En sentido estricto comparar significa «evidenciar
los puntos comunes». Buscar las diferencias viene a ser distinguir.
Dése prisa en examinar sus resultados de la primera experiencia.
¿Cuántos puntos comunes? ¿Cuántas diferencias? La lista de las
diferencias es a menudo claramente superior, pero, ¡no hay razón
para hacer un drama!
Sin embargo, merece la pena reflexionar sobre ello.
Volvamos a la asimilación: en su primer aspecto se funda en la
búsqueda de semejanzas entre varias situaciones, dicho de otra
manera, en la operación de «comparar». Distinguir antes de comparar
no favorecerá ciertamente el empleo del saber adquirido por
asimilación. Esta confusión, que ciertos diccionarios aceptan de
buen grado, amenaza con tener serias incidencias sobre esta
actividad esencial. La observación supera, pues, la simple
preocupación por la pureza académica del lenguaje.
Tomemos precauciones. A partir de este momento están
aquí vigentes las siguientes definiciones:
- comparar: acercar o aproximar varias «cosas»
(objetos, personas, situaciones, etc.) con el fin de enumerar los
puntos comunes;
- distinguir: acercar o aproximar varias «cosas»
(objetos, personas, situaciones, etc.) con el fin, de enumerar las
diferencias.
Clasificar y ordenar
«Clasificar no es tampoco el sinónimo de «ordenar». La primera
operación designa el acto de reagrupar elementos comparables
(nuevo sentido), de crear categorías, de subdividir un conjunto en
partes. La segunda determina una relación de sucesión entre varias
cosas, atribuye posiciones dentro de una serie, jerarquiza
elementos.
Clasificar a nuestros apuestos
jóvenes en dos grupos, los calvos y los otros, no tiene nada que
ver con colocar a este buen equipo por orden creciente de
estatura.
Estas dos nociones se emplean a
menudo simultáneamente. Por ejemplo, las palabras de un
diccionario se clasifican según su primera letra, y se disponen en
orden alfabético. A veces, llega al extremo de invertirse: en la
escuela ordenar a los alumnos según sus notas, del primero al
último, desemboca en la «clasificación», mientras que cualquier
persona que clasifique mal sus papeles en su oficina se verá
tachada de desordenada. ¡Curioso! ¿Y qué es lo que usted ha
hecho...?
Estas operaciones intervienen
indiferentemente en cantidad de campos. La reorganización de las
representaciones descansa principalmente en el empleo que de ellas
se haga. La resolución de nuestros tres primeros enigmas pasaba
por la imaginación de una manera de clasificar y ordenar los
diferentes datos. Hemos clasificado los razonamientos en cuatro
tipos. Una demostración es una serie ordenada de deducciones y de
hipótesis. Detengamos la mirada sobre las ilustraciones. Son
numerosas e interesan de igual manera a la representación, a la
lógica, al saber adquirido, a la memoria o a la imaginación.
Comparar, distinguir,
clasificar y ordenar forman una especie de caja de herramientas,
un conjunto de acciones mentales de usos múltiples, que, a se
utilizan mutuamente: ordenar permite comparar y distinguir
(ordenar personas según su fecha de nacimiento pone de manifiesto
a los que tienen la misma edad y crea distinciones), pero se
comprueba la reciprocidad (para ordenar a la misma población, se
les puede comparar y distinguir de dos en dos). Ninguna de estas
cuatro operaciones actúa sin las otras; pertenecen a un «grupo».
Este término, utilizado en matemáticas y empleado por Piaget,
designa una estructura en la que los elementos se consideran a
través de las relaciones que existen entre ellos.' En adelante,
por esta razón, hablaremos del grupo de operaciones mentales. Sin
embargo, con estas cuatro operaciones, nuestro grupo se queda
incompleto se nos hace necesario añadir: definir, enumerar y
asociar.