NUESTROS
HEMISFERIOS CEREBRALES (II)
El
estudio de las dos personalidades en nuestro cerebro no comenzó
verdaderamente hasta 1961, cuando Roger
Sperry se interesó en un veterano de cuarenta y ocho años cuya
cabeza recibió el impacto de fragmentos de bomba durante la
segunda guerra mundial.
Unos
años después de su lesión, W.
J. había comenzado a tener ataques de epilepsia ; éstos se
hicieron tan frecuentes y tan agudos que nada los podía
controlar. Caía, inconsciente y echando espuma por la boca,
lastimándose a menudo. Durante más de cinco años los médicos
del White
Memorial Medical Center,
en Los
Angeles,
probaron cualquier remedio posible, sin éxito. Finalmente los
cirujanos cortaron a través su cuerpo calloso, y los
accesos pararon como por arte de magia.
Hubo un duro período de recuperación, durante el cual W.
J.,
un hombre de inteligencia superior a la normal, no podía
hablar, pero después de un mes anunció que se sentía mucho
mejor que en los últimos años. Parecía inalterado en su
personalidad y perfectamente normal.
Mientras
tanto, Sperry había interesado a un estudiante graduado, Michael
Gazzaniga,
para realizar una serie de pruebas en W.
J.
Gazzaniga descubrió
enseguida algunas cosas muy extrañas de su paciente. Para
comenzar, W.
J. podía llevar a cabo órdenes verbales ('Levante
la mano', 'Doble la rodilla') solamente con el lado derecho de su cuerpo. No
podía responder con su lado izquierdo.
Evidentemente el hemisferio derecho, que controla los miembros
izquierdos, no
comprendía esa clase de lenguaje.
Cuando W.
J. estaba con los ojos vendados, no
podía ni siquiera decir qué parte de su cuerpo le tocaban si
esto sucedía en el lado izquierdo.
De hecho,
mientras las pruebas continuaban, se hacía cada vez más
difícil pensar en W. J. como una sola persona. Su mano
izquierda hacía cosas que su derecha deploraba, si de alguna
manera se daba cuenta de ello. Algunas veces trataría de
bajarse los pantalones con una mano, mientras con la otra los
empujaba hacia arriba. Cierta vez amenazó a su esposa con
la mano izquierda mientras que la derecha trataba de ir en su
rescate y traer bajo control a la mano beligerante.
Gazzaniga,
profesor de psicología de la Universidad de Nueva York,
recuerda que estaba jugando a las herraduras con W. J. en el patio del paciente, cuando W. J. levantó un
hacha con su mano izquierda. Alarmado, Gazzaniga abandonó
el lugar con discreción.
'Era
posible que el hemisferio derecho, más agresivo, hubiera
tomado el control',
explicó. Y como no se podía comunicar con él, no quería
ser la víctima en un experimento sobre 'cuál parte del
cerebro castiga o ejecuta la sociedad'.
Solamente
la mitad izquierda podía hablar. La derecha permaneció muda
para siempre, incapacitada para realizar tareas que requerían
juicio o interpretación basadas en el lenguaje. Además,
también era incapaz de leer. Esto significaba que cada vez
que W.
J. enfrentaba una página impresa, podía
leer únicamente las palabras de la mitad derecha de su campo
visual, las que se proyectaban a su hemisferio izquierdo.
El cerebro parecía ciego. Por lo que el leer se le hacía muy
difícil y cansador. También le fue imposible escribir
palabras con su mano izquierda, aunque antes de la operación
podía hacerlo con un poco de dificultad. (Era enteramente
diestro).
En
verdad, las primeras pruebas en W.
J. parecían mostrar que su hemisferio derecho era prácticamente
nulo. Pero llegó el día en que a W.
J. con un lápiz en su mano izquierda, se le mostró el contorno
de una cruz griega. Velozmente y sin dudar, la copió,
dibujando la figura entera con una sola línea continua. Cuando
se le pidió copiar la misma cruz con su inteligente mano
derecha, sin embargo, no pudo hacerlo.
Dibujó varias líneas en forma incoherente, como si viera
solamente una pequeña parte de la cruz a la vez, y no pudo
terminar el modelo. Con seis trazos separados, había dibujado
solamente la mitad de la cruz. Incitado a hacer más, agregó
unas pocas líneas pero se detuvo antes de completarla y
decretó que estaba hecha. Se
veía claramente que no era falta de control motor, sino un
defecto en el concepto; en sorprendente contraste con la rápida
comprensión de su mitad muda.
Desde
entonces, ha comenzado a surgir una figura atormentadora del
hemisferio mudo del cerebro. Lejos
de ser tonta, la mitad derecha del cerebro es simplemente muda
e iletrada. En realidad, percibe, siente, y piensa a su
manera, que en algunos casos puede ser superior.
El único problema es comunicarse con ella en
forma no verbal,
como si fuera un animal sumamente inteligente.
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