INTELIGENCIA
EMOCIONAL
en
la Educación
ANTECEDENTES
MUNDIALES
La
Inteligencia Emocional se aplica hoy en escuelas e instituciones
educativas de
numerosos
países de América y Europa, aquí sólo reportamos algunos casos.
UNA NOTABLE INICIATIVA EN INGLATERRA
El
gobierno inglés ha decidido instruir a todos los directores de
colegios del país para desarrollar sus aptitudes emocionales. Los
cursos se realizarán en todos los centros de educación primaria,
secundaria y especial del Reino Unido. Afectarán a 3.500
directores al año y serán impartidos por instructores elegidos
mediante concurso público.
Hay
Group ha sido la firma encargada de adiestrar, asesorar y hacer el
seguimiento de la labor de los instructores. De hecho, un consultor de
la firma estará presente en la mayoría de los cursos para hacer un
seguimiento de los progresos de los directores. Los cursos, que ya se
han impartido en noventa centros con excelentes resultados, tienen
una duración de cuatro días. A un ritmo de doscientos cincuenta
programas por año, las previsiones son instruir a 3.500 directores
anualmente.
El objetivo fundamental es aumentar el nivel educativo de los
estudiantes ingleses. La idea es que la aplicación de la inteligencia
emocional de los directores, en sus respectivos centros educativos,
revierta en la actitud de los pupilos e incremente su nivel académico.
INTELIGENCIA
EMOCIONAL EN ESCUELAS
DE LOS EE.UU.
New
Haven,
como tantas otras ciudades industriales de Nueva
Inglaterra,
se halla sumergida en un pozo de pobreza, drogas y violencia.
Como
ocurre con todas las escuelas de New
Haven,
lo primero que aparece ante el visitante es un cartel de las misma forma
y color que las señales de tránsito, que anuncia "Zona Libre de
Drogas". En la entrada nos recibe Mary
Ellen Collins,
la mediadora escolar , una especie de defensora del pueblo para todo
propósito, que atiende los problemas especiales apenas aparecen, y cuya
tarea incluye el ayudar a los maestros con las demandas del programa de
aptitud social. Si el maestro se siente inseguro acerca de la forma de
encarar una lección, Collins va a la clase a mostrarle cómo debe hacerse.
"Durante
veinte años enseñé en esta escuela", dice Collins al saludarme.
En
el tercer piso del viejo edificio de ladrillos, Joyce
Anderson está al frente de la clase de aptitud emocional que se dicta tres veces
por semana para los alumnos de quinto grado. Anderson,
como todos los demás maestros de quinto grado, asistió a un curso
durante el verano para aprender cómo enseñarlo, pero su exuberancia
sugiere que los temas de aptitud emocional le surgen naturalmente.
La
clase del día trata sobre la
forma de identificar los sentimientos-,
ser capaz de darles un nombre, y de discriminar entre ellos, es una de
las claves para la aptitud emocional: la tarea de la noche anterior
consistía en llevar a la clase fotografías de la cara de una persona,
tomadas revistas, decir cómo se llama la expresión que muestra la
cara, y explicar cómo hacer para decir que esa persona tiene esos
sentimientos. Luego de recoger las tareas, Anderson hace una lista de los sentimientos en el pizarrón -tristeza,
preocupación, excitación, felicidad, etc.-, y se lanza a un ping-pong
de preguntas y respuestas con los veinte chicos que ese día asistieron
a clase. Sentados en grupos de cuatro en cada escritorio, los
estudiantes levantan la mano, entusiastas, tratando de atraer la mirada
de la maestra para así poder responder a cada pregunta.
Cuando
agrega "frustrado" a la lista del pizarrón, Anderson pregunta:
-¿Cuántos
de ustedes se han sentido frustrados alguna
vez?
Todas
las manos se alzan.
-¿Cómo
se sienten cuando están frustrados?
Llega
un aluvión de respuestas:
-Confuso.
-No
se puede pensar claramente.
-Ansioso.
Cuando
la palabra "agraviado" se agrega a la lista,
Joyce dice:
-Conozco
esa sensación...¿cuándo creen ustedes
que una maestra se siente
agraviada?
-Cuando
todos están hablando -sugiere una niña,
sonriendo.
Sin
perder un minuto, Anderson distribuye una hoja fotocopiada. En una columna, hay caras de niñas y
varones, cada una de las cuales muestra alguna de las seis
emociones básicas:
feliz, triste, sorprendido, asustado, disgustado, y una descripción de
la actividad de los músculos faciales que implica cada una, por
ejemplo.
ASUSTADO:
La
boca está abierta y retraída.
Los
ojos están abiertos, y las pupilas dilatadas.
Las
cejas están alzadas y juntas.
Hay
arrugas en la frente.
Mientras
leen las hojas, expresiones de miedo, angustia, sorpresa o disgusto
pasan por las caras de los chicos de la clase de Anderson cuando imitan las fotos, y siguen las indicaciones para el movimiento
muscular correspondiente a cada expresión. Esta lección proviene
directamente de la investigación llevada a cabo por Paul
Ekman sobre expresiones faciales; como tal, es enseñada en la mayoría de los
cursos preuniversitarios de introducción a la psicología, y muy
raramente, si acaso, en la escuela primaria
Esta
lección elemental, que vincula un nombre con un sentimiento, y al
sentimiento con la expresión facial que le corresponde, pude parecer
tan obvia que no necesite ser enseñada. Pero puede servir como un antídoto
contra sorpresivas reincidencias en la alfabetización emocional. Los
matones del patio de juegos de la escuela, recordemos, a menudo estallan
con un arrebato de furia porque malinterpretan mensajes que son en sí
neutrales, y ven hostilidad en expresiones que no la tienen, y hay
jovencitas que desarrollan trastornos en la alimentación por no saber
distinguir la angustia, de la ansiedad por comer.
ALFABETIZACION
EMOCIONAL DISFRAZADA
Con
el programa escolar atiborrado por la proliferación de nuevos temas y
agendas, algunos maestros que, comprensiblemente, se sienten
sobrecargados, se resisten a sustraer más tiempos a los contenidos básicos
para dictar otro curso más. De manera que una estrategia
alternativa para impartir educación emocional, no es crear una nueva clase, sino integrar las clases sobre sentimientos y relaciones personales a otros temas ya
enseñados. Las lecciones sobre las emociones pueden surgir naturalmente
en la clase de lectura y escritura, de salud, de ciencia, de estudios
sociales, como de otros cursos corrientes. En las escuelas de New
Haven, 'Aptitudes para la Vida' es un contenido separado en algunos
de los grados, mientras que en otros el programa de desarrollo social se
integra a cursos como los de lectura o salud. Algunas de las lecciones pueden incluso ser impartidas como parte de la clase de
matemáticas: notables habilidades básicas para el estudio, como lo son
el evitar
las distracciones, automotivarse para estudiar,
y manejar
los propios impulsos para poder aplicarse al estudio.
Algunos
programas de aptitudes sociales y emocionales carecen de programa
propio, o de un tiempo para clases como tema aislado, pero en cambio
infiltran su mensaje dentro de la vida misma de la escuela. Un modelo de
esta clase de abordaje, que es en esencia un curso invisible de aptitud
emocional y social, es el de Child Development Project, creado
por un equipo dirigido por el psicólogo Eric
Schaps.
El proyecto, nacido en Oakland, California,
se desarrolla normalmente en un puñado de escuelas de toda la nación,
la mayoría de ellas situadas en vecindarios que comparten muchos de los
problemas del decadente núcleo de New
Haven.
Este
proyecto ofrece un paquete de medidas que se adaptan a cursos ya
existentes. Así, por ejemplo, los alumnos de primer grado tienen un
cuento, "Rana y Sapo son amigos", en el cual Rana, ansiosa
por jugar con su amigo Sapo que está hibernando, le tiende una trampa
para obligarlo a despertar antes de tiempo. El cuento es utilizado como
plataforma para una discusión en clase acerca de la amistad, y
desemboca en cómo ase siente alguien a quien se le tiende una trampa.
Una sucesión de aventuras pone sobre el tapete temas como la propia
conciencia, el tomar conocimiento de las necesidades de un amigo, qué
se siente cuando se burlan
de uno, y el compartir los sentimientos con los amigos. Un
conjunto de actividades programadas ofrece cuentos cada vez más
sofisticados a medida que los niños avanzan hacia los grados
intermedios,
dando pie a los maestros para discutir temas tales como la empatía, la
toma de distancia respecto de los problemas, y el hacerse cargo.
Otras
de las maneras en que la educación emocional se introduce dentro de la
vida escolar, es ayudando
a los maestros a reflexionar acerca de cómo disciplinar a los alumnos
con mala conducta.
Lo que presupone el programa de Desarrollo Infantil es que esas
situaciones son el momento oportuno para enseñar a los niños las
habilidades que les faltan -control de los impulsos, explicación de
sus sentimientos, resolución de conflictos-, y que existen formas más
adecuadas de impartir disciplina que la coerción. Una maestra que ve a
tres alumnos de primer grado que se empujan para quedar primeros en la
fila del comedor, puede sugerir que cada uno diga un número, y
permitirle al ganador ponerse primero. La lección inmediata es que existen
maneras imparciales y justas de arreglar estas pequeñas escaramuzas, en tanto que las más profunda enseña que estas disputas se pueden
negociar. Y desde el momento en que constituye una herramienta que los
niños pueden volver a aplicar en oras disputas similares ("¡Yo
primero!" es, después de todo, epidémico en los grados inferiores,
si no en la mayor parte de la vida, de una manera u otra), tiene un
mensaje más positivo que el omnipresente y autoritario "¡Basta!
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