Al comienzo, en nuestros cuatro
ejercicios, disponíamos de un conjunto de datos. Los factores de
la actividad mental trabajan con un máximo de eficacia en estas
condiciones perfectamente artificiales, características de los
juegos.
Hacer un trabajo así
directamente sobre las situaciones reales se revela casi
imposible. La realidad es compleja, densa, diversa. El número de
elementos a tener en cuenta en una estimación global son con
creces la capacidad de un cerebro. Éste no puede manejar a la vez
más que un número limitado de informaciones. En la realidad, por
lo tanto, se hace necesaria una selección; hay que construir una
representación fiel con los elementos que se juzgan esenciales.
Nuestra relación con la
realidad se asemeja a la del pintor con el paisaje. Sobre la tela
no pueden figurar todos los de talles. El pincel captará aquello
que el pintor juzgue esencial. La representación de un paisaje se
va despejando poco a poco, hasta llegar al cuadro acabado.
Esta construcción es el fruto
de la realidad, de la imaginación y de la lógica, apoyadas
eventualmente por el saber adquirido y la memoria. Reaparece el
trabajo, ya clásico, de la pareja imaginación-lógica: producción
de imágenes, orientación de esta producción, selección y
estimación de los resultados. Nace así un conjunto limitado de
elementos que forman una imagen de una realidad, un poco como el
granulado de una placa fotográfica que, una vez impresionada por
la luz, forma una imagen del sujeto fotografiado.
En esta reducción de la
realidad, hay, claro está, una pérdida de información, bastante
compensada: sobre la representación que de ella resulta se hace al
fin posible el empleo de la imaginación de la lógica, de la
memoria y del saber adquirido.
Todo esto, además, corresponde
método que seguimos desde el inicio de este capítulo, signo de
coherencia alentadora.
Dos nuevos factores a completar
nuestro esquema de comprensión:
