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Aprender a conocer y superar
nuestras
BARRERAS
AFECTIVAS
Y EMOCIONALES

MANUAL PRÁCTICO
Basado en las
Investigaciones de
William P. Ryan y Mary E. Donovan
"¿por
qué debo dar tanto para recibir tan poco?"
Algunas
personas que creen dar más en las relaciones no se preocupan por el
desequilibrio. Siendo la fuerte propensión a dar un rasgo máximo de su
carácter, dan porque les resulta natural hacerlo, y no porque esperan que
se les pague con la misma moneda. A los tanteadores, en cambio, les
molestaban los desequilibrios que perciben. Aun cuando por naturaleza sean
propensos a dar, no les gusta ser lo que más dan en una relación.
Consideran que las personas vinculadas con ellos deben dar en igual
medida, y si eso no ocurre reaccionan con ira y resentimiento, sintiéndose
engañados y explotados.
Otros tanteadores responden al desequilibrio que advierten decidiendo
adoptar una actitud de retracción. Por ejemplo, una persona que siente
que uno de sus amigos no ha dado bastante en la relación, puede decir:
"No lo llamaré. Esperaré hasta que él me llame a mí. Es hora que una
vez toma la iniciativa". A veces esta estrategia da resultado, pero en
la mayoría de los casos fracasa. Ello se debe a que las personas que se
preguntan ¿"Por qué debo dar tanto para recibir tan poco?" suelen
ser casi siempre no solo dadores sino también iniciadores, en tanto
aquellos con los que se relacionan casi nunca lo son. Así pues, desde el
comienzo mismo de la relación se establece un esquema según el cual es
el iniciador quien hace el contacto (llamado al otro, o cruzarse la
habitación para acercarse a él), da el primer beso o abrazo, toma la
iniciativa para hacer el amor, es el primero en proponer planes (como ir
al cine o jugar al tenis) y el primero en preguntar "¿Cómo estás?".
Cuando el iniciador resuelve romper este esquema y esperar a que la otra
persona inicie las cosas, lo más común es que nada se inicie. Por
diversas razones, la otra persona simplemente no tiene la misma necesidad
o urgencia de "hacerse cargo y echar a rodar la pelota". De modo que
el tanteador-iniciador acaba experimentando el sufrimiento de ver sus
propias y fuertes necesidades insatisfechas, mientras aguarda que la otra
persona haga su movida. Y su resentimiento crece sin cesar.
LOS
RASGOS COMUNES DE LOS TANTEADORES
Si bien sus estilos pueden diferir, hay algo que los tanteadores tienen en
común: la memoria selectiva. Por lo general no les cuesta nada recordar
todo lo que han hecho los demás, y las cosas horribles que los demás les
han hecho. Pero cuando se trata de recordar las gentilezas, la ayuda y el
afecto que han recibido, la memoria suele fallarles. Así, cuando alguien
responde al ataque de un tanteador diciendo: "No es cierto que yo no he
hecho nada por ti. ¿Qué me dices de aquella vez que hice tal y tal
cosa?", en un primer momento el tanteador se muestra confundido pero en
seguida trata de negar que pueda haber algo de cierto en lo que dice el
otro.
Del mismo modo, la mayoría de los tanteadores no cree que el principio de
prescripción deba aplicarse a las relaciones personales, o por lo
menos a las horribles iniquidades que han sufrido ellos en esas
relaciones. No importa cuanto tiempo haya pasado desde que al tanteador lo
lastimaron o lo trataron mal; él no puede permitir que el hecho sea
olvidado o por lo menos perdonado. Lo mantiene en sus registros mentales
para usarlo en su debido momento contra la persona que lo lastimó o que
provocó su ira. Aun años después de ocurrido., el tanteador no vacila
en volver a sacarlo a la luz y arrojárselo al otro a la cara.
Casi siempre los tanteadores padecen también otros bloqueos. Muchos, por
ejemplo, sufre el bloque "No quiero que tener que pedir lo que
necesito" o "¿Por qué no puedes adivinar mi pensamiento?".
Convencidos de que los demás deben simplemente saber lo que "ellos"
necesitan o desean, nunca dicen directamente que sienten que hay un
desequilibrio en la relación y que eso los hace desdichados. Además si
un tanteador dijera sin vueltas: "Siento que doy más de lo que recibo y
eso no me gusta", también correría el riesgo de enterarse de que su
valoración de la relación no es del todo correcta; que aun cuando hizo
anotaciones en su libro mayor mental, de alguna manera pasó por alto
muchos de los actos positivos y generosos del otro. Por otra parte, si el
tanteador le dijera a un amigo que está insatisfecho con la relación, el
amigo tendría la oportunidad de remediar la situación. Para muchos
tanteadores ésta sería una perspectiva amenazadora, dado que el único
papel que saben desempeñar en la vida es el del ofendido, el explotado,
el subestimado.
Otro bloqueo que presentan a menudo los tanteadores es: "Quiero amor,
pero sólo si es de cierto modo". Dado que este bloqueo hace que la
persona afectada desestime o rechace gran parte del amor que los demás
tratan de darle porque no se lo han dado "de manera apropiada" o "de
la manera en que yo lo quería", inevitablemente quedan eliminadas
muchas pruebas que podrían refutar o poner en duda la queja del tanteador
sobre lo poco que le dan los demás.
Pero el bloqueo subyacente que siempre se encuentra en el tanteador es
"En mi horóscopo no hay amor". Quienes padecen este bloqueo ven al
mundo como un sitio hostil porque en la infancia recibieron tan poco amor,
afecto, consuelo, que crecieron literalmente hambrientos de todo eso.
Aunque no todas estas personas se convierten en tanteadores, todos los
tanteadores aprendieron temprano en la vida a ver el mundo como un sitio
hostil.
Hambrientos de amor en sus primeros años, los tanteadores andan por la
vida buscando a alguien que les brinde el sustento emocional que no
recibieron en la infancia. Traen a sus
relaciones adultas al niño hambriento y desvalido que llevan sepultado en
su interior, y juzgan sus relaciones actuales con la sensibilidad de ese
niño. El niño interior hambriento piensa que el mundo le debe
el amor y el afecto de los que fue privado y siente que ha esperado más
que bastante para que se le pague lo que le adeuda. Como ocurre con
cualquier deuda vencida hace tiempo, no sólo espera que se le devuelva el
capital original, sino también los intereses y las multas acumulados.
Cuanto más tiene que esperar el niño el niño interior para que le
paguen lo que él piensa que le deben, tanto más aumenta la deuda total.
Y en la misma medida en que aumenta la cantidad "que se le debe",
también aumenta su rabia y su impaciencia por tener que esperar tanto. De
ahí que típicamente el bloqueo de los tanteadores también esté acompañado
por "La ira siempre estorba el paso", otro tipo de bloqueo, y por una
forma de bloqueo "Para mi es muy tarde; mi plazo ya venció".
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