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EL VALOR DE LA PERSONALIDAD

Está científicamente probado -por diversos estudios y estadísticas- que las cualidades personales son dos veces más importantes que los conocimientos técnicos, en lo que respecta al progreso económico. Otros estudios serios y cabales han puesto de manifiesto, también, y de manera indudable, que, a igual preparación técnica, las características de la personalidad son de una  importancia capital para alcanzar y mantener posiciones que impliquen continua superación.

Hoy, cualquier empleador o ejecutivo concede suma importancia al carácter personal, cuando selecciona sus empleados o colaboradores -hombres y mujeres- porque han aprendido, por propia iniciativa o a la fuerza, cuánto perjudican o favorecen la marcha de los negocios las deficiencias o virtudes de la personalidad.

La Secretaría de Orientación Vocacional de la Universidad de Harvard inquirió las razones de la pérdida de empleo por parte de cuatro mil trescientos hombres y mujeres de diversas empresas, y descubrió que, por cada dos casos en que esa medida se debía a defectos de la personalidad, sólo uno correspondía a ignorancia de cuestiones técnicas o ausencia de la debida pericia.

La mayor parte de las bajas se habían originado por la falta de espíritu de cooperación, por no inspirar confianza, carecer de iniciativa, etc.

El Instituto Carnegie de Tecnología, en otro estudio, y analizando el caso de diez mil personas, informaba que el 15 por ciento del éxito se debe a la experiencia técnica, y el 85 por ciento a las cualidades personales: conducta, integridad, observación, imaginación creadora, decisión, adaptabilidad, dirección, habilidad organizativa, expresión, conocimiento. Tales cualidades no sólo son deseables en una oficina, en un comercio o en una fábrica; siempre son necesarias para el buen éxito de hombres y mujeres en cualquier actividad o área de la vida.

Aun en la ingeniería, donde una fundamental técnica y competencia parecería ser factor más importante que el carácter, el principio antedicho sigue siendo verdadero. Las clasificaciones de los caracteres e inteligencia de un de graduados de la escuela de ingeniería de la Universidad de Purdue han sido cuidadosamente estudiadas.

Durante cinco años y medio, los ingenieros más capaces de Purdue desempeñaron sus respectivas labores y ganaron un sueldo anual promedio de u$s 31.536. Durante el mismo período de tiempo, los técnicos clasificados como de menor capacidad intelectual en el grupo, aquellos que apenas lograron graduarse, obtuvieron un sueldo promedio de u$s 29.736. Esto revela una ventaja de u$s 1.800 anuales en favor de los mejores cerebros.

Pero el poder del carácter personal también fue objeto de estudio, y después de cinco años y medio de trabajo, los técnicos mejor clasificados por su personalidad, obtenían un promedio de u$s 36.000 al año, frente al de u$s 24.696 que lograban los que no eran tan estimados bajo este concepto. Lo cual indica una ventaja de u$s 11.304 anuales, que debía atribuirse a las virtudes del carácter.

Los mejores intelectos, comparados con los más modestos, rendían un beneficio no superior a u$s 1.800 por año.

El mejor carácter, respecto al menos estimado, aportaba una ventaja personal de u$s 11.304 por año.

La bonificación obtenida por la mejor personalidad era seis veces superior a la que lograba la mejor formación técnica.

Los elementos específicos aportados por este informe de Purdue difieren en algo de los que ponen de manifiesto otros estudios, pero en lo básico, las cualidades requeridas son similares: entusiasmo, tacto, confianza en sí mismo, memoria, energía, corrección, espíritu cooperativo, lealtad, sinceridad, originalidad, simpatía, interés social y... buen humor.

Ciertamente, las ganancias no constituyen una medida completa del éxito de una persona. Ellas, sin embargo, son una definida manifestación de mérito e indudablemente, un resultado apetecible; y cuando se considera que aquellas cualidades de la personalidad que traen el buen éxito en los negocios y profesiones, son las mismas que también enriquecen y valorizan la vida considerada en todas sus actividades, entonces ese criterio adquiere más significativa importancia.

OTRA PRUEBA ESTADÍSTICO-CIENTÍFICA

Otra prueba de que la brillantez intelectual no es el más importante de los elementos que contribuyen a la obtención de buenos trabajos, ha sido presentada hace unos años por el profesor Frank S. Endicott, de la Northwestern University. El profesor Endicott tuvo la cooperación del personal correspondiente a setenta de las más importantes corporaciones que en los Estados Unidos realizan trabajos industriales, de transporte, servicio, comercio y finanzas. Estas compañías emplean a más de 15.000 graduados por año.

Analizando el profesor Endicott los factores tenidos en cuenta para conceder los empleos en estas grandes organizaciones, llegó a la conclusión de que un tercio de las respuestas dadas por los empleadores, indicaban que las altas calificaciones académicas eran consideradas como indicativas de valor incierto o dudoso. Solamente un veinte por ciento consideraba a tales calificaciones como elemento esencial, y esto con referencia a los cargos técnicos. Una de las corporaciones más importantes respondió: 'no damos ninguna preferencia si ese elemento está solo. Preferimos a aquellos estudiantes que son individuos cabales, han llegado a la madurez, poseen experiencia en el trabajo, y han sabido adaptarse ellos mismos a cada situación práctica en la industria, los servicios o el comercio'.

El ochenta por ciento de los empleadores concedieron en sus respuestas mayor importancia a las cualidades personales y sociales que a las notas sobresalientes.

Cuando el profesor Endicott pidió a las setenta corporaciones que le prepararan una lista de las características específicas de la personalidad que fueran consideradas esenciales en la selección del personal, descubrió que la relativa a la aptitud para desenvolverse en público, abordarlo y hablarle con facilidad, prevalecía sobre las demás. He aquí las principales características de la personalidad, ordenadas sucesivamente de acuerdo a la frecuencia con que fueron mencionadas en los informes:

49 veces: Aptitud para desenvolverse en público y trabajar en cooperación con los demás.

35 veces: Aptitud para abordar y conversar con el público de modo fácil y eficaz.

32 veces: Apariencia atractiva, pulcritud y buena presentación.

29 veces: Iniciativa y originalidad.

29 veces: Laboriosidad, energía y entusiasmo.

22 veces: Confianza y seguridad en sí mismo.

15 veces: Lealtad.

9 veces: Sentido del humor.

7 veces: Buenas maneras y cortesía.

Una sugestiva respuesta a la cuestión planteada por el profesor Endicott acerca del valor de las cualidades personales, trae a consideración el asunto del poder intelectual relacionado y puesto en balanza con el carácter. 'Nosotros insistimos en cosas tales como el tacto, la perspicacia, la integridad mental, etc. La inteligencia, desde luego, incide sobre todos estos atributos. Resulta muy poco útil el tratar con quien no sea capaz de entenderse con sus compañeros de trabajo. Dejando de lado la habilidad técnica, tal clase de gente resulta ser ineficaz, y causa de muchos fracasos'.

Los resultados siempre tienden a confirmar esta verdad: la mediocridad intelectual unida a una buena personalidad llega siempre mucho más lejos que una buena potencia intelectual desprovista de un adecuado carácter.  

 

 

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