cosas que Jane habría querido lograr. Como mujer libre e independiente que era, su rival podía darse el lujo de acudir al teatro vestida con un atuendo escandalosamente sexy. También podía hacer otras cosas (como andar en amoríos) que Jane, como mujer casada y ama de casa con todas sus responsabilidades familiares, nunca podría darse el lujo de hacer. Jane dedicaba su vida a su esposo y sus hijos. Nunca tenía tiempo para sus intereses personales y sin embargo su dedicación parecía no tener un reconocimiento. Una vez que Jane comprendió las raíces de su obsesión pudo orientar la energía que ponía en movimiento a sus celos hacia el descubrimiento de nuevos modos de darle sentido a su propia vida.

 

La persona celosa y la relación que produce celos

 


 






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