Nuestras investigaciones
precedentes han mostrado que las maten explican perfectamente
dentro de su construcción, desarrollo y utilización sin tener
que recurrir a la hipótesis de una capacidad psíquica especial
que la naturaleza distribuiría tacañamente a algunos elegidos.
Las raíces de la paradoja están por otra parte.
Está, además, en primer
lugar, dentro de la naturaleza misma de las matemáticas el hecho
de que esta disciplina re presenta el trabajo mental, el
"dentro-de-nosotros-consciente". Este origen entorpece, como ya
lo hemos señalado, el pro ceso de asimilación del lenguaje. Por
esta misma razón, el desarrollo de las matemáticas no se puede
hacer más que por transformación de los conocimientos
adquiridos. La actividad imaginativa es la única fuente de
fabricación, no hay creación sin este medio de producción
exclusivo. Esta situación original, y esta vez única, segrega
una dificultad enorme. La construcción de otras disciplinas
descansa sobre un cierto equilibrio entre lo
imaginativo-lógico y lo lógico-imaginativo. Este
equilibrio se revela imposible en matemáticas, esta materia
parece pertenecer a otro mundo.
La segunda relación se
relaciona con las pedagogías practicadas en la enseñanza de las
matemáticas. La tradición rancia, que nosotros llamaremos la
«corriente del museo» por su presentación según un esquema
histórico que reserva un gran espacio a las antigüedades
notorias, establece un pseudo equilibrio entre lo
imaginativo-lógico y lo lógico- imaginativo, basado en falsos
problemas reales (grifos que pierden agua, bañeras cuyo
contenido se evapora, trenes que se persiguen), verdaderos
pretextos para disimular los obstáculos identificados y huir de
la dificultad.
La tradición actual, que
bautizaremos con el nombre de «corriente de catedral» y que ha
roto con el museo, se cementa en un método riguroso, puramente
imaginativo- lógico, que se corresponde con la verdadera
naturaleza de las matemáticas (Bourbaki y algunos más). La sed
de coherencia y de pureza satisfecha malogró la tentativa. La
independencia del mundo psíquico se convirtió en separación
absoluta.
La ruptura con el «museo» no
ha bastado para mostrar claramente las verdaderas raíces. El
edificio inacabado sirve de catedral a la que cada cual puede ir
a rezar para que el benjamín de la familia reciba la gracia de
la divinidad. Un punto común une la catedral y el museo: a causa
de ellos, gene raciones de inocentes han adquirido la certeza de
que estas matemáticas son una construcción Intelectual más
próxima a la enfermedad mental que al pensamiento humano.
En el fondo, la oposición a
la paradoja no ha sido nunca seria. Estas pedagogías
catastróficas traumatizan a todo el mundo y cada uno se las
arregla como puede con más o menos fortuna.
Hay un hecho, sin embargo,
que está poniendo todo en tela de juicio: la invasión
informática, que nos está llevando a todo correr hacia una
civilización científica. Una sociedad así necesita una educación
del pensamiento más estimulan te y mucho más ampliamente
difundida. Las matemáticas -única herramienta de desarrollo de
la actividad imaginativo-lógica, indispensable para la
utilización de las- máquinas informáticas- no puede seguir
dependiendo de pedagogías de rendimiento tan bajo. Están
contados los días de la paradoja.
Hay un solo medio de acabar
con esto: inscribir la enseñanza de las matemáticas dentro de un
sistema educativo que considere con el mismo título la realidad
física externa, el «fuera-de-nosotros-consciente», objeto de las
acciones concretas, y la realidad mental interna, el
"dentro-de-nosotros-no muy consciente", herramienta de estas
acciones. De esta manera Se restablecerá la continuidad de las
matemáticas y del pensamiento. Desaparecerá el misterio. La
asignatura de las matemáticas recobrará sus raíces humanas y
llegará a ser, al fin, para una gran mayoría, el complemento
útil de la inteligencia que ellas profundamente son.