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ASOCIACIÓN PARA EL DESARROLLO 
DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL (e/f)



INTELIGENCIA

EMOCIONAL

en la Educación


 La Inteligencia Emocional se aplica hoy en escuelas e instituciones educativas de

 numerosos países de América y Europa, aquí sólo reportamos algunos casos.

 ANTECEDENTES MUNDIALES
       UNA NOTABLE INICIATIVA EN INGLATERRA

El gobierno inglés ha decidido instruir a todos los directores de colegios del país para desarrollar sus aptitudes emocionales. Los cursos se realizarán en todos los centros de educación primaria, secundaria y especial del Reino Unido. Afectarán a 3.500 directores al año y serán impartidos por instructores elegidos mediante concurso público.

       Hay Group ha sido la firma encargada de adiestrar, asesorar y hacer el seguimiento de la labor de los instructores. De hecho, un consultor de la firma estará presente en la mayoría de los cursos para hacer un seguimiento de los progresos de los directores. Los cursos, que ya se han impartido en noventa centros con excelentes resultados, tienen una duración de cuatro días. A un ritmo de doscientos cincuenta programas por año, las previsiones son instruir a 3.500 directores anualmente.

       El objetivo fundamental es aumentar el nivel educativo de los estudiantes ingleses. La idea es que la aplicación de la inteligencia emocional de los directores, en sus respectivos centros educativos, revierta en la actitud de los pupilos e incremente su nivel académico. (Fuente: http://abc.es/nuevotrabajo/, noviembre de 1999).

INTELIGENCIA EMOCIONAL

          EN ESCUELAS DE LOS EE.UU.

New Haven, como tantas otras ciudades industriales de Nueva Inglaterra, se halla sumergida en un pozo de pobreza, drogas y violencia.

Como ocurre con todas las escuelas de New Haven, lo primero que aparece ante el visitante es un cartel de las misma forma y color que las señales de tránsito, que anuncia "Zona Libre de Drogas". En la entrada nos recibe Mary Ellen Collins, la mediadora escolar , una especie de defensora del pueblo para todo propósito, que atiende los problemas especiales apenas aparecen, y cuya tarea incluye el ayudar a los maestros con las demandas del programa de aptitud social. Si el maestro se siente inseguro acerca de la forma de encarar una lección, Collins va a la clase a mostrarle cómo debe hacerse.

"Durante veinte años enseñé en esta escuela", dice Collins al saludarme.

En el tercer piso del viejo edificio de ladrillos, Joyce Anderson está al frente de la clase de aptitud emocional que se dicta tres veces por semana para los alumnos de quinto grado. Anderson, como todos los demás maestros de quinto grado, asistió a un curso durante el verano para aprender cómo enseñarlo, pero su exuberancia sugiere que los temas de aptitud emocional le surgen naturalmente.

La clase del día trata sobre la forma de identificar los sentimientos-, ser capaz de darles un nombre, y de discriminar entre ellos, es una de las claves para la aptitud emocional: la tarea de la noche anterior consistía en llevar a la clase fotografías de la cara de una persona, tomadas revistas, decir cómo se llama la expresión que muestra la cara, y explicar cómo hacer para decir que esa persona tiene esos sentimientos. Luego de recoger las tareas, Anderson hace una lista de los sentimientos en el pizarrón -tristeza, preocupación, excitación, felicidad, etc.-, y se lanza a un ping-pong de preguntas y respuestas con los veinte chicos que ese día asistieron a clase. Sentados en grupos de cuatro en cada escritorio, los estudiantes levantan la mano, entusiastas, tratando de atraer la mirada de la maestra para así poder responder a cada pregunta.

Cuando agrega "frustrado" a la lista del pizarrón, Anderson pregunta: 

-¿Cuántos de ustedes se han sentido frustrados alguna vez?

Todas las manos se alzan.

-¿Cómo se sienten cuando están frustrados?

Llega un aluvión de respuestas:

-Confuso.

-No se puede pensar claramente.

-Ansioso.

Cuando la palabra "agraviado" se agrega a la lista, Joyce dice:

-Conozco esa sensación...¿cuándo creen ustedes que una maestra se siente agraviada?

-Cuando todos están hablando -sugiere una niña, sonriendo.

Sin perder un minuto, Anderson distribuye una hoja fotocopiada. En una columna, hay caras de niñas y varones, cada una de las cuales muestra alguna de las seis emociones básicas: feliz, triste, sorprendido, asustado, disgustado, y una descripción de la actividad de los músculos faciales que implica cada una, por ejemplo.

ASUSTADO:

La boca está abierta y retraída.

Los ojos están abiertos, y las pupilas dilatadas.

Las cejas están alzadas y juntas.

Hay arrugas en la frente.

Mientras leen las hojas, expresiones de miedo, angustia, sorpresa o disgusto pasan por las caras de los chicos de la clase de Anderson cuando imitan las fotos, y siguen las indicaciones para el movimiento muscular correspondiente a cada expresión. Esta lección proviene directamente de la investigación llevada a cabo por Paul Ekman sobre expresiones faciales; como tal, es enseñada en la mayoría de los cursos preuniversitarios de introducción a la psicología, y muy raramente, si acaso, en la escuela primaria    

Esta lección elemental, que vincula un nombre con un sentimiento, y al sentimiento con la expresión facial que le corresponde, pude parecer tan obvia que no necesite ser enseñada. Pero puede servir como un antídoto contra sorpresivas reincidencias en la alfabetización emocional. Los matones del patio de juegos de la escuela, recordemos, a menudo estallan con un arrebato de furia porque malinterpretan mensajes que son en sí neutrales, y ven hostilidad en expresiones que no la tienen, y hay jovencitas que desarrollan trastornos en la alimentación por no saber distinguir la angustia, de la ansiedad por comer.

 

ALFABETIZACION EMOCIONAL DISFRAZADA

Con el programa escolar atiborrado por la proliferación de nuevos temas y agendas, algunos maestros que, comprensiblemente, se sienten sobrecargados, se resisten a sustraer más tiempos a los contenidos básicos para dictar otro curso más. De manera que una estrategia alternativa para impartir educación emocional, no es crear una nueva clase, sino integrar las clases sobre sentimientos y relaciones personales a otros temas ya enseñados. Las lecciones sobre las emociones pueden surgir naturalmente en la clase de lectura y escritura, de salud, de ciencia, de estudios sociales, como de otros cursos corrientes. En las escuelas de New Haven, 'Aptitudes para la Vida' es un contenido separado en algunos de los grados, mientras que en otros el programa de desarrollo social se integra a cursos como los de lectura o salud. Algunas de las  lecciones pueden incluso ser impartidas como parte de la clase de matemáticas: notables habilidades básicas para el estudio, como lo son el evitar las distracciones, automotivarse para estudiar, y manejar los propios impulsos para poder aplicarse al estudio.

Algunos programas de aptitudes sociales y emocionales carecen de programa propio, o de un tiempo para clases como tema aislado, pero en cambio infiltran su mensaje dentro de la vida misma de la escuela. Un modelo de esta clase de abordaje, que es en esencia un curso invisible de aptitud emocional y social, es el de Child Development Project, creado por un equipo dirigido por el psicólogo Eric Schaps. El proyecto, nacido en Oakland, California, se desarrolla normalmente en un puñado de escuelas de toda la nación, la mayoría de ellas situadas en vecindarios que comparten muchos de los problemas del decadente núcleo de New Haven.

Este proyecto ofrece un paquete de medidas que se adaptan a cursos ya existentes. Así, por ejemplo, los alumnos de primer grado tienen un cuento, "Rana y Sapo son amigos", en el cual Rana, ansiosa por jugar con su amigo Sapo que está hibernando, le tiende una trampa para obligarlo a despertar antes de tiempo. El cuento es utilizado como plataforma para una discusión en clase acerca de la amistad, y desemboca en cómo ase siente alguien a quien se le tiende una trampa. Una sucesión de aventuras pone sobre el tapete temas como la propia conciencia, el tomar conocimiento de las necesidades de un amigo, qué se siente  cuando se burlan de uno, y el compartir los sentimientos con los amigos. Un conjunto de actividades programadas ofrece cuentos cada vez más sofisticados a medida que los niños avanzan hacia los grados intermedios, dando pie a los maestros para discutir temas tales como la empatía, la toma de distancia respecto de los problemas, y el hacerse cargo.

Otras de las maneras en que la educación emocional se introduce dentro de la vida escolar, es ayudando a los maestros a reflexionar acerca de cómo disciplinar a los alumnos con mala conducta. Lo que presupone el programa de Desarrollo Infantil es que esas situaciones son el momento oportuno para enseñar a los niños las habilidades que les faltan -control de los impulsos, explicación de sus sentimientos, resolución de conflictos-, y que existen formas más adecuadas de impartir disciplina que la coerción. Una maestra que ve a tres alumnos de primer grado que se empujan para quedar primeros en la fila del comedor, puede sugerir que cada uno diga un número, y permitirle al ganador ponerse primero. La lección inmediata es que existen maneras imparciales y justas de arreglar estas pequeñas escaramuzas, en tanto que las más profunda enseña que estas disputas se pueden negociar. Y desde el momento en que constituye una herramienta que los niños pueden volver a aplicar en oras disputas similares ("¡Yo primero!" es, después de todo, epidémico en los grados inferiores, si no en la mayor parte dela vida, de una manera u otra), tiene un mensaje más positivo que el omnipresente y autoritario "¡Basta!

LA CLAVE ESTÁ EN LLEGAR A TIEMPO

 En el programa de New Haven, por ejemplo, los niños de los grados inferiores reciben lecciones básicas de autoconocimiento, relaciones personales, y toma de decisiones. En primer grado, los niños se sientan en círculo y hacen girar el "cubo de sentimientos", que tiene escritas palabras como triste o excitado en cada uno de sus lados. Por turno, describen un momento en el que han tenido ese sentimiento, un ejercicio que les otorga mayor seguridad para vincular sentimientos con palabras, y los ayuda a desarrollar la empatía cuando escuchan que otros tienen los mismo sentimientos que ellos.

Las clases de 'Habilidades para la Vida' que estaban llevando a cabo los alumnos de quinto grado de las escuela Troup, consisten en interpretar expresiones faciales, están basadas, esencialmente, en la empatía. Para el control de los impulsos hay un gran poster bien visible, con un semáforo, que tiene seis pasos:

Luz roja:                     1. Deténte, cálmate, y piense antes de actuar.

Luz amarilla:              2. Cuenta el problema, y di cómo te sientes.

            3. Proponte un objetivo positivo.

            4. Piensa en la cantidad de soluciones.

            5. Piensa en las consecuencias posteriores.

Luz verde:                  6. Adelante, y pon en práctica el mejor plan

La noción del semáforo es regularmente e puesta en práctica cuando un niño, por ejemplo, está apunto de estallar de furia, o a ofenderse por una insignificancia, o a romper en llanto cuando se siente burlado, y ofrece un conjunto concreto de pasos para lidiar con esos pesados problemas de manera más mesurada. Más allá del manejo de los sentimientos, señala un camino para una acción más efectivas. Y al transformarse en la manera habitual de manejar los impulsos ingobernables -pensar antes de actuar-, puede llegar a ser una estrategia básica para enfrentar los riesgos de la adolescencia y los que existen más allá de ella.

En sexto grado, las lecciones se relacionan más directamente con las tentaciones y las presiones con respecto al sexo, el consumo de drogas o alcohol, que comienzan a aparecer en la vida del niño. Hacia el noveno grado, cuando los adolescentes se enfrentan a realidades sociales más ambiguas, la habilidad par adoptar perspectivas múltiples -las propias, tanto como las de los otros involucrados- se refuerza. "Si un chico se vuelve loco porque ve a su novia hablando con otro", dice una de las maestras de New Haven, "se lo alentará a tener en cuenta qué podría estar ocurriendo desde el punto de vista de ellos, antes que lanzarse a una confrontación".

REPLANTEAR LA ESCUELA: PREPARAR A LOS MAESTROS. COMUNIDADES QUE SE PREOCUPAN

Dado que cada vez más niños no reciben en la vida familiar un apoyo seguro para transitar por la vida, las escuelas pasan a ser el único lugar hacia donde pueden volverse las comunidades en busca de correctivos para las deficiencias de los niños en la aptitud social y emocional. Esto no significa que la escuela, por sí sola, pueda suplantar a todas las instituciones sociales que con frecuencia están al borde del colapso. O ya han caído en él. Pero desde el momento en que prácticamente todos los niños concurren a la escuela (al menos, al principio), ésta ofrece un ámbito donde se les puede brindar lecciones de vida que no podrían recibir en ninguna parte. La alfabetización emocional implica un aumento del mandato que se les da a las escuelas, teniendo en cuenta la pobre actuación de muchas familias en la socialización de los niños. Esta tarea desalentadora exige dos cambios importantes: que los maestros vayan más allá de su misión tradicional, y que los miembros de la comunidad se involucren más con la actividad escolar.

El hecho de que haya o no una clase específicamente dedicada a la alfabetización emocional puede importar mucho menos que cómo son enseñadas estas lecciones. Tal vez no haya otra materia en la que importe más la calidad del maestro, ya que la forma en que este lleva su clase es en sí misma un modelo, una lección de facto de aptitud emocional, o de su carencia.

Cada vez que un maestro le responde a un alumno, hay otros veinte o treinta que aprenden la lección.

Existe una selección natural en la clase de maestros que se sienten atraídos hacia clases como estas, porque no todo el mundo se adapta a ellas por temperamento. En principio, los maestros deben sentirse cómodos cuando hablan acerca de los sentimientos; no todos los maestros se sienten así haciéndolo, o desean hacerlo. Hay poco o nada en la formación tradicional de un maestro, que lo prepare para esta clase de enseñanza. Por estas razones, los programas de alfabetización emocional habitualmente les ofrecen a los postulantes a su enseñanza varias semanas de entrenamiento especial en su enfoque.

Mientras que muchos maestros pueden mostrarse al principio, muy reacios a encarar un tema tan distante de su propia formación profesional y sus rutinas, hay pruebas de que, una vez que intentan ponerlo en práctica, son más los que se encuentran satisfechos que los que se cansan. En las escuelas New Haven, cuando los maestros tuvieron la primera noticia de que serían entrenados para enseñar los nuevos cursos de alfabetización emocional, el 31% dijo que era reacio a hacerlo. Tras un año de enseñar estos cursos, más del 90% dijo estar contento con ellos, y que deseaba volver a impartirlos al año siguiente.

AUTOCONOCIMIENTO EMOCIONAL

  • Mejora en el reconocimiento y la designación de las propias emociones.

  • Mayor capacidad para entender las causas de los sentimientos.

  • Reconocimiento de la diferencia entre sentimientos y acciones.

MANEJO DE LAS EMOCIONES

  • Mayor tolerancia ante las frustraciones, y control del enojo.

  • Menor cantidad de bromas, peleas e interrupciones de la clase.

  • Mayor capacidad para expresar adecuadamente el enojo, sin pelear.

  • Menos suspensiones y expulsiones.

  • Menos comportamiento agresivo o autodestructivo.

  • Más sentimientos positivos sobre ellos mismos, la escuela, y la familia.

  • Mejor manejo del stress.

  • Menor soledad y ansiedad social.

APROVECHAMIENTO PRODUCTIVO DE LAS EMOCIONES

  • Más responsabilidad.

  • Mayor capacidad de concentrarse en la tarea que se tiene entre manos y de prestar atención.

  • Menor impulsividad, mayor autocontrol.

  • Mejores calificaciones en las pruebas de rendimiento escolar.

EMPATIA: INTERPRETACIÓN DE LAS EMOCIONES

  • Mayor capacidad para comprender el punto de vista de otra persona.

  • Mejora de la empatía y de la sensibilidad para percibir los sentimientos de los otros.

  • Mejora de la capacidad de escuchar.

MANEJO DE LAS RELACIONES PERSONALES

  • Aumento de la habilidad para analizar y comprender las relaciones.

  • Mejora de la resolución de los conflictos y de la negociación en los desacuerdos.

  • Mejora en la solución de problemas planteados en las relaciones.

  • Mayor habilidad y actitud positiva en la comunicación.

  • Más popularidad y sociabilidad: actitud amistosa e interesada con sus pares.

  • Mayor preocupación y consideración.

  • Mayor solicitud por parte de sus pares.

  • Más actitud "pro-social" y armoniosa en grupo.

  • Mayor cooperación, ayuda y actitud de compartir.

  • Actitud más democrática en el trato con los otros.

Unos de los puntos de esta lista reclama especial atención: los programas de alfabetización emocional mejoran las calificaciones académicas y el desempeño escolar. Este no es un descubrimiento aislado: aparece una y otra vez estos estudios. En un momento en que demasiados niños parecen carecer de la capacidad de manejar sus problemas, de prestar atención o de concentrarse, de controlar sus impulsos, de sentirse responsables por su trabajo o de interesarse en su aprendizaje, cualquier cosa que sostenga estas habilidades ayudará a su educación. En este sentido, la alfabetización emocional mejora la capacidad de la escuela para enseñar. Incluso en una época de retorno a los contenidos básicos y de recortes presupuestarios, un argumento a favor de la implementación de estos programas es que ayudan a revertir una tendencia declinante de la educación, y que fortalecen la capacidad de las escuelas de cumplir con su misión principal, por lo que la inversión vale la pena.

(Fuentes: 'Enhancing Children's Prosocial Behavior in the Classroom', AMERICAN EDUCATIONAL RESEARCH JOURNAL, 1992; Informe del High/Scope Educational Research Foundation, Ypsilanti, Michigan, abril de 1993; 'Emotional Competence: How Emotions and Relationships Become Integrated', en R. A. Thompson, SOCIOEMOTIONAL DEVE- LOPMENT/NEBRASKA SYMPOSIUM ON MOTIVATION, 36, 1990; 'Today's Children: Creating a Future for a Generation in Crisis', Nueva York, Times Books, 1992).


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



 

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