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UN EJEMPLO DRAMÁTICO DEL PAPEL DE LA AMÍGDALA CEREBRAL EN NUESTRO
DESTINO PERSONAL

El Dr. Antonio Damasio, neurólogo de la Universidad de Iowa, tuvo como paciente a un abogado brillante. Algunos años antes se le había diagnosticado un pequeño tumor en los lóbulos prefrontales. Se lo operaron con éxito... pero el cirujano, por accidente, le cortó los circuitos que conectaban esos lóbulos con la amígdala. Los resultados fueron desconcertantes... y dramáticos.

Por una parte, el abogado no presentaba ningún déficit cognitivo discernible. Por el otro, se volvió inepto en el trabajo, perdió su empleo en la corporación y fue incapaz de conservar ningún otro. Terminó desocupado; su esposa lo abandonó y terminó perdiendo su casa.

El abogado recurrió a Damasio en busca de ayuda. Al observar los resultados de sus exámenes neuropsicológicos, todos normales, Damasio quedó desconcertado. Por fin, un día notó que, cuando hacía esta inocente pregunta: '¿Cuándo le convendría venir para la próxima consulta?', el abogado podía citarle todas las ventajas y desventajas de todos los horarios posibles durante las dos semanas siguientes, pero no tenía la menor idea de cuál de esos horarios era el mejor para él.

Damasio comprendió entonces dónde estaba la falla: su paciente no tenía ninguna sensación o sentimiento sobre sus pensamientos y, por lo tanto, carecía de preferencias.

La conclusión del neurólogo fue que la mente no está diseñada como una computadora, capaz de brindarnos una pulcra lista de todos los argumentos racionales en favor y en contra de una decisión, basándose en todas las ocasiones similares en que nos enfrentamos a una situación similar. Lo que hace la mente es mucho más elegante: pesa el resultado EMOCIONAL de esas experiencias previas y nos entrega la respuesta en un sentimiento, en una corazonada o un pálpito.



 

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