Todas estas historias las ha
contado el inspector en el transcurso de un banquete en el que
se reunía la Asociación de Antiguos Comisarios de la calle de la
Razón. En el momento de pagar la cuenta, el inspector Laprueba
tesorero de la asociación, se dio cuenta de que un ratero le
había limpia do el dinero de la asociación, por lo que lanzó la
apuesta siguiente:
«Si, al menos, dos personas
de las presentes han nacido el mismo día del mes, - cada uno
pagará su comida, si no, la cuenta corre de mi parte.»
Sabiendo que los comensales
eran trece y que Laprueba no conocía las flechas de nacimiento
de sus colegas, ¿cuán tas posibilidades tenía de ganar la
apuesta?
0
% 50% 100%
¿Qué conclusiones se pueden
sacar de estos dos últimos juegos?
Usted ha debido de evaluar el
número de posibilidades que tiene el inspector de ganar sus
apuestas. La experiencia de las respuestas dadas por las
personas sometidas a estos juegos nos permite presentar la
estadística siguiente:
El 90 por 100 de las personas
responden a priori que el policía tiene alrededor del 20 por 100
de posibilidades de tener en su lista uno de los números
elegidos. En efecto, ¡el cálculo de probabilidades muestra que
el tiene el 87 por 100 de posibilidades de ganar dando nueve
números al azar! No se sorprenda usted del llamado don de
adivinar del inspector y por los numerosos aciertos coincidentes
con sus listas de números. El azar los explica suficientemente.
Otro tanto pasa con «Trece en
la mesa»; se evalúan en general las posibilidades del inspector
en alrededor del 40 por 100 -sin duda porque trece (personas)
dividido por 31 (días) da 0, 40. ¡Sus posibilidades reales de no
tener que pagar la comida son el 95 por 100! ¡Una casi certeza
de no pagar la factura!
Esta distorsión entre la
realidad (87 y 95 por 100 de posibilidades de ganar) y las
evaluaciones intuitivas (20 y40 por 100) evidencia la dificultad
que existe de sacar una representación correcta de lo real.
No existe aquí una fórmula
milagrosa para soslayar el problema. Únicamente sirve de ayuda
la toma de conciencia que hemos intentado desencadenar por medio
de los dos juegos con sus sorprendentes resultados.
En consecuencia, es necesario
saber detenerse en el momento del paso a la representación, no
precipitarse sobre los factores siguientes, lógica, elementos
adquiridos..., por muy seguro que ahí pueda sentirse uno, como
dentro de un blando capullo de gusano, lejos de la realidad y de
sus problemas.
Si esta frase se conduce mal,
la ejemplaridad eventual del camino seguido por el pensamiento
no impedirá en adelante que las conclusiones extraídas estén
marcadas por la debilidad del punto de partida y corran gran
peligro de ser totalmente falsas.