¿Cuál
es su definición personal de los celos sentimentales?
He
planteado esta pregunta a casi mil personas y recibí tantas definiciones
como personas interrogué. Las definiciones personales que acabo de
transcribir, por ejemplo, fueron propuestas por reclusos que cumplían
condenas de prisión por haber cometido crímenes relacionados con los
celos.
Es
evidente que no podemos dar por sentado sin más que todo el mundo sabe lo
que son los celos; por eso, me gustaría aportar la siguiente definición:
Los celos son una respuesta a lo que se percibe como una amenaza que se
cierne sobre una relación considerada valiosa o sobre su calidad.
Los
celos son una respuesta compleja que tiene componentes internos y
externos. El componente interno de los celos incluye ciertas emociones,
pensamientos y síntomas físicos que a menudo no son visibles para el
mundo externo.
Las
emociones asociadas con los celos pueden incluir dolor, ira, rabia,
envidia, tristeza, miedo, pena y humillación. Los pensamientos asociados
con los celos pueden incluir re sentimiento ("¿Cómo pudiste haberme
mentido así?"), autoincriminación ("¿Cómo
pude haber sido tan ciego, tan estúpido, tan confiado?"), comparación
con el rival ("No soy tan atractiva, seductora, inteligente,
exitosa."), preocupación por la propia imagen ante los demás ("Todo
el mundo sabe y se ríe de mí."), o autoconmiseración
("Estoy completamente solo en el mundo, nadie me ama.") Entre los síntomas
físicos asociados con los celos se puede mencionar la afluencia de sangre
a la cabeza, manos que tiemblan y transpiran, dificultades para respirar,
retortijones de estómago, sensación de desvanecimiento, taquicardia, y
problemas para conciliar el sueño o para dormir.
El
componente externo de los celos es más claramente visible para el mundo
externo y se expresa en distintos tipos de comportamientos: por ejemplo,
hablar abiertamente del problema, gritar, llorar, esforzarse por ignorar
el tema, usar el humor, tomar represalias, dejar a la otra persona o
recurrir a la violencia.
El
hecho de que en los celos se pueda distinguir tanto un componente interno
como un componente externo tiene mucha importancia para el modo de
hacerles frente. Aun cuando podamos modificar en cierta medida el
componente interno, tenemos un control relativamente pobre sobre él,
especialmente en lo tocante a nuestras respuestas emocionales y físicas:
"Me gustaría mostrarme sereno y racional, pero el dolor es demasiado
grande". "Estaba ahí de pie como un idiota, ruborizado, y no podía
hacer nada para evitarlo." De alguna manera tenemos más control sobre
nuestros pensamientos. En realidad, la premisa de la teoría cognitiva, de
la que hablaremos más adelante, es que podemos cambiar nuestros
sentimientos cambiando nuestros pensamientos.
Tenemos
mucho más control sobre el componente ex terno de los celos que sobre el
interno. No siempre nos damos cuenta de esto (y aun cuando nos demos
cuenta no siempre queremos admitirlo), pero podemos decidir hablar sobre
nuestros sentimientos, reímos de todo el asunto, abrir nuestros
corazones, sufrir en silencio y secretamente o en voz alta y visiblemente,
dejamos arrebatar por la ira, salirnos de la relación, inspirarle celos a
nuestro compañero o romper platos.
Volveremos
a este punto más adelante, durante la discusión de las diversas técnicas
para hacer frente a los celos. Por ahora, baste decir que si usted se está
sintiendo abrumado por los celos conviene que recuerde que si bien no
estamos en condiciones de controlar completamente lo que sentimos cuando
estamos celosos, al cambiar nuestros pensamientos podemos evitar que ese
complejo de sentimientos nos controle a nosotros. Más aún, tenemos un
control significativo sobre lo que decidimos hacer con respecto a nuestros
celos.
La
respuesta celosa se desencadena cuando se percibe una amenaza a una relación.
La amenaza percibida puede ser real o imaginada, del mismo modo que la
relación misma puede ser real o imaginada. Si un hombre piensa que su es
posa está interesada en otros hombres, aun en el caso de que la amenaza
sea producto de su propia imaginación desatada, va a responder poniéndose
intensamente celoso. (Volveremos a este ejemplo cuando analicemos los
celos normales y los anormales.) Por otra parte, si una mujer tiene una
relación estrecha con otro hombre pero el esposo se siente seguro en su
matrimonio y no se considera amenazado por esa amistad, no es probable que
responda poniéndose celoso.
Una
pareja con la que trabajé hace poco representa un buen ejemplo de cómo
los celos pueden aparecer como respuesta a una amenaza imaginada. El
esposo, un hombre de aspecto común y corriente que se casó con una mujer
muy hermosa trece años menor que él, estaba convencido de que todos los
hombres que miraban a su esposa la deseaban. Como no se sentía seguro de
su propio atractivo, cada vez que ella salía de la casa lo asaltaba el
terror de que conociera a algún otro hombre y lo dejara. Su esposa le era
fiel y estaba comprometida con su matrimonio; cuan do se conocieron a ella
le encantó el hecho de que él la pusiera en un pedestal, y la intensa
atracción que sentía por ella. Sin embargo, con el tiempo descubrió que
los celos de su marido se hacían cada vez más molestos y sofocantes.
Cuando la pareja acudió a mí en busca de ayuda, ella planteó que
necesitaba alejarse de él, no porque careciera de atractivos, ni tampoco
porque hubiera conocido a un hombre más atractivo, sino porque la forma
en que él la celaba le resultaba sofocante.
Otra
pareja nos aporta un ejemplo de cómo el no percibir una situación como
una amenaza puede actuar como un amortiguador contra los celos. En este
caso el marido era un swinger.*
*
Se llama así en los Estados Unidos a las personas afectas al sexo grupal
o los intercambios de parejas sexuales. En los países de habla castellana
se ha popularizado el uso del término en inglés (N. del T).
Le
encantaban las fiestas con intercambios de parejas sexuales e incluso las
orgías, pero a su esposa no. Durante años solía ir a estos encuentros
sexuales solo, costumbre de la que su esposa estaba perfectamente
enterada. Si bien a ella la idea de la promiscuidad sexual le disgustaba,
aceptaba el hecho de que esto era algo sumamente importante para su esposo
y que él no lo hacía con el propósito de poner en entredicho su
matrimonio ni su relación con ella. Después de años de este arreglo, la
esposa tuvo un amorío. La actitud que adoptó el esposo fue hacerse amigo
del amante y aceptarlo como parte de la familia. Afirmaba que el amante no
era una amenaza para su matrimonio. Por añadidura, el hecho de que su
esposa tuviera un amante lo hacía sentirse más libre para continuar sus
propias hazañas sexuales. Aun en caso de que pongamos en duda la afirmación
del esposo de que no estaba celoso, es evidente que su respuesta a lo que
para la mayor parte de las personas es un poderoso desencadenante de los
celos fue muy moderada.
La
relación que desencadena la respuesta celosa tiene que ser considerada
valiosa. Y puede serlo de diferentes maneras. Si una mujer no puede
soportar a su esposo y éste sólo le inspira sentimientos de repugnancia,
no es probable que la revelación de que está involucrado en un amorío
le provoque, en y por sí misma, demasiados celos. Sin embargo, para esta
mujer, perder a su esposo por otra mujer puede constituir una amenaza para
su imagen pública, su nivel de vida y su estilo de vida en general. El
matrimonio puede no ser afectivamente valioso para ella, pero puede tener
un valor económico o social.
El
siguiente es uno de esos casos. Pone en evidencia que el potencial para
los celos puede existir en una relación que sólo tiene un valor
superfluo, incluso después de que la relación ha terminado.
Una
mujer rica que estaba desesperada por liberarse de su matrimonio logró
por fin su propósito, con un gran coste financiero. Pero aunque tuvo que
dejarle la casa a su esposo, estaba contenta de haberse librado de él.
Tiempo después, una noche en que pasaba en su auto por delante de la
casa, vio la sombra de una mujer proyectada en una cortina y se sintió
atravesada por unos celos tremendos.
¿Percibía
acaso una amenaza a su matrimonio? Obvia mente no, porque el matrimonio se
había disuelto. ¿Su matrimonio era afectivamente valioso para ella como
relación amorosa? Obviamente no, ya que era ella la que más se había
empeñado y sacrificado para librarse de él. Sin embargo, cuando vio la
sombra de la mujer sintió celos. Los celos, como sabemos, son una reacción
a lo que se percibe como una amenaza que se cierne sobre una relación
valorada o sobre su calidad. La mujer estaba respondiendo a la amenaza que
se cernía sobre la percepción que ella tenía de su relación con su
esposo.
En
su mente ella se veía como superior a su esposo y consideraba que tenía
más poder en la relación que los unía. Después de todo, ¿no fue ella
la que lo echó a él de su matrimonio y de su vida? Y ahora aquel
despreciable vago ya había encontrado otra mujer con la que vivir
mientras ella todavía estaba sola. Lo que la enfurecía todavía más era
que ellos dos estaban "dentro" y ella "fuera" de la casa "de
ella". La otra mujer aparecía como una amenaza, pero no para su
matrimonio tal cual había sido sino más bien para su percepción de su
matrimonio.
Este
último ejemplo nos permite apreciar la complejidad de la respuesta que
representan los celos. Como mujer rica que era, experimentaba posesividad
(se trataba de "su" marido y "su" casa), exclusión (ellos estaban
"adentro" y ella estaba "afuera"), competitividad (su esposo tenía
a alguien y ella no), y envidia (quería tener una relación como la que
él tenía).
Para
algunas personas, el componente más fuerte de los celos es el temor a ser
abandonado: "Se va a enamorar de ella, me va a dejar, y yo me voy a
quedar sola". Para otras el componente primario es el desprestigio: "¿Cómo
pudiste humillarme delante de todo el mundo flirteando abiertamente con
esta puerca'?". Algunos sienten que el aspecto más doloroso es la
traición: "¿Cómo pudo alguien en quien yo con fiaba mentirme y
traicionarme así'?". Para otros, el componente primario es la
competitividad: "Si se enamoró de él es porque debe ser mejor amante
que yo", o bien "¿Cómo pudo enamorarse de esta porquería?". Y están
también aquellos para quienes el componente primario es la envidia:
"Ojalá yo fuera tan esbelta y guapa como ella", o "tuviera tanto éxito
profesional como él".
Cuando
uno describe una situación de intensos celos suele confundir su respuesta
con la magnitud de la amenaza que la situación realmente presenta. Es
posible, por ejemplo, que uno reaccione como si el flirteo
"escandaloso" de su compañero en la fiesta implicase que éste lo va
a abandonar por aquella otra persona cuando en realidad lo que el flirteo
provoca es cierta molestia. Cuando uno analiza la amenaza con realismo
("¿Qué probabilidad existe de que su marido vaya a abandonarla por
esta otra mujer?"), la intensidad de los celos que se experimentan
invariablemente disminuye.
La
predisposición a los celos