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QUÉ PASA EN NUESTRO CEREBRO
CUANDO ESTAMOS DEPRIMIDOS

El doctor Mark George, que se desempeñaba antes en el Instituto Nacional de Salud Mental y trabaja ahora en la Facultad de Medicina de Charleston, en Carolina del Sur, ha realizado, mediante la técnica de la tomografía por emisión de positrones, una serie de escaneos cerebrales a pacientes que sufren de depresión clínica. Estos registros miden la presencia de glucosa radiactiva en el cerebro. El cerebro se alimenta de glucosa: el azúcar es un combustible.

Un escaneo mediante la técnica PET (tomografía por emisión de positrones) muestra la velocidad con que las células del cerebro consumen la glucosa. En esencia, este escaneo nos da un cuadro de la actividad de las diversas regiones del cerebro en el momento de practicarlo. Si una región está consumiendo una gran cantidad de glucosa, está más activa; si está consumiendo menos glucosa, está menos activa. (Para determinar qué es más y qué menos, los investigadores plantean dos tipos de comparaciones. Mediante estudios de los hemisferios derecho e izquierdo,  algunos investigadores comparan la actividad de cada uno de ellos en el cerebro de la misma persona; otros comparan uno de los hemisferios en un grupo de sujetos depresivos con el mismo hemisferio en un grupo de sujetos no depresivos).

Los hallazgos de George en lo tocante a la depresión y la tristeza son fascinantes porque revelan una diferencia -y posiblemente un vínculo causal y evolutivo- entre la tristeza normal y la depresión clínica.

Es decir, el registro de una persona momentáneamente triste sometida al PET resulta diferente del correspondiente a una persona clínicamente depresiva. La persona triste muestra un más alto metabolismo de glucosa -una actividad más intensa- en el hemisferio izquierdo de su cerebro que cuando se siente afectivamente neutral. El lado izquierdo, y más específicamente la corteza cerebral izquierda (en una palabra, el cerebro superior, pensante) y la región límbica izquierda (el cerebro emocional, evolutivamente anterior, llamado también cerebro primitivo) están 'encendidos'.

Este es un descubrimiento fascinante por muchas razones, de las cuales no es la menos importante el hecho de que a primera vista contradice el punto de vista ampliamente difundido según el cual las emociones negativas son una función del hemisferio DERECHO: es decir, que un bebé 'negativo', o un adulto depresivo, exhibirá una actividad mucho más intensa en el hemisferio derecho que en el izquierdo.

George es perfectamente consciente de estos hallazgos. De hecho, según George, ya hay siete estudios diferentes que confirman este hallazgo:

'El nivel de actividad en la corteza prefrontal izquierda se correlaciona con la intensidad de la depresión. Es una relación lineal: cuanto menor es la actividad, mayor la depresión.

Si bien la neurociencia todavía no está en condiciones de resolver esta incongruencia entre los datos, la hipótesis de George es que el exceso de actividad en el hemisferio izquierdo de las personas tristes pero normales podría ser en realidad un esfuerzo del cerebro para 'volver a estabilizar' un exceso de actividad en el DERECHO: la corteza prefrontal izquierda se ha empleado a fondo para equilibrar el nuevo estado de actividad excesiva del hemisferio derecho.

Así, tal vez lo que los investigadores como George están viendo en los escaneos correspondientes a sujetos transitoriamente tristes es el esfuerzo del cerebro para recuperar su verdadero estado. El exceso de actividad del lado izquierdo no es lo que nos hace sentir mal; el exceso de actividad del lado izquierdo nos ayuda a DEJAR de sentirnos mal.

Si bien esta lectura de los datos por el momento sólo tiene una validez hipotética, los resultados dan un fuerte sustento a la percepción de que, en el nivel biológico, existe una diferencia entre la tristeza común y corriente y la depresión clínica. De hecho una de las diferencias más importantes entre la tristeza y la depresión clínica puede ser una relativa falta de verdadera tristeza en los depresivos graves: cuando George y sus colaboradores pidieron a sujetos depresivos que trataran de ponerse tristes, éstos no pudieron lograrlo, un dato curiosamente compatible con la antigua afirmación psicoanalítica cuyo primer desarrollo se encuentra en el famoso ensayo de Freud titulado 'Duelo y melancolía', según la cual el paciente depresivo grave necesita ayuda para elaborar el duelo, necesita ayuda para experimentar la tristeza que le provoca la pérdida.  

 

 

 

 

 

 

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