Continuemos explotando el
fruto de nuestros esfuerzos.
Nuestra representación del
pensamiento nos ha proporcionado un soporte interesante para el
examen de las aportaciones del ordenador. Intentemos realizar
una segunda experiencia para comprobar e interés y. esta
eficacia.
Después de la informática,
para ensanchar el campo de experimentación, elijamos un tema que
no esté dominado por una tecnología. La educación concuerda
perfectamente, pues es suficientemente vasta y difícil como para
suministrar sindicaciones útiles y alejadas de las máquinas.
La costumbre nos obliga a
empezar buscando una representación que nos permita una mejor
comprensión de un proceso de educación y de su éxito.
La abstracción educativa
El valor de un certificado de
estudios depende del futuro imaginado. El interés por enriquecer
el saber adquirido se aprecia en función de las múltiples
utilidades de todas las clases que se prevean.
Esta cuarta abstracción,
flexibilidad intelectual indispensable para el buen empleo de la
informática constituye también una transición necesaria.
Facilita el paso de lo lógico imaginativo a lo
imaginativo-lógico. Este paso abrupto es una dificultad que es
mayor dentro de la enseñanza pues es la causa de numerosos
fracasos escolares. Es legítimo pensar que esta nueva
abstracción representa una herramienta pedagógica con futuro,
la cual hay que profundizar y desarrollar.
Efecto sobre la
asimilación
Último aspecto de la dinámica del
sistema, que se resume en la queja siguiente.
"Con estas calculadoras de
bolsillo, los niños ya no saben calcular".
Esta queja de los padres
(injustificada, porque es improbable que la nueva generación
calcule peor que la anterior, poco brillante en la materia)
expresa eventual influencia de la informática sobre la
asimilación. Las máquinas saben hacer, pues, inútil aprender, y
el día que se haya de saber será difícil arreglárselas sin
ellas.
El peligro parece real y hay
que pensar en ello. No obstante, no perdamos de vista que sería
ilusorio querer salvaguardar lo antiguo e integrar lo nuevo.
Lo veremos más gráficamente
si nos damos, por ejemplo, cuenta de que a ningún representante
de comercio se le oye decir hoy día que no quiere el coche
porque día que se le averíe no sabrá ya ir a visitar a sus
clientes a caballo.
Una actitud semejante tiene
que cambiar. Es cuestión de tiempo y de "democratización" de la
posesión de máquinas informáticas.
La eventual desaparición del
cálculo metal no es, pues, un drama si, gracias a las máquinas
informáticas, el pensamiento de cada uno obtiene un beneficio
compensatorio sustancial. ¡Es un asunto de equilibrio!
¡Henos ya al final de
nuestras investigaciones! Nuestro método, basado en el estudio
del problema de la informática a través de la representación del
pensamiento, funciona bien. Sin pretender haber agotado el tema,
hemos lanzado algunos rayos de luz exploratorios sobre un
tema que es difícil de dominar.
Volvemos sobre todo, a trae
una nueva manifestación de nuestro camaleón preferido: la
abstracción. Hemos enriquecido nuestra comprensión del
pensamiento utilizándolo para profundizar en el examen de la
aportación de las máquinas informáticas. Esta experiencia nos
muestra que considerar simultáneamente la realidad física y la
realidad mental constituye un procedimiento con resultados
fructíferos.
¡Es una idea en la que hay
que ahondar!
La educación es promesa. Debe
ofrecer, de una u otra forma, una mejora del porvenir.
Se la ha de dar a la
educación un saber actual, futuro poder de una realidad
previsible que ella contribuye a cimentar. Su éxito procede de
la armonía de esta andadura. El famoso «y esto, ¿para qué
sirve?» de los alumnos que tienen dudas sobre la enseñanza
ilustra bien esta necesidad.
Como de costumbre, y para
profundizar y precisar todo esto, les proponemos el examen del
esquema siguiente:

Encontramos en él una
situación tipo de abstracción lógico- imaginativa. La situación presente, la
percepción del futuro y la acción educativa producen un
«reflejo' del que por reflexión resulta una nueva representación
del futuro.
El valor de la educación nace
del juicio dado a la calidad de esta transformación de la imagen
anticipada de la realidad. Esta abstracción particular organiza
y gobierna toda dinámica educativa. Nadie se sorprenda de que
bauticemos este proceso motriz con el nombre de 'abstracción
educativa'.
La escuela de Jules Ferry
se
basó en un tipo de 'abstracción educativa' poderoso,
fundamentado en la adhesión al principio del progreso por medio
de la instrucción y de un contenido de enseñanza simple, nítido
y útil. Tales fundamentos excluían la duda y la contestación
tanto para los enseñantes como para los enseñados. La
«instrucción pública' dejaba prever un futuro mejor. Esta
previsión estimulante disculpaba una pedagogía rudimentaria,
apremiante y sólida, que se basaba en la transmisión del saber
por el maestro y la asimilación de los conocimientos a base de
repetición y memorización. ¡No importaba, el mañana sonreía!
La operación ha tenido éxito,
todos sabemos hoy leer y contar y nadie se queja.
Un asunto embrollado
Un coloquio organizado por la
UNESCO en julio de 1990 sobre el
tema la evolución de los contenidos de la educación general en
los dos próximos decenios enunciaba una conclusión que invita a
reflexionar:
"Aún no está inventado lo que
debemos enseñar dentro de veinte años."
Esta conclusión prolonga una
tendencia profunda que está dominando la evolución del sistema
educativo. Hace cincuenta años un joven ingeniero recién salido
de su escuela entraba en la vida profesional con la convicción
de explotar hasta su jubilación el capital de conocimientos
acumulados en el transcurso de sus estudios. En la actualidad,
el mismo joven ingeniero sabe la necesidad de ajustar y
enriquecer este capital por medio de la información
ininterrumpida. Este dispositivo corrector se revela
indispensable para poder mantener un nivel aceptable. A pesar de
todo, siempre puede producirse una mutación técnica repentina y
hacer que sus capacidades queden anticuadas.
Este ejemplo no tiene nada de
excepcional. Se está instaurando una nueva situación,
caracterizada por un futuro inestable e inasequible. El sistema
tradicional, apoyado en una «abstracción educativa' y gobernado
por el tándem «contenido-futuro', se agrieta por falta de
estabilidad. La asimilación de un saber especializado y la
constitución de un saber adquirido limitado sólo tienen una
utilidad previsible efímera. Esta pieza maestra de la enseñanza
clásica se con vierte en un componente fluctuante, objeto de una
adaptación permanente.
La complejidad creciente de
las disciplinas ha llevado a privilegiar en la formación de los
enseñantes del dominio del contenido en detrimento de otros
aspectos. La inmensidad de los esfuerzos aceptados para renovar
los métodos, programas y objetivos contrasta con la modestia de
los resultados. Esta renovación, carga superflua durante mucho
tiempo, representa hoy en día un desafío vital. Las grietas
actuales son el preludio de un derrumbamiento próximo.
La educación del mañana
El acta de incapacidad para prever lo
que se habrá de enseñar en los próximos veinte años, levantada
en el coloquio de la UNESCO, se interpreta de dos formas
aparentemente contradictorias, pero que son de hecho
complementarias.
La primera se inscribe en el
marco pedagógico clásico y anuncia el fin del sistema
tradicional por dislocación de su abstracción educativa. La
segunda consiste en encontrar equivocada esta afirmación y se
apoya en este aserto: prever que no se puede prever constituye
una previsión. De hecho, esto corresponde a una verdad
elemental: afirmar la imposibilidad de anticipar el porvenir
significa que hay que prever el afrontar situaciones inesperadas
y problemas desconocidos.
Esta doble interpretación se revela
coherente. Las causas de la desaparición de la educación
de ayer son también las bases de la educación del mañana. Una
superposición que nos facilita las transformaciones necesarias.
La pedagogía del mañana
deberá ofrecer el dominio del medio vivido y el previsible a
corto plazo y, al mismo tiempo, arrastrar al cambio, a la
adaptación y a la imaginación. Un sistema de este tipo
permitiría hacer frente a lo inmediato desarrollando la agilidad
y la viveza del espíritu, que garantizarían la capacidad de
afrontar lo inesperado en buenas condiciones. El balance de la
abstracción educativa volvería a ser positivo. Se habría dado
con una nueva dinámica: la educación permanente.
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