LAS
EMOCIONES POSITIVAS
ALARGAN LA VIDA
Un peculiar
y creativo experimento científico, realizado durante 15 años en 678 religiosas estadounidenses, para
determinar quiénes padecen Alzheimer y por qué, reveló que expresar emociones positivas
alarga la vida y aleja las probabilidades de sufrir la penosa enfermedad
Una ruta en espiral asciende hacia Good
Counsel Hill, donde el Convento de las Hermanas del Colegio de Notre Dame es también sede de un extraordinario experimento científico. Durante 15 años, un grupo
de monjas católicas permitió que analizaran sus genes y midieran su equilibrio
y fuerza. Las hermanas pasaron pruebas que registraban cuántas palabras podían
recordar minutos después de haberlas leído, cuántos animales podían nombrar en
60 segundos, y si podían contar monedas correctamente.
Los ensayos autobiográficos que escribieron cuando tenían 20 años han sido
escrutados, y sus palabras analizadas en busca de significados. Y a medida que
morían, sus cerebros fueron removidos y enviados en tubos de plástico a un
laboratorio donde están almacenados.
Este experimento, llamado Estudio de
las Monjas, es considerado por los
especialistas como uno de los esfuerzos más creativos para conocer quiénes
padecen de Alzheimer y por qué. Y ahora, un nuevo informe está ofreciendo información acerca
de un asunto distinto: si un
temperamento positivo en la juventud puede ayudar a las personas a vivir más.
Al estudiar a 678 monjas -en este convento y en otros seis de la misma orden, en Connecticut, Maryland, Texas, Wisconsin, Missouri e Illinois- el especialista David A.
Snowdon, un epidemiólogo de la Universidad de Kentucky, y sus colegas han arribado a indicios asombrosos y teorías
provocativas a lo largo de los años.
Sus estudios mostraron que el ácido fólico puede ayudar a alejar la enfermedad de Alzheimer; que
ataques cerebrales pequeños, apenas perceptibles, pueden desencadenar demencia,
y, en un hallazgo particularmente asombroso, que la
habilidad lingüística temprana puede estar relacionada con un menor riesgo de
Alzheimer, porque las monjas que
concentraban más ideas en las oraciones de sus autobiografías tuvieron menos
riesgo de sufrir Alzheimer seis décadas después.
El nuevo informe, publicado
recientemente en el Journal of
Personality and Social Psycology, afirma
que las monjas que expresaron más emociones
positivas en sus autobiografías vivieron significativamente más -en algunos casos, diez años
más- que aquellas que
expresaron menos emociones positivas.
Las monjas son ideales para un estudio científico porque sus vidas estables, relativamente similares,
excluyen ciertos factores que pueden contribuir a la enfermedad. No fuman, casi no beben y no experimentan cambios físicos
relacionados con el embarazo.
El Estudio
de las Monjas (Nun's Study) también se considera importante porque tiene información de diversos momentos
de las vidas de sus sujetos, incluyendo la época en que eran muy jóvenes para
padecer Alzheimer o cualquier otra enfermedad relacionada con la edad.
Todo esto le ha dado a Snowdon, autor de un nuevo libro sobre el estudio titulado Envejeciendo con gracia (Bantam), una rara ventana a través de la cual examinar por qué
algunas religiosas se mantienen bien y otras se deterioran tanto que pierden el
lenguaje, la movilidad y gran parte de su memoria. Las diferencias aparecen,
incluso, entre las que están relacionadas biológicamente.
Densidad lingüistica. A los 93 años de edad, la hermana Nicolette Welter todavía lee
ávidamente, teje, juega a las cartas y, hasta una reciente caída, caminaba
varios kilómetros por día sin bastón. Pero una hermana menor, María Ursula,
de 92 años, muestra signos claros de Alzheimer, afirma Snowdon.
Varias veces por día, Nicolette reza por María Ursula, que está en silla
de ruedas y casi no puede erguir la cabeza.
La autobiografía de Nicolette, escrita cuando tenía 20 años, estaba
llena de lo que Snowdon llama densidad de ideas, muchos
pensamientos entretejidos en un pequeño número de palabras, un rasgo
relacionado íntimamente con las monjas que más tarde escaparon al Alzheimer.
Los
últimos hallazgos publicados del Estudio de las Monjas también
ofrecen ideas provocativas acerca de cómo un estado emocional positivo en
las etapas tempranas de la vida puede contribuir a vivir más. Y plantean
interrogantes como: ¿qué hay detrás de las emociones positivas?
En total, según Snowdon, las monjas viven
significativamente más que otras mujeres. De las 678 que tomaron parte en
el estudio, 295 están vivas y tienen 85 años o más. Sólo en el convento de
Mankato hubo siete centenarias, muchas libres de demencia.
Una
de ellas es la hermana Esther Boor, que a los 106 se apresura a través
del laberinto de salones con un bastón azul. "A veces me siento como si
tuviera 150, pero me hice a la idea de que no iba a rendirme", dijo Esther,
que le da a sus fisioterapeutas frases de los libros que lee. "No
pienses en el mal, no hagas el mal, no escuches el mal -escribió hace
poco-, y nunca escribirás un best-seller".
El
ensayo autobiográfico de Esther, escrito hace 80 años, es igualmente
optimista. En él habla afablemente de su familia y de su decisión de
hacerse monja.
A pesar de que no puede probarlo, Snowdon sostiene que la
espiritualidad de las monjas y su trabajo en comunidad también las ayudan a
vivir. "El amor a otra gente, el cuidado, ser buenos con otras
personas, eso es algo que todos podemos hacer", afirma.
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