Celos
y envidia
Al
definir los celos es importante distinguirlos de la envidia. A pesar de
que en el uso cotidiano la confusión entre ambos es frecuente, los celos
y la envidia son psicológicamente muy diferentes. Por lo general, la
envidia involucra a dos personas. La persona envidiosa quiere algo que le
pertenece a la otra persona, y no quiere que esa otra persona lo tenga. El
objeto de la envidia puede ser el compañero de la otra persona, una buena
relación, un rasgo deseable como la belleza o la inteligencia, una posesión,
el éxito o la popularidad. Los celos, en cambio, involucran por lo
general a tres personas. La persona afectada por los celos está
respondiendo a lo que percibe como una amenaza que un tercero representa
para una relación que ella considera valiosa. Esto es válido aun en el
caso de que el tercero exista sólo en la imaginación de la persona
celosa.
La
envidia y los celos están en sintonía con dos de las condiciones más básicas
de la existencia humana. La envidia está conectada con el no tener. Los
celos están conectados con el tener.
La
gente tiende a confundir la envidia con los celos, pero no a la inversa.
¿Le diría usted a su marido que al verlo con su antigua novia siente
envidia o que se pone celosa?
¿Diría
que está celosa de una amiga que acaba de heredar una fortuna, o que la
envidia? Si usted es como la mayoría las personas se describiría en ambos casos como celosa, aun que lo que realmente siente en el segundo
caso es envidia.
Si
esta transposición ocurre con frecuencia, es porque la envidia tiende a
estar cargada de una connotación más negativa: resulta menos mitigada
por el amor que los celos. En tanto que los celos son una respuesta a una
amenaza que se cierne sobre una relación Considerada valiosa, la envidia
es una expresión de hostilidad hacia alguien a quien se percibe como
superior y un deseo que apunta no sólo a la posesión de esa ventaja sino
a la destrucción de ese superior.
Las
diferentes actitudes hacia los celos y la envidia se han estudiado en
muchos países. Una investigación que compara las reacciones a los celos
y a la envidia en siete países (Hungría, Irlanda, México, Holanda, la
Unión Soviética, Yugoslavia y Estados Unidos) muestra reacciones
semejantes a los celos y a la envidia en todos ellos.
Silos
celos y la envidia son tan diferentes, ¿por qué la gente los confunde
con tanta frecuencia? Parte de la razón reside en el hecho de que la
respuesta Celosa incluye, en muchos casos, un componente de envidia. Por
ejemplo, es probable que un hombre que está celoso porque su esposa está
teniendo un amorío con su mejor amigo, sienta envidia del éxito que su
amigo tiene con su esposa.
Por
otra parte, los celos y la envidia se originan en etapas diferentes de
nuestro desarrollo psíquico. Como veremos más adelante, al analizar las
raíces inconscientes de los celos, éstos se originan primordialmente en
las experiencias emocionales que los niños tienen durante la etapa edípica,
alrededor de los tres años de edad. La envidia, por su parte, se origina
mucho antes, durante las primeras semanas de vida del niño.
Según Freud, durante la etapa edípica los niños experimentan los primeros indicios de sexualidad Sus impulsos
sexuales se dirigen hacia la persona más cercana del sexo opuesto En el
caso de un niño, la madre. En el caso de una niña, el padre. El niño
quiere que la madre sea para él. Desgraciadamente, tiene un competidor
muy fuerte: el padre. El competidor es más grande y más fuerte y tiene
además otras ventajas de modo que el niño "pierde" la competencia.
(A través de un proceso similar, la niña "pierde" al padre a manos
de la madre.) Cuando el niño se vuelve adulto, cada vez que por obra de
un tercero se cierne una amenaza sobre una relación sentimental valorada,
la antigua y dolorosa herida vuelve a abrirse y se experimenta como celos.
La
envidia, según la analista de niños Melanie Klein, se
desarrolla durante el período que va desde el nacimiento hasta el primer
año de vida y es una respuesta a la
dependencia e indefensión totales del niño respecto de la madre. "Des
de el comienzo de su vida el niño acude a la madre para satisfacer todas
sus necesidades", escribió Melanie Klein. El pecho
materno, hacia el cual están dirigidos los deseos del niño, es sentido
instintivamente no sólo como una fuente de nutrición sino como la fuente
de la vida misma.
No
obstante, en la primera relación del bebé con la madre se introduce
inevitablemente un elemento de frustración, porque "aun en el caso de
que se sienta satisfactoriamente alimentado, ello de ninguna manera
reemplaza la unidad prenatal con la madre". La frustración e indefensión
que el niño hambriento experimenta son las raíces de la envidia. El bebé
"envidia" a su madre por el poder que ella tiene de alimentarlo o
privarlo del alimento. En su frustración, quiere devorar la fuente de su
alimento y del poder de ella: el pecho.
Aun
en el caso de que no aceptemos la idea de Melanie Klein de
que el bebé "envidia" el poder que su madre tiene de alimentarlo,
podemos sí aceptar la idea de que ese primer vínculo con la madre
contiene los elementos fundamentales de la futura relación del bebé con
el mundo. Si el vínculo es amoroso y satisfactorio, el bebé desarrollará
un sentido básico de seguridad y confianza hacia la gente. Si el vínculo
no es ni amoroso ni satisfactorio, se desarrollarán una inseguridad y una
envidia pro fundamente arraigadas y el bebé se convertirá con el tiempo
en un adulto envidioso. Cada vez que la envidia se desencadena en un
adulto de esas características, las heridas de la primera infancia se
reabren con todo su poder destructivo.
Melanie
Klein piensa que los celos se basan en la envidia, pero que de
todos modos son muy diferentes de ella. La distinción que ella establece
entre ambos es similar a la que planteamos aquí: "La envidia es el
sentimiento de enfado porque otra persona posee y disfruta algo deseable,
y el impulso envidioso apunta a despojarla de ese algo o echarlo a
perder". Los celos, por su parte, conciernen a la relación de la
persona con por lo menos otras dos personas, "y se relacionan
principalmente con un amor que el individuo siente que le corresponde y le
ha sido arrebatado, o bien está a punto de serle arrebatado".
La
envidia, según la describe Melanie Klein, es una emoción
anterior, más primitiva y más destructiva que los celos. Es diferente
del deseo que impulsa a los celos, en el que se trata de proteger la
relación o de recuperar al ser ama do. Cuando en una situación de celos
hay un componente de envidia éste se manifiesta como impulso de destruir
a la persona que goza de la ventaja envidiada, sea ésta el rival o el
amado, que tiene el poder de hacernos felices y prefiere no ejercerlo.
Celos
normales y celos anormales
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