NUESTRO
COMPLEJO CEREBRO
Estructuralmente,
el cerebro es una máquina pavorosamente
compleja. Permanece como una de las cosas que más desconoce aún el hombre.
Y
en cuanto a sus funciones, la conciencia representa sólo una pequeña
parcela de nuestra psiquis...
En
todo caso, parece indudable que nos
afectan muchos estímulos que no
percibimos conscientemente y que, por lo tanto, no
podemos evaluar de manera racional. Algunos llegan a ser importantes. Esto es el origen, por ejemplo, de las "corazonadas', o de lo que manifestamos en ocasiones con frases como 'intuyo que...'
El número de neuronas que contiene nuestro cerebro- sólo en
la corteza - puede calcularse en diez
mil millones. Y el número
de conexiones entre ellas supera toda imaginación.
Dos
personas distintas habitan en nuestro cerebro,
unidas como mellizos siameses, a lo largo de la línea media.
Una de ellas es verbal, analítica, dominante. La otra es artística
pero muda, casi misteriosa en su totalidad.
Estos
son el hemisferio izquierdo y derecho de nuestro cerebro,
constituido por dos
mitades unidas por una compleja
red de fibras nerviosas que forman un grueso 'cable'
llamado cuerpo calloso.
La conexión con el sistema
nervioso determina que el hemisferio
izquierdo controla la parte derecha del cuerpo, y el hemisferio derecho controla el
lado izquierdo.
Si
se corta este cable, como debe hacerse en algunos casos de
epilepsia grave, suceden una serie de circunstancias curiosas.
El lado izquierdo del cerebro (en el que está alojado el centro
del habla), ya no sabe
qué está haciendo el lado derecho, aunque insiste en
encontrar excusas para lo que haya hecho la mitad muda, y sigue
operando con la ilusión de ser una sola persona.
Entre
los mamíferos, el hombre es el único que ha desarrollado
distintos usos para cada mitad de su cerebro. Esta asimetría,
que todos reconocemos cuando decimos si somos derechos o zurdos,
es el glorioso mecanismo a través del cual el hombre está
capacitado para hablar. Es lo que nos diferencia de los simios.
Cada
parte del cerebro está a cargo de diferentes
procesos mentales:
Hemisferio
izquierdo Hemisferio derecho
Lógica Emociones
Razonamiento Música
Lenguaje Imaginación
Números
Imágenes
Análisis Color
Linealidad Reconocimiento de formas
Abstracciones Creatividad general
Como
se ve, y a diferencia de lo que se pensó en un principio, lejos
de ser tonta, la mitad
derecha del cerebro es simplemente muda
e iletrada. En realidad, percibe,
siente y piensa a su manera, que en algunos casos puede ser superior a la del hemisferio izquierdo. El único problema
es comunicarse con ella
en forma no verbal.
El
comportamiento de los dos medios cerebros en la gente normal está
rodeado de mucho misterio. Nadie sabe si estas dos mitades
gemelas también se ignoran entre sí, se inhiben una a otra,
cooperan, compiten, o se turnan para los controles.
Casi
todos nosotros, sin advertirlo, y en diferentes circunstancias,
tendemos a utilizar sólo el hemisferio cerebral derecho.
Analicemos estos ejemplos:
· Sin
darse cuenta, usted ha cambiado de lugar un objeto. Aunque
piense en la secuencia de todo lo que hizo antes, no recuerda en
dónde lo puso. Esa noche, mientras divaga sentado en la sala de
su casa, se le ilumina la memoria: había dejado el objeto
en la mesa del taller. ¿De dónde provino ese destello de
intuición ? De su hemisferio cerebral derecho, con datos
que le proporcionó el izquierdo.
· Durante
un largo viaje en auto, se da usted cuenta de que el tiempo y la
distancia han transcurrido sin notarlo. 'Tenía
la mente a millones de kilómetros de allí', comenta
con un amigo/a. En realidad, sólo se había desviado unos centímetros,
del lado izquierdo del cerebro hacia el derecho, que entonces lo
'distrajo' a usted durante el viaje con una serie animada de
imágenes e intuiciones.
· Su
talonario de cheques no da el balance exacto. Más tarde,
durante su ejercicio corporal cotidiano, se le ocurre por qué. 'Se
ve' a sí misma/o en el supermercado, escribiendo el
cheque que omitió registrar. ¿Qué le proporcionó la solución?
La 'divagación' del cerebro derecho, que casi todos tenemos
durante una actividad física, una caminata o un paseo.
EL
CEREBRO REPTIL
El
cerebro humano está formado por varias
zonas diferentes que evolucionaron en distintas épocas.
Cuando en el cerebro de nuestros antepasados crecía una nueva
zona, generalmente la naturaleza no desechaba las antiguas; en
vez de ello, las retenía, formándose la sección más reciente encima de ellas.
Esas
primitivas partes del cerebro humano siguen operando en
concordancia con un estereotipado
e instintivo conjunto de programas que proceden tanto de los
mamíferos que habitaban en el suelo del bosque como, más atrás
aún en el tiempo, de los toscos reptiles que dieron origen a
los mamíferos.
La
parte más primitiva de nuestro cerebro, el llamado 'cerebro
reptil', se encarga de los instintos
básicos de la supervivencia -el deseo sexual, la búsqueda
de comida y las respuestas agresivas tipo 'pelea-o-huye'.
En
los reptiles, las respuestas al objeto sexual, a la comida o al
predador peligroso eran automáticas
y programadas; la corteza cerebral, con sus circuitos para
sopesar opciones y seleccionar una línea de acción, obviamente
no existe en estos animales.
Sin
embargo, muchos experimentos han demostrado que gran
parte del comportamiento humano se origina en zonas
profundamente enterradas del cerebro, las mismas que en un
tiempo dirigieron los actos vitales de nuestros antepasados.
'Aun
tenemos en nuestras cabezas estructuras cerebrales muy parecidas
a las del caballo y el cocodrilo',
dice el neurofisiólogo Paul
MacLean, del Instituto
Nacional de Salud Mental de los EE.UU.
Nuestro
cerebro primitivo de reptil, que se remonta a más
de doscientos millones de años de evolución, nos guste o
no nos guste reconocerlo, aún dirige parte de nuestros
mecanismos para cortejar,
casarse, buscar hogar y seleccionar dirigentes. Es
responsable de muchos de nuestros ritos y costumbres (y es mejor
que no derramemos lágrimas de cocodrilo por esto).
EL CEREBRO EMOCIONAL
El
sistema límbico, también llamado cerebro medio, o cerebro
emocional, es la porción del cerebro situada inmediatamente
debajo de la corteza cerebral, y que comprende centros
importantes como el tálamo, hipotálamo, el hipocampo, la amígdala
cerebral (no debemos confundirlas con las de la garganta).
Estos
centros ya funcionan en los mamíferos, siendo el asiento
de movimientos emocionales como el temor o la agresión.
En
el ser humano, estos son los centros
de la afectividad, es aquí donde se procesan las distintas
emociones y el hombre experimenta penas, angustias y alegrías
intensas
El
papel de la amígdala como centro de procesamiento de las emociones es hoy incuestionable. Pacientes con la amígdala lesionada ya
no son capaces de reconocer la expresión de un rostro o si una
persona está contenta o triste. Los monos a las que fue
extirpada la amígdala manifestaron un comportamiento social en
extremo alterado: perdieron la sensibilidad para las complejas
reglas de comportamiento social en su manada. El comportamiento
maternal y las reacciones afectivas frente a los otros animales
se vieron claramente perjudicadas.
Los
investigadores J. F.
Fulton y D. F.
Jacobson, de la Universidad
de Yale, aportaron además pruebas de que la
capacidad de aprendizaje y la memoria requieren de una amígdala
intacta: pusieron a unos chimpancés delante de dos cuencos de
comida. En uno de ellos había un apetitoso bocado, el otro
estaba vacío. Luego taparon los cuencos. Al cabo de unos
segundos se permitió a los animales tomar uno de los
recipientes cerrados. Los animales sanos tomaron sin dudarlo el
cuenco que contenía el apetitoso bocado, mientras que los
chimpancés con la amígdala lesionada eligieron al azar; el
bocado apetitoso no había despertado en ellos ninguna excitación
de la amígdala y por eso tampoco lo recordaban.
El
sistema límbico está en
constante interacción con la corteza cerebral. Una
transmisión de señales de alta velocidad permite que el
sistema límbico y el neocórtex trabajen juntos, y esto
es lo que explica que podamos tener control sobre nuestras
emociones.
EL CEREBRO RACIONAL
Hace
aproximadamente cien millones de años aparecieron los primeros
mamíferos superiores. La evolución del cerebro dio un salto cuántico.
Por encima del bulbo raquídeo y del sistema límbico la
naturaleza puso el neocórtex, el cerebro
racional.
A
los instintos, impulsos y emociones se añadió de esta forma la
capacidad de pensar de forma abstracta y más allá de la
inmediatez del momento presente, de comprender las
relaciones globales existentes, y de desarrollar un yo
consciente y una compleja vida emocional.
Hoy
en día la corteza cerebral, la nueva y más importante zona del
cerebro humano, recubre
y engloba las más viejas y primitivas. Esas regiones no han
sido eliminadas, sino que permanecen debajo, sin ostentar ya el
control indisputado del cuerpo, pero aún activas.
La
corteza cerebral no solamente ésta es el área más accesible
del cerebro: sino que es también la
más distintivamente humana. La mayor parte de nuestro
pensar o planificar, y del lenguaje, imaginación, creatividad y
capacidad de abstracción, proviene de esta región cerebral.
Así,
pues, el neocórtex nos capacita no sólo para solucionar
ecuaciones de álgebra, para aprender una lengua extranjera,
para estudiar la Teoría de la Relatividad o desarrollar la
bomba atómica. Proporciona también a nuestra vida emocional una
nueva dimensión.
Amor
y venganza, altruismo e intrigas, arte y moral, sensibilidad y
entusiasmo van mucho más
allá de los rudos modelos de percepción y de comportamiento
espontáneo del sistema límbico.
Por
otro lado -esto se puso de manifiesto en experimentos con
pacientes que tienen el cerebro dañado-, esas sensaciones quedarían
anuladas sin la participación del cerebro emocional. Por sí
mismo, el neocórtex sólo sería un buen ordenador de alto
rendimiento.
Los lóbulos prefrontales y
frontales juegan un especial papel en la asimilación
neocortical de las emociones. Como 'manager' de nuestras emociones, asumen dos importantes tareas:
· en
primer lugar, moderan
nuestras reacciones emocionales, frenando las señales del
cerebro límbico.
· en
segundo lugar, desarrollan planes de actuación concretos para situaciones
emocionales. Mientras que la amígdala del sistema límbico
proporciona los primeros auxilios en situaciones emocionales
extremas, el lóbulo prefrontal se
ocupa de la delicada coordinación de nuestras emociones.
Cuando
nos hacemos cargo de las preocupaciones amorosas de nuestra
mejor amiga, tenemos sentimientos de culpa a causa del montón
de actas que hemos dejado de lado o fingimos calma en una
conferencia, siempre está
trabajando también el neocórtex.
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