Preámbulo
«La enseñanza de las
matemáticas ha planteado siempre un problema bastante
paradójico. Existe, en efecto, una determinada categoría de
alumnos, por lo demás, inteligentes y que dan prueba de una
inteligencia superior en otros campos, que, no obstante,
fracasan más o menos sistemáticamente en matemáticas. Ahora
bien, éstas constituyen una prolongación directa de la lógica
misma, hasta el punto de que es imposible actualmente trazar una
frontera estable entre estos dos campos (y esto, cualquiera que
sea la interpretación dada de esta correspondencia: identidad,
construcción progresiva, etc.) Es, pues, difícil, de entender
que sujetos bien dotados para la elaboración y la utilización de
estructuras lógico-matemáticas espontáneas de la inteligencia se
encuentren en situación de desventaja en la comprensión de una
disciplina que se basa exclusivamente en lo que de tales
estructuras se puede tomar. El hecho está ahí y plantea un
problema.»
JEAN PIAGET,
Psychologie et Pédagogic
La teoría del chichón
Quizá haya entrado Usted
en esta sección por curiosidad. Una
curiosidad unida a una vieja angustia y quizá matizada por una
última esperanza. El título del capítulo "Y en matemáticas...
¿qué tal?" es para la mayoría de los casos falsamente
interrogativo. Todo el mundo sabe que en matemáticas se anda mal
o muy mal, que es algo que no marcha.
Nada se ha arreglado. La
situación pintada por Jean Piaget podría haber empeorado un
tanto si se hubiera incrementado el papel de las matemáticas en
la enseñanza. Ser nulo en matemáticas, cualidad de la que antaño
se podía estar orgulloso, representaría más bien hoy una grave
desventaja. La paradoja ha adquirido tal peso y amplitud que
alcanza las dimensiones de un traumatismo social humillante.
Los padres se sienten al
menos tan afectados como sus hijos en muchos casos. Inquietos,
aguardan cautelosamente, alarmados ante la menor flojedad, los
signos de aptitud, por pequeña que sea, de sus retoños para las
matemáticas. El cuadro de este estado paradójico, notablemente
pintado por Piaget, sigue siendo verdadero en el fondo, pero el
en vite (desafío) social al que está ligado ha adquirido
proporciones aberrantes por dos razones.
La primera radica en que esta
paradoja, psicológicamente inexplicable y pedagógicamente
inadmisible, se ha convertido en una herramienta de selección
basada en la explotación de un misterioso fenómeno del
pensamiento, cuya significación sigue siendo oscura.
La segunda está en la
profunda contradicción que hay, por un lado, entre la evolución
del mundo hacia una civilización científica e informática y, por
otro, la voluntad deliberada de excluir al mayor número de una
educación del pensamiento indispensable para este tipo de
futuro.
Empecemos por rechazar la
«teoría del chichón», que pretende que la aptitud para las
matemáticas viene de una disposición o de una protuberancia
específica del cráneo.
Esta concepción separa
despiadadamente el mundo en dos campos: los cráneos abombados y
los otros. Los matemáticos pertenecen a una tribu especial de
extrañas costumbres: los marcianos del pensamiento.
Nuestro rechazo de esta
hipótesis común se funda en nuestra práctica en la enseñanza de
las matemáticas a adultos de todas las edades así como a
estudiantes. Las relaciones que ellos mantenían con las
matemáticas iban de frías a glaciales. Entre los numerosos casos
de «curación' constatados ninguno estuvo acompañado jamás por
una influencia cual quiera de la cavidad craneana. Obtenían
ahora, con el mismo cerebro, lo qué concienzudamente no pudieron
lograr durante largos años. Esta constatación experimental
elimina la hipótesis de la existencia de un factor psíquico
específico para las matemáticas. No son el resultado de cerebros
excepcionales y no pueden ser más que la actividad normal de un
cerebro normal.
Parecería casi lamentable el
fracaso de esta teoría del chichón. Parecía simple y ofrecía la
indiscutible ventaja de explicar por qué algunos dominan las
matemáticas y otros no. Su eliminación nos enfrenta con esta
famosa paradoja y nos obliga a buscar una explicación más
convincente.
Disponemos, para llegar a
ella, de los conocimientos adquiridos que se han ido
constituyendo a lo largo de los tres primeros capítulos. La
representa que hemos construido del pensamiento debe permitirnos
precisar la verdadera naturaleza de las matemáticas y comprender
así las causas reales de la situación paradójica que vivimos.
Esta será una nueva ocasión de probar nuestras hipótesis y,
eventualmente, de reconsiderarlas o enriquecerlas.