PERSONAS
MANIPULADORAS
En
este artículo, el uso del término 'manipulador' no
es
despectivo en absoluto. Es descriptivo. Se refiere a
alguien que constantemente ejerce demasiado control
o lo hace
en los momentos inapropiados: alguien que necesita estar a
cargo, que no puede soltar. En otras palabras, alguien incapaz de
retener con la mano abierta cuando es necesario o preferible
hacerlo.
En
realidad, la mayoría de nosotros podemos convertirnos en
manipuladores en las circunstan-
cias adecuadas. Algunos lo
escondemos mejor que
otros, y otros emplean tácticas tan
pasivas, indirec-
tas o elegantemente sutiles que no se los reconoce
por lo que son. Pero en un momento u otro, casi todos
hemos
permitido que nos gane nuestra necesidad de
control.
MANIPULADORES
Y MANIPULADOS:
VISIÓN GENERAL
A
medida que se desarrollan los relatos sobre ge-
rentes entrometidos,
cónyuges malhumorados, padres autoritarios, amantes manipuladores
y compañeros de
trabajo intimidantes, se hacía evidente que el término
'manipulador' no solamente resuena como algo cono-
cido, sino
que además 'toca el nervio'.
Los
manipuladores pueden ser tan hábiles, que sus dobles vínculos,
mensajes confusos y artilugios
pueden ser tan sutiles que uno ni siquiera se da cuenta
de que lo están manipulando
hasta después de ocurrido
el hecho.
En
el mejor de los casos, la conducta de control ex-
tremo es
desconcertante. El hecho de interactuar con un manipulador puede
dejarlo a uno sintiéndose eno-
jado, frustrado, resentido o
agredido. Nada parece detenerlos. Chocar contra un muro de
ladrillos no los contiene. No los disuade el estar pisoteando a la
gente, incluso a aquellos que aman. Ellos deben obligar al
otro a seguir el plan de su juego. Deben conseguir que el
otro
esté de acuerdo con ellos o bien quitarlo del camino.
Para
la mayoría de los manipuladores, no es asunto de elección.
Funcionan por hábito más que por prefe-
rencia o necesidad y sienten que tienen éxito, seguri-
dad, autovalía o tranquilidad
únicamente si son ellos los
que deciden los tantos.
Uno
debe estar constantemente en guardia para detectar la observación
cortante, la crítica sutil, la mirada
desaprobadora. Uno siempre
tiene que estar alerta ante
el amigo o el cónyuge que siempre
está buscando el modo de apoderarse de un poquito más que lo que
les corresponde.
LOS ADICTOS AL CONTROL
Los
manipuladores son incapaces de parar. En ese-
ncia, son adictos al
control Han perdido el control de
su impulso de controlar,
de manera muy similar a
como otros adictos pierden el control
sobre su nece-
sidad de alcohol, drogas, comida o sexo. A
cualquier
costo y sin tener en cuenta las consecuencias, los
manipuladores bregarán por satisfacer su imperioso,
intenso y
siempre presente deseo de control (o ilusión
de control).
Sencillamente, jamás caen en la cuenta de
que su control
constante puede estar haciéndoles más
mal que bien.
Las
personas que mueven nuestros hilos y pulsan nuestras teclas también
pueden fascinarnos y encantarnos. Pueden ser coherentes y
divertidos, inteligentes y de éxito. Durante una crisis, podemos
verdaderamente hasta sentirnos agradecidos por su
actitud de
'tomar el mando'.
Muchos
individuos de gran éxito se refieren a sí mismos como
manipuladores, y lo hacen con orgu-
llo. Están convencidos de
que no estarían en el lugar
que ocupan actualmente si hubieran
funcionado de otra manera, y tal vez estén en lo cierto. Los
admiramos, respetamos y quizá hasta querríamos parecernos un
poco más a esos individuos que tomar al toro por las
astas, saben
exactamente lo que quieren, van tras ello,
y no permiten que nada
se interponga en su camino.
Las
situaciones de estrés también pueden dis-
parar la conducta
manipuladora en ciertas personas.
La enfermedad de un hijo, la inminente visita de parien-
tes políticos
muy criticones, la perspectiva de coordinar
una gran conferencia o
simplemente el temor a perder
una relación importante, ha hecho
que un manipulador tapado se salga de madre.
Un
niño es un manipulador (todos los niños peque-
ños lo son; es
parte de su oficio). Sus métodos, si bien
no son especialmente
agradables, son directos:
cuando no consigue lo que quiere,
llora, patalea, se re-
vuelca, tal vez tire algo de yogur. Y seguirá
intentando
salirse con la suya hasta que se canse o hasta que se
distraiga.
Casi
nadie es absolutamente de una manera, y casi nadie está libre de
esos modelos. Los manipuladores
son a la vez manipulados y los
manipulados ejercen
control. Parece que hay algo de manejado y algo de manejador en la mayoría de nosotros, algo que
está esperando para manifestarse cuando se pulsan las te-
clas
adecuadas. Por otra parte, haciendo un análisis más profundo, la
distinción misma entre controlar y amoldar-
nos al control empieza
a desvanecerse en los bordes.
Aun
cuando los manipuladores que hay en su vida
no cambien,
absolutamente en nada, uno mismo puede cambiar lo
suficiente como para impedirles que lo afecten
con tanta
facilidad, tanta frecuencia o con tanta inten-
sidad.
Para
eso, tenga en mente los siguientes conceptos:
· Todos
y cada uno de nosotros -dominadores
y dominados por igual- somos
individuos deci-
didos que hacemos lo que aprendimos a
hacer
para satisfacer nuestras necesidades, alcanzar nuestras metas y
sentir que tenemos el control de nuestra propia vida.
· Todos
y cada uno de nosotros podemos satisfacer nuestras
necesidades sin hacerlo a costa de otra persona y tener peleas sin
convertirlas en conflictos entre 'nosotros como ellos'.
· Todos podemos pararnos sobre nuestros
propios pies sin pisar a
nadie y dejar de ser víctimas sin convertirnos en victimarios.
· A
pesar de lo impotentes que nos sintamos sí tenemos el
poder para modificarnos a noso-
tros mismos, cambiar nuestras
actitudes y respuestas ante las circunstancias que nos
han estado
haciendo infelices.
· Todos podemos sentirnos menos vulne-
rables, funcionar con mayor
independencia y eficacia y cultivar relaciones de mayor cooperación si aprendemos a colaborar
en vez de competir y a buscar la
armonía
en vez de una victoria abrumadora.
|