Hemos asistido, hasta el
momento, a un desarrollo más bien inesperado de esta sección.
Hemos levantado algunas liebres que la imaginación se ha
apresurado a perseguir, un procedimiento creador, pero que, para
ser plenamente fructífero, necesita una pequeña reorganización
de nuestras ideas.
Analicemos la situación
Hemos partido de un texto de Jean Piaget, en el que se afirmaba
que era paradójico ver cómo una disciplina, que es una
prolongación directa de la lógica, se revela inaccesible para
personas que manejan fácilmente, en otros campos, las
estructuras que aplican las matemáticas.
Fieles a nuestra actitud
experimental, nos hemos lanza do sobre la pista de las causas de
es paradoja sirviéndonos del estudio de un ejemplo relativo a
las audiencias de diferentes medios de comunicación. Que un
conocimiento matemático adquirido juega un papel útil y normal
en un razonamiento nos lo muestra una primera utilización de los
conjuntos bajo la forma puramente gráfica. Los límites de la
visualización revelan un primer obstáculo eventual, el del
lenguaje. Este obstáculo, sin embargo, no es propio de las
matemáticas, pero presenta una especificidad importante. El
vocabulario matemático no designa los elementos de la realidad
física externa a los individuos, sino que representa actividades
mentales que no pertenecen a este universo palpable y accesible
por medio de la percepción sensorial.
Al profundizar en este
ejemplo, hemos descubierto una actividad mental, que ha pasado
inadvertida en el capítulo 2, la cual transforma el saber
adquirido por medio de la reorganización, la deducción o la
generalización. Un segundo circuito mental, en cierto modo
simétrico con el ya inscrito en nuestro esquema global, en el
que la lógica y la imaginación intercambian sus papeles. La
imaginación toma el timón y la lógica se convierte en el motor
de estas transformaciones. Guardémonos de ver ahí un fenómeno
psíquico puramente matemático, que justificaría la teoría del
chichón. Cualquier disciplina que construya un soporte teórico
basado en un conjunto de conocimientos adquiridos coherentes
posee esta particularidad. Las ciencias experimentales, tales
como la física, la química o la biología, constituyen excelentes
ejemplos en los que se manifiesta este tipo de actividad mental.
Pero, también, el derecho presenta esta característica.
Esto es, pues, lo esencial de
nuestra cosecha, quedan por sacar algunas conclusiones.