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APRENDER A MANEJAR 
LOS CELOS
MANUAL PRÁCTICO

Basado en las Investigaciones de Ayala Malach Pines

C9

¿Cuál es su definición personal de los celos sentimentales?

He planteado esta pregunta a casi mil personas y recibí tantas definiciones como personas interrogué. Las definiciones personales que acabo de transcribir, por ejemplo, fueron propuestas por reclusos que cumplían condenas de prisión por haber cometido crímenes relacionados con los celos.

Es evidente que no podemos dar por sentado sin más que todo el mundo sabe lo que son los celos; por eso, me gustaría aportar la siguiente definición: Los celos son una respuesta a lo que se percibe como una amenaza que se cierne sobre una relación considerada valiosa o sobre su calidad.

Los celos son una respuesta compleja que tiene componentes internos y externos. El componente interno de los celos incluye ciertas emociones, pensamientos y síntomas físicos que a menudo no son visibles para el mundo externo.

 

Las emociones asociadas con los celos pueden incluir dolor, ira, rabia, envidia, tristeza, miedo, pena y humillación. Los pensamientos asociados con los celos pueden incluir re sentimiento ("¿Cómo pudiste haberme mentido así?"), autoincriminación ("¿Cómo pude haber sido tan ciego, tan estúpido, tan confiado?"), comparación con el rival ("No soy tan atractiva, seductora, inteligente, exitosa."), preocupación por la propia imagen ante los demás ("Todo el mundo sabe y se ríe de mí."), o auto-conmiseración ("Estoy completamente solo en el mundo, nadie me ama.") Entre los síntomas físicos asociados con los celos se puede mencionar la afluencia de sangre a la cabeza, manos que tiemblan y transpiran, dificultades para respirar, retortijones de estómago, sensación de desvanecimiento, taquicardia, y problemas para conciliar el sueño o para dormir.

El componente externo de los celos es más claramente visible para el mundo externo y se expresa en distintos tipos de comportamientos: por ejemplo, hablar abiertamente del problema, gritar, llorar, esforzarse por ignorar el tema, usar el humor, tomar represalias, dejar a la otra persona o recurrir a la violencia.

El hecho de que en los celos se pueda distinguir tanto un componente interno como un componente externo tiene mucha importancia para el modo de hacerles frente. Aun cuando podamos modificar en cierta medida el componente interno, tenemos un control relativamente pobre sobre él, especialmente en lo tocante a nuestras respuestas emocionales y físicas: "Me gustaría mostrarme sereno y racional, pero el dolor es demasiado grande". "Estaba ahí de pie como un idiota, ruborizado, y no podía hacer nada para evitarlo." De alguna manera tenemos más control sobre nuestros pensamientos. En realidad, la premisa de la teoría cognitiva, de la que hablaremos más adelante, es que podemos cambiar nuestros sentimientos cambiando nuestros pensamientos.

Tenemos mucho más control sobre el componente ex terno de los celos que sobre el interno. No siempre nos damos cuenta de esto (y aun cuando nos demos cuenta no siempre queremos admitirlo), pero podemos decidir hablar sobre nuestros sentimientos, reímos de todo el asunto, abrir nuestros corazones, sufrir en silencio y secretamente o en voz alta y visiblemente, dejamos arrebatar por la ira, salirnos de la relación, inspirarle celos a nuestro compañero o romper platos.

Volveremos a este punto más adelante, durante la discusión de las diversas técnicas para hacer frente a los celos. Por ahora, baste decir que si usted se está sintiendo abrumado por los celos conviene que recuerde que si bien no estamos en condiciones de controlar completamente lo que sentimos cuando estamos celosos, al cambiar nuestros pensamientos podemos evitar que ese complejo de sentimientos nos controle a nosotros. Más aún, tenemos un control significativo sobre lo que decidimos hacer con respecto a nuestros celos.

La respuesta celosa se desencadena cuando se percibe una amenaza a una relación. La amenaza percibida puede ser real o imaginada, del mismo modo que la relación misma puede ser real o imaginada. Si un hombre piensa que su es posa está interesada en otros hombres, aun en el caso de que la amenaza sea producto de su propia imaginación desatada, va a responder poniéndose intensamente celoso. (Volveremos a este ejemplo cuando analicemos los celos normales y los anormales.) Por otra parte, si una mujer tiene una relación estrecha con otro hombre pero el esposo se siente seguro en su matrimonio y no se considera amenazado por esa amistad, no es probable que responda poniéndose celoso.

Una pareja con la que trabajé hace poco representa un buen ejemplo de cómo los celos pueden aparecer como respuesta a una amenaza imaginada. El esposo, un hombre de aspecto común y corriente que se casó con una mujer muy hermosa trece años menor que él, estaba convencido de que todos los hombres que miraban a su esposa la deseaban. Como no se sentía seguro de su propio atractivo, cada vez que ella salía de la casa lo asaltaba el terror de que conociera a algún otro hombre y lo dejara. Su esposa le era fiel y estaba comprometida con su matrimonio; cuan do se conocieron a ella le encantó el hecho de que él la pusiera en un pedestal, y la intensa atracción que sentía por ella. Sin embargo, con el tiempo descubrió que los celos de su marido se hacían cada vez más molestos y sofocantes. Cuando la pareja acudió a mí en busca de ayuda, ella planteó que necesitaba alejarse de él, no porque careciera de atractivos, ni tampoco porque hubiera conocido a un hombre más atractivo, sino porque la forma en que él la celaba le resultaba sofocante.

Otra pareja nos aporta un ejemplo de cómo el no percibir una situación como una amenaza puede actuar como un amortiguador contra los celos. En este caso el marido era un swinger.

* Se llama así en los Estados Unidos a las personas afectas al sexo grupal o los intercambios de parejas sexuales. En los países de habla castellana se ha popularizado el uso del término en inglés (N. del T).

Le encantaban las fiestas con intercambios de parejas sexuales e incluso las orgías, pero a su esposa no. Durante años solía ir a estos encuentros sexuales solo, costumbre de la que su esposa estaba perfectamente enterada. Si bien a ella la idea de la promiscuidad sexual le disgustaba, aceptaba el hecho de que esto era algo sumamente importante para su esposo y que él no lo hacía con el propósito de poner en entredicho su matrimonio ni su relación con ella. Después de años de este arreglo, la esposa tuvo un amorío. La actitud que adoptó el esposo fue hacerse amigo del amante y aceptarlo como parte de la familia. Afirmaba que el amante no era una amenaza para su matrimonio. Por añadidura, el hecho de que su esposa tuviera un amante lo hacía sentirse más libre para continuar sus propias hazañas sexuales. Aun en caso de que pongamos en duda la afirmación del esposo de que no estaba celoso, es evidente que su respuesta a lo que para la mayor parte de las personas es un poderoso desencadenante de los celos fue muy moderada.

La relación que desencadena la respuesta celosa tiene que ser considerada valiosa. Y puede serlo de diferentes maneras. Si una mujer no puede soportar a su esposo y éste sólo le inspira sentimientos de repugnancia, no es probable que la revelación de que está involucrado en un amorío le provoque, en y por sí misma, demasiados celos. Sin embargo, para esta mujer, perder a su esposo por otra mujer puede constituir una amenaza para su imagen pública, su nivel de vida y su estilo de vida en general. El matrimonio puede no ser afectivamente valioso para ella, pero puede tener un valor económico o social.

El siguiente es uno de esos casos. Pone en evidencia que el potencial para los celos puede existir en una relación que sólo tiene un valor superfluo, incluso después de que la relación ha terminado.

Una mujer rica que estaba desesperada por liberarse de su matrimonio logró por fin su propósito, con un gran coste financiero. Pero aunque tuvo que dejarle la casa a su esposo, estaba contenta de haberse librado de él. Tiempo después, una noche en que pasaba en su auto por delante de la casa, vio la sombra de una mujer proyectada en una cortina y se sintió atravesada por unos celos tremendos.

¿Percibía acaso una amenaza a su matrimonio? Obvia mente no, porque el matrimonio se había disuelto. ¿Su matrimonio era afectivamente valioso para ella como relación amorosa? Obviamente no, ya que era ella la que más se había empeñado y sacrificado para librarse de él. Sin embargo, cuando vio la sombra de la mujer sintió celos. Los celos, como sabemos, son una reacción a lo que se percibe como una amenaza que se cierne sobre una relación valorada o sobre su calidad. La mujer estaba respondiendo a la amenaza que se cernía sobre la percepción que ella tenía de su relación con su esposo.

En su mente ella se veía como superior a su esposo y consideraba que tenía más poder en la relación que los unía. Después de todo, ¿no fue ella la que lo echó a él de su matrimonio y de su vida? Y ahora aquel despreciable vago ya había encontrado otra mujer con la que vivir mientras ella todavía estaba sola. Lo que la enfurecía todavía más era que ellos dos estaban "dentro" y ella "fuera" de la casa "de ella". La otra mujer aparecía como una amenaza, pero no para su matrimonio tal cual había sido sino más bien para su percepción de su matrimonio.

Este último ejemplo nos permite apreciar la complejidad de la respuesta que representan los celos. Como mujer rica que era, experimentaba posesividad (se trataba de "su" marido y "su" casa), exclusión (ellos estaban "adentro" y ella estaba "afuera"), competitividad (su esposo tenía a alguien y ella no), y envidia (quería tener una relación como la que él tenía).

Para algunas personas, el componente más fuerte de los celos es el temor a ser abandonado: "Se va a enamorar de ella, me va a dejar, y yo me voy a quedar sola". Para otras el componente primario es el desprestigio: "¿Cómo pudiste humillarme delante de todo el mundo flirteando abiertamente con esta puerca'?". Algunos sienten que el aspecto más doloroso es la traición: "¿Cómo pudo alguien en quien yo con fiaba mentirme y traicionarme así'?". Para otros, el componente primario es la competitividad: "Si se enamoró de él es porque debe ser mejor amante que yo", o bien "¿Cómo pudo enamorarse de esta porquería?". Y están también aquellos para quienes el componente primario es la envidia: "Ojalá yo fuera tan esbelta y guapa como ella", o "tuviera tanto éxito profesional como él".

Cuando uno describe una situación de intensos celos suele confundir su respuesta con la magnitud de la amenaza que la situación realmente presenta. Es posible, por ejemplo, que uno reaccione como si el flirteo "escandaloso" de su compañero en la fiesta implicase que éste lo va a abandonar por aquella otra persona cuando en realidad lo que el flirteo provoca es cierta molestia. Cuando uno analiza la amenaza con realismo ("¿Qué probabilidad existe de que su marido vaya a abandonarla por esta otra mujer?"), la intensidad de los celos que se experimentan invariablemente disminuye.

La predisposición a los celos

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