En nuestro batiburrillo inicial hemos distinguido
dos tipos de situaciones. Sea que la solución se construye solamente
con la imaginación y la lógica, o bien que interviene un tercer
factor: el saber, adquirido.
Volvamos a "El
intercambio de sellos de correos"
para precisar esta noción. Para desenredar la madeja, sin
dolores de cabeza, habíamos aconsejado designar con letras (X, Y, Z,
etc.) las nacionalidades, evocadas sin ser explícitamente nombradas.
Con esto se facilitó grandemente una primera reorganización de los
datos y nos ahorramos grandes esfuerzos de imaginación y lógica.
En este caso, la acción del saber adquirido se
apoyaba en la reorganización de los datos, pero las otras
transformaciones se encuentran igualmente afectadas. La asimilación
de la noción de deducción simplificó la eliminación de diablos, la
comprensión de la deducción hipotética sirvió para formular las
hipótesis relativas al intercambio de sellos, sustituir los «?» por
números se hizo más fácil al cabo de algunos ensayos.
El sabor adquirido permite emplear las experiencias
asimiladas, los conocimientos acumulados, y exime de tener que
reimaginar eternamente las soluciones de los mismos problemas.
Finalmente, el saber adquirido aparece como una
capacidad de asociar a un tipo de situación un modo de
transformación, una respuesta o una categoría de hipótesis. Pero
esta asociación no se emplea directamente, más que en situaciones
que reproducen perfectamente las circunstancias en las que se ha
formado.
Por ejemplo, un jurista habituado a las denuncias
contra X o un matemático curtido en ecuaciones conocen sin duda
alguna el procedimiento de las letras (X, Y, Z) sugerido en el
intercambio de sellos. Sin embargo esto no basta para proporcionar
una ventaja a estos dos personajes. Los enredos internacionales de
nuestros filatélicos no tienen nada en común con la apertura de un
sumario o la averiguación de una incógnita. Por falta de una
indispensable adaptación a las nuevas circunstancias, un jurista o
.in matemático compartirían la misma confusión que otros menos
acostumbradas a este género de astucias.
La aplicación de un saber adquirido no se pone en
funcionamiento mecánicamente, sino que se imagina dentro de un
proceso de adaptación gobernado por, la lógica. Reaparece el doble
papel de la imaginación; por una parte, busca en el saber adquirido
un complemento de los medios para desembarazarse de una
representación y superarla; por otra, anticipa las ventajas.
Esta adaptación, sin la cual él saber no tendría más
que un campo de utilización estrictamente limitado, constituye una
nueva función de la imaginación y de la lógica que. se añade a las
mencionadas en la hipótesis precedente.
El saber adquirido encuentra fácilmente su sitio en
nuestro esquema página siguiente).
Dos flechas de sentido contrarió representan las
vinculaciones entre el saber adquirido y el circuito imaginación-
lógica. En efecto, el intercambio es doble. El saber adquirido
sustenta la creación del razonamiento al tiempo que se nutre de esta
construcción.