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Aprender a conocer y superar
nuestras
BARRERAS
AFECTIVAS
Y EMOCIONALES

MANUAL PRÁCTICO
Basado en las
Investigaciones de
William P. Ryan y Mary E. Donovan
"ES
INEVITABLE QUE SALGA LASTIMADO"
El amor y la intimidad siempre entrañan el riesgo de salir lastimado.
Cuando nos importa otra persona abiertos para recibir su amor, somos
vulnerables a las vicisitudes de su personalidad individual y a los
acontecimientos exteriores que la afectan. Inevitablemente habrá momentos
en los que personas que son importantes para nosotros nos criticarán, nos
defraudarán, nos subestimarán o nos harán sufrir de alguna manera. Y
siempre existe el riesgo de que alguien con cuyo amor contamos se retire
en forma parcial o total de la relación o muera, dejándonos con un
sentimiento de abandono y desamparo, dolidos por la pérdida.
Muchas personas consideran que vale la pena correr estos riesgos en vista
de los placeres y los beneficios que las relaciones íntimas pueden
potencialmente procurarnos. Para otros, en cambio, pesa más el riesgo de
que los lastimen. En lo hondo de su ser sienten que el amor siempre lleva
al sufrimiento, un sufrimiento tan terrible que el dolor supera de lejos
al posible placer.
CUANDO
SER AMADO SIGNIFICA SER LASTIMADO
Algunas
personas equiparan amor con sufrimiento porque cuando niños su contacto
principal con sus padres fue a través de la violencia o el desinterés.
Los padres se relacionaban con ellos sobre todo a través de los golpes o
el castigo. Cuando no los maltrataban en forma activa, sencillamente no
les prestaban la menor atención, por lo cual los niños crecían con la
idea de que ser amado significa ser maltratado o ignorado.
Las personas a quienes les pegaban cuando eran niños, suelen decir:
'Después de un tiempo, ya no dolía', y también: 'Era mejor que a
un le pegaran y no que lo ignoraran. El 'tratamiento silencioso' era
mucho peor que los golpes'. Racionalizaciones parecidas son frecuentes
en víctimas de abuso sexual en la infancia, que afirman: 'No fue tan
malo' o 'Por lo menos me prestaban atención'. Dada la intensa
necesidad de contacto con sus padres que tienen los niños, algún
contacto -aunque sea abusivo o violento- puede ser mejor que ninguno.
Pero incluso los niños que no fueron habitualmente maltratados pueden
aprender a vincular amor y dolor. 'Sólo hago esto porque te amo',
'Esto me duele más que a ti', y 'Si no te amara tanto no haría
esto', son frases comunes en boca de muchos padres cuando castigan a sus
hijos. Estas palabras le dicen al niño que lo que está recibiendo es
amor, cuando su reacción natural es sentir miedo, ira, humillación y una
gran falta de amor. De ahí que en ese tipo de situación el niño aprenda
a invalidar sus propios sentimientos, y a internalizar el mensaje de los
padres, diciéndose a sí mismo: 'Recibí el castigo que merecía', y
Sólo me hicieron eso porque me aman y quieren corregirme'.
MENSAJES CULTURALES
Aunque todo el mundo está expuesto a la idea de que el amor conduce al
sufrimiento, varones y mujeres reciben mensajes que, en aspectos sutiles
pero significativos, son diferentes. El mensaje común que transmiten a
los varones sus padres, sus pares y también los medios de difusión, es
que amar los llevará a una pérdida de poder y libertad. A los varones se
los alienta a dar rienda suelta a sus impulsos mediante el contacto sexual
con el sexo opuesto, pero se los previene contra el compromiso emocional.
Aprenden que una vez que el hombre entrega su corazón se convierte en un
'bobo enamorado' que pierde su autonomía, y al que como a un animal
de tiro se lo 'ensilla' con responsabilidades pasadas y restrictivas.
LOS
QUE ELUDEN EL SUFRIMIENTO Y LOS QUE LO BUSCAN
Quienes
padecen el bloqueo 'Es inevitable que salga lastimado' pueden
agruparse en dos categorías generales: los que eluden el sufrimiento y
los que son adictos al sufrimiento. A los primeros los motiva
principalmente el miedo al sufrimiento que están seguros habrán de
padecer si se permiten a sí mismos amar y ser amados. Según sea la
dimensión y la naturaleza exacta de su miedo, o se abstienen por completo
de toda relación íntima, o bien establecen relaciones pero luego se
distancian o escapan apenas empieza a desarrollarse una auténtica cercanía.
SI bien quienes eluden el sufrimiento pueden pertenecer a uno u otro sexo
y tener cualquier inclinación sexual, esta manifestación del bloqueo
'Es inevitable que salga lastimado', es especialmente común entre
hombres heterosexuales. Muchos pasan de una relación sentimental u otra,
retrayéndose o desapareciendo cuando empieza a desarrollarse una
verdadera intimidad. Cuando alguien repite el esquema hasta el punto en
que eludir el sufrimiento se convierte en un modo de vida, es inevitable
que en ese proceso también desarrolle otro bloqueo importante. Dicho
bloqueo -'No puedo tomar un compromiso'- y sus relaciones con el
bloqueo 'Es inevitable que salga lastimado', otro bloqueo.
Los adictos al sufrimiento también tienen la certeza de que el
sufrimiento será inevitable si se permiten a sí mismos amar y ser
amados. Lo que los diferencia de la categoría
anterior es que están más que dispuestos a sufrir sin límites en aras
del amor. De hecho, es frecuente que se sientan atraídos -como la
polilla por la lana- precisamente hacia aquellas personas que más habrán
de lastimarlos. Para ellos, una relación no entraña cierto caudal de
sufrimiento, obviamente no es una verdadera relación amorosa.
Aunque los adictos al sufrimiento pueden ser hombres o mujeres,
heterosexuales u homosexuales, el ejemplo más emblemático ha llegado a
ser la mujer que una y otra vez se relaciona con hombres tan acosados por
problemas como lo estaban los padres de ellas. Ya se trate de alcohólicos,
drogadictos, mujeriegos, tiranos, golpeadores, eternos fracasados o
simplemente individuos emocionalmente reprimidos, son hombres que generan
problemas con P mayúscula, y que acarrean enorme sufrimiento a las
mujeres que los aman.
Sin embargo, estos hombres suelen poseer también ciertas cualidades muy
atractivas, y pasan por momentos o períodos en los que pueden ser muy
cariñosos, cosa que habitualmente ocurre incluso con los 'peores'
padres. Este punto crucial es la clave para comprender el comportamiento
de los adictos al dolor. Hasta los niños más seriamente maltratados rara
vez crecen con una falta total de amor. Padres que por lo general son fríos,
indiferentes o abusivos con sus hijos, tienen momentos en los que se
muestran bondadosos, atentos, risueños y afectuosos. Es el carácter
impredecible de la conducta de los padres el que hace que los hijos se
'enganchen' en relaciones dolorosas. SI los padres se muestran SIEMPRE
fríos e indiferentes, los hijos pueden simplemente dejarlos de lado y
dirigir su búsqueda de amor hacia otras personas capaces de brindárselo
en forma consecuente. Pero cuando los padres son OCASIONALMENTE cariñosos,
los hijos se empeñan en generar situaciones que susciten esa actitud
afectuosa. Convencidos de que sus padres son buenos 'en el fondo', los
hijos hacen todo lo posible por hacer aflorar esa bondad. Cada vez que el
padre o la madre indiferente da alguna muestra
de bondad y afecto, los hijos tratan de recordar con exactitud qué fue lo
que hicieron y dijeron para que ello ocurriera. Piensan que si vuelven a
hacer lo mismo, recibirán nuevas muestras de amor. Si esto no ocurre, los
hijos no advierten que la conducta de los padres nada tiene que ver con
ellos, y suponen que no han hecho lo que correspondía, o no lo han hecho
exactamente como debían. Cada fracasado intento de hacer aflorar el lado
afectuoso de sus padres los convence de que los culpables de esa falta de
amor son ellos, y que sin duda algo malo habrán hecho.
Quienes funcionan de este modo repiten el mismo esquema trágico en sus
relaciones adultas, sobre todo en las relaciones amorosas. Una y otra vez
se embarcan en relaciones con personas tan duras para brindar amor como lo
eran sus propios padres. Ansiosos de conseguir por fin el amor que nunca
recibieron de sus padres, son arrastrados a una clásica compulsión
repetitiva, una necesidad inconsciente de volver a vivir sus relaciones
familiares tempranas hasta que logren el dominio de la situación y puedan
cambiar el resultado final. La decisión inconsciente que toma el adicto
al sufrimiento es ésta: 'Voy a hacer esto una y otra vez hasta que me
salga bien'.
Podría argumentarse que las personas adictas al sufrimiento, sobre todo
las mujeres, son masoquistas, o sea que el dolor les produce placer. Pero
a los adictos al sufrimiento no les resulta para nada placentero el dolor
que sus relaciones les acarrea; por el
contrario, lo encuentran insoportable. El sufrimiento no les parece BUENO,
sino JUSTO, porque les es muy familiar. Es fácil impacientarse con los
adictos al sufrimiento y decir que si son desdichados en sus relaciones es
por su propia culpa, por elegir siempre a personas que no les convienen.
En verdad, lo que hacen al revivir su sufrimiento temprano es tratar de
encontrar una manera de poner fin al dolor. 'Si paso por esto una vez más',
piensan, 'podré por fin encontrar una salida'.
"ME
SIENTO AMENAZADO CUANDO OTRA PERSONA SE ACERCA DEMASIADO"
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