'NO
NECESITO A NADIE: SOY FUERTE'
En
muchos casos, el bloqueo "No necesito ayuda" coexiste con el
bloqueo "No quiero ocuparme de mis sentimientos", y se lo puede
considerar una extensión y manifestación específica de aquel. Las
personas que están incomodas con sus sentimientos en general, lo están
en particular con sus sentimientos de necesidad y dependencia.
Muchas
personas que afirman, en esencia, 'No necesito a nadie: soy fuerte',
ignoran que esta posición actúa como bloqueo afectivo. Por el contrario,
creen que los demás los aman por su fuerza y su autosuficiencia, y temen
que si no fueran tan fuertes, los demás los amarían menos. No advierten
que existe una diferencia entre el amor y la admiración, y que si bien la
fuerza y la autosuficiencia pueden ser admirables, estos rasgos no
despiertan afecto en la mayoría de la gente, o por lo menos no tanto
afecto como la franqueza, la suavidad, el humor y la vulnerabilidad.
Tampoco advierten que mucha gente necesita que la necesiten, y por lo
tanto una postura de fuerza y autosuficiencia totales puede apartar a los
demás. Así por, por ejemplo, una persona puede levantar un muro tan alto
alrededor de sus sentimientos de dependencia y vulnerabilidad, que causa
la impresión de ser frío y soberbio, por lo cual suscita antipatía en
mucha gente.
CÓMO
NIEGAN LOS HOMBRES SUS NECESIDADES EMOCIONALES
En
nuestra cultura son sobre todo los hombres lo que tienen dificultades para
reconocer las formas en que están vinculados con los demás y dependen de
ellos. Varones y niñas desarrollan percepciones marcadamente distintas de
sí mismos en relación con los demás. Ello se debe a que por lo general
es la madre quien asume la responsabilidad principal por el cuidado de los
hijos. Las niñas por pertenecer al mismo sexo, no desarrollan un sentido
profundo de diferencia y separación en relación con la madre, y el hecho
de sentirse similares y conectadas con ella determina la visión que
tienen de sus posteriores relaciones y su manera de abordarlas. A la
inversa, los varones desarrollan una fuerte percepción de sí mismos como
individuos separados, muy distintos de las personas con la que tuvieron su
primer vínculo íntimo, y ello colora la visión que tienen de sus
relaciones adultas. Estas dos visiones diferentes de
la
propia persona se refuerzan más tarde a través de los roles sexuales. En
nuestra cultura se ha alentado tradicionalmente al varón a construirse
una identidad fuerte, como individuo independiente, en tanto que la mujer
se espera que derive su identidad de la fusión con el varón - más
valorado por su carácter de tal - y que, idealmente, le dé hijos
varones. El resultado final es que los hombres tienden a verse a sí
mismos como individuos autónomos, algo separados o totalmente apartados
de los demás, mientras que las mujeres se ven a sí mismas como personas
conectadas, insertas en una compleja red de relaciones.
Dentro
de una misma relación, es frecuente que el hombre se vea a sí mismo más
dependiente de lo que es en realidad, en tanto que a la mujer le ocurre lo
contrario. Por ejemplo, cuando un paciente nuestro, Alan, entró en
terapia hacía más de 12 años que Ana se ocupaba de sus necesidades físicas,
sexuales y emocionales. Sin el apoyo emocional de Ana, a Alan le resultaría
difícil enfrentarse con el mundo exterior, y sin sus servicios prácticos-
tales como lavarle la ropa y llevar el coche al taller para repararlo-, es
probable que Alan no podría vestirse por la mañana. No obstante, Alan
persistía en verse a sí mismo como un ser autónomo y autosuficiente, al
igual que muchos hombres en situaciones similares.
Ana,
por el contrario, tenía, como muchas mujeres, una percepción
insuficiente de su propia capacidad para bastarse a sí misma, y no veía
en absoluto la forma en que los demás se apoyaban en ella. Durante la
mayor parte de sus años de matrimonio, Ana creyó siempre que necesitaba
a Alan y dependía de él mucho más de lo que él la necesitaba y dependía
de ella. Minimizaba el hecho de haber trabajado como enfermera en doble
turno para que él pudiera terminar su carrera de abogado. "En realidad,
él no me necesitaba", decía. "Si no hubiera contado conmigo, habría
encontrado otra manera de hacerlo". Al mismo tiempo, minimizaba sus
propios logros, convencida de que ser enfermera era fácil, mientras que
llegar a ser abogado era difícil. "Yo no hubiera sido capaz",
aseguraba. Sólo después de 10 años de matrimonio y de entrar en un
grupo terapéutico, Ana comenzó a cuestionarse esas suposiciones.
EN
MI HORÓSCOPO NO HAY AMOR