Análisis
del caso
En
lo concerniente al objetivo de esta sección, el punto más importante que
este complicado caso demuestra es que de los celos puede emanar algo
bueno. En el estudio antes mencionado, el efecto de los celos que las
personas consideraban más positivo era que los celos podían hacernos
analizar nuestras relaciones. En el casó de Alan, Linda y Gail, ¿hicieron
los celos que ellos analizaran su relación? Decididamente sí. Como
resultado de sus diferentes crisis de celos, los tres dedicaron horas a
hablar de sí mismos y de su relación.
Aunque
los resultados de una exploración de ese tipo pueden ser provechosos, el
proceso que ella implica puede ser difícil y exigente desde el punto de
vista afectivo porque apunta a las vulnerabilidades personales que nos
tornan susceptibles a los celos y a los patrones repetitivos que mantienen
vivos a los celos en nuestras relaciones. Algunas parejas pueden explorar
su problema de celos por sí mismas. Otras necesitan ayuda profesional y
el apoyo de un terapeuta.
Gracias
al análisis del amor que sentían el uno por el otro —los rasgos del
otro que en un primer momento les habían resultado atractivos y sobre
todo la determinación de lo que la relación les había aportado—, y al
análisis de la sombra que se había proyectado sobre este amor al
resultar amenazado —la amenaza o la pérdida que les provocaban los
celos—, Alan, Linda y Gail pudieron identificar la función que el amor
y los celos desempeñaban en lo más íntimo de sus vidas, y en la dinámica
de su relación.
Con
independencia del enfoque, o la combinación de enfoques, que empleemos
para analizar esta relación de por sí complicada, la historia nos
muestra a los celos como la sombra del amor. Comencemos por el amor de
Linda por Alan y los celos que éste le provocó. Los padres de Linda eran
intelectuales y profesionales exitosos. También eran muy unidos y su unión
no dejaba mucho espacio para Linda. Además, la vida afectiva de Linda
estaba marcada por la competencia con un hermano mayor brillante y frío y
por la identificación con la infelicidad de su madre. Como consecuencia
de estas experiencias infantiles, Linda era intelectualmente sofisticada
pero vivía abrumada por sus inseguridades afectivas. Alan, un hombre
simple, le brindó la adoración e intimidad que ansiaba a causa de las
carencias que habían marcado su infancia. Sólo después de que Alan hubo
satisfecho sus necesidades afectivas más profundas estuvo en condiciones
de buscar alguien que se le asemejara más (y que se asemejara a su padre
y a su hermano). Cuando Linda tuvo su amorío, los celos de Alan se
centraron en su propia inferioridad intelectual respecto al amante.
Los
padres de Alan eran granjeros, gente práctica y sin complicaciones. Alan
se sentía amado, pero a pesar de ello estaba desesperado por alejarse del
mundo que ellos representaban. Cuando Linda tuvo su amorío, no sólo se
sintió devastado por la traición de la mujer que adoraba sino también
rechazado por el mundo que ella representaba. Alan quería ser consolado
por alguien que se asemejara más a él. Necesitaba alguien que lo
apreciara y sus compañeras de tenis satisficieron esa necesidad. Durante
la segunda crisis de su matrimonio se entregó a buscar exactamente lo
mismo, y lo encontró en su relación con Gail.
Los
celos de Linda estaban dominados, por el sentimiento de exclusión que había
experimentado con tanta frecuencia en su infancia: “ellos dos” (sus
padres) compartían una intimidad maravillosa que no la incluía a ella.
La seguridad de ser amada y adorada por un hombre estable como Alan se había
esfumado. Ya no se sentía segura y especial. Él les es taba dando a
otras mujeres (sobre todo a Gail) lo que ella consideraba exclusivamente
suyo: la afirmación que no había podido lograr cuando era una niña, la
certeza de que era una “número uno”.
El
amor que unió a Alan y Gail fue de otro tipo. Tenían cosas en común:
sus historias familiares eran semejantes y entre ellos se desarrolló una
amistad espontánea mucho antes de que sintieran un asomo de pasión.
Cuando Alan volvió con Linda, los celos de Gail se centraron en la pérdida
de aquella amistad. La traición sentimental de Alan fue particularmente
dolorosa para Gail porque él era alguien a quien ella había considerado
un amigo de verdad y un alma gemela.
El
amor entre Gail y Linda fue alimentado por las in tensas emociones que
compartieron: amor, celos, furia con tra Alan, y camaradería entre
mujeres. Albergaba también otro elemento de gran fuerza: Gail y Linda se
complementaban de una manera muy parecida a como se complementaban Linda y
Alan. Gail era “las raíces” y Linda “las alas”. Una combinación
que, volvía a demostrarse, resultaba poderosa. Lo cier to es que la
combinación era mucho más poderosa para Gail que para Linda, porque
Alan, con quien Linda tenía una relación similar, era físicamente más
fuerte y más capaz de hacerla sentirse segura.
Cuando
Linda volvió con Alan, los celos de Gail se centraron en la pérdida del
vínculo íntimo que las dos habían compartido. Estaba segura de que
nunca más volvería a establecer un vínculo de esta naturaleza. Con el
tiempo descubrió que si bien no podía establecer un vínculo así con un
hombre podía tenerlo con otra mujer.
El
análisis psicodinámico de la relación entre Alan, Linda y Gail pone el
acento en las necesidades inconscientes que sus respectivos celos hacen
surgir y en las experiencias infantiles que están en las raíces de sus
celos y su amor.
La
consideración de los celos como una cuestión de pareja (en sus tres
permutaciones) es un ejemplo del enfoque sistémico. En el caso de Linda y
Alan, por ejemplo, se enamoraron porque cada uno representaba una parte
que al otro le faltaba (Linda era “las alas” de Alan, y Alan “las raíces”
de Linda). Con el tiempo, no obstante, la parte que al otro le faltaba se
convirtió en una fuente de repetidos conflictos. Cada uno quería lo que
el otro menos estaba en condiciones de darle: Linda quería que Alan
llegara a ser más intelectual, y Alan quería que ella se dedicara menos
a su carrera. Cuando Alan y Linda reconocieron este patrón destructivo
pudieron trabajar en el desarrollo de las partes que a cada uno le falta
ban. A Linda, la maternidad le procuró una oportunidad particularmente
gratificante de desarrollar sus “raíces”. A Alan, la posibilidad de
asistir a la universidad le dio una oportunidad de desarrollar sus
“alas”. Una vez que se entregaron a desarrollar sus “partes
faltantes” ya no dependieron del otro para procurárselas.
Desde
el punto de vista sociobiológico, las diferencias entre las relaciones de
Linda con Gail y con Alan ilustran la diferencia característica entre la
reacción masculina a los celos y la femenina. Cuando los celos se
apoderaron de ellas, Gail y Linda se sintieron devastadas y reaccionaron
con tentativas desesperadas orientadas a salvar la relación. La reacción
de Alan, en cambio, fue la típicamente masculina: con furia y
agresividad, protegiendo a su yo más que a la relación.
Para
la perspectiva psicosocial, la necesidad del trío de relaciones monógamas
exclusivas refleja el valor norteamericano de la monogamia. En otra
cultura, el trío podría haber encontrado una solución bajo la forma de
una familia triangular. En una sociedad polígama Alan podría haberse
casado con Linda y con Gail. Los celos son una reacción culturalmente
aceptada a muchas de las situaciones narradas en esta historia. Ninguna de
las reacciones de celos descritas habría ocurrido en una cultura como la
de todas.
Para
volver a la definición de los celos que propuse antes, pienso que la
mayoría de los lectores estarán de acuerdo en que cada vez que Alan,
Linda y Gail experimentaron celos, cada uno estaba reaccionando a lo que
percibía como una amenaza que se cernía sobre una relación que ellos
valoraban. Los celos, como lo ilustra esta historia, son una respuesta
compleja sometida a muchas influencias: experiencias infantiles, la dinámica
propia de las relaciones, respuestas aprendidas, normas culturales y
diferencias propias de cada uno de los sexos.
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