Esta penúltima hipótesis
completa las consideraciones hechas sobre el papel del saber
adquirido y la memoria. En nuestro esquema estos dos factores se
comunican con el circuito imaginación-lógica por medio de flechas
de sentido contrario. Al principio de estos dos flujos inversos se
encuentra, sin embargo, una misma capacidad: la asimilación.
En su primer sentido este
término significa "acción de considerar que dos cosas son
análogas". Encontramos así las conclusiones sobre el saber
adquirido establecidas en la hipótesis número 2: el empleo del
saber adquirido consiste en principio en descubrir que las
circunstancias actuales pertenecen a un grupo de situaciones
similares, campo en el que el empleo de este saber adquirido se
funda. Este mismo sentido asegura la selectividad de la memoria:
la alimentación interna del circuito imaginación-lógica no se hace
al azar. El empleo de la memoria pasa por un reconocimiento de
similitudes entre el objeto del razonamiento y el objeto de las
informaciones memorizadas.
El segundo flujo representa la
asimilación tomada como sinónimo de absorción o de integración. De
esta manera, los conocimientos adquiridos no forman una estructura
petrificada, pues ésta vive y evoluciona alimentándose con nuevas
formas de representar o de transformar. Estas aportaciones primero
se registran, luego se incorporan a los conocimientos adquiridos
anteriores. Cualquier «adquisición)' modifica el acercamiento a lo
real; cambia más o menos pro fundamente los juegos de la
imaginación y de la lógica. El ejercicio de los sellos lo ilustra
perfectamente. Esta adquisición, enriquecimiento de los recursos
mentales, no debe confundirse con la memorización. A nivel de la
memoria, el segundo tipo de asimilación corresponde a la función
usual de esta facultad, registrar y conservar las informaciones.
En resumen, esta actividad se
compone de la superposición simultánea de dos movimientos, el uno
contribuye a la construcción de los razonamientos y el otro
incrementa los medios de esta contribución.
Sin esta asimilación no
subsistiría ningún rastro de cualquier actividad mental pasada.
Nos veríamos condenados eternamente a tener que reinventar las
soluciones de los mismos problemas, lo que impediría toda
evolución.