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LAS EMOCIONES INCONSCIENTES
SEGÚN FREUD

Habiendo limitado nuestra discusión a las ideas, podemos plantear ahora una nueva interrogación, cuya respuesta ha de contribuir al esclarecimiento de nuestras opiniones teóricas. Dijimos que había ideas conscientes e inconscientes. ¿Existirán también impulsos instintivos, sentimientos y emociones inconscientes, o carecerá de todo sentido aplicar a tales elementos dichos calificativos? A mi juicio la antítesis de «consciente» e «inconsciente» carece de aplicación al instinto. Un instinto no puede devenir nunca objeto de la conciencia. Únicamente puede serlo la idea que lo representa. Pero tampoco en lo inconsciente puede hallarse representado más que por una idea. Si el instinto no se enlazara a una idea ni se manifestase como un estado afectivo, nada podríamos saber de él. Así, pues, cuando empleando una expresión inexacta hablamos de impulsos instintivos, inconscientes o reprimidos, no nos referimos sino a impulsos instintivos, cuya representación ideológica es inconsciente.

        Pudiera creerse igualmente fácil dar respuesta a la pregunta de si, en efecto, existen emociones, sentimientos y afectos inconscientes. En la propia naturaleza de una emoción está el ser percibida, o ser conocida por la conciencia. Así, pues, los sentimientos, emociones y afectos carecerían de toda posibilidad de inconsciencia. Sin embargo, en la práctica psicoanalítica acostumbramos hablar de amor, odio y cólera inconsciente, e incluso empleamos la extraña expresión de «conciencia inconsciente de la culpa», o la paradójica de «angustia inconsciente». Habremos, pues, de preguntarnos si con estas expresiones no cometemos una inexactitud mucho más importante que la de hablar de «instintos inconscientes». Pero la situación es aquí completamente distinta. Puede suceder en primer lugar que un impulso afectivo o emocional sea percibido, pero erróneamente interpretado: la represión de su verdadera representación se ha visto obligada a enlazarse a otra idea y es considerada entonces por la conciencia como una manifestación de esta última idea. Cuando reconstituimos el verdadero enlace calificamos de «inconsciente» el impulso afectivo primitivo, aunque su afecto no fue nunca inconsciente y sólo su idea sucumbió al proceso represivo. El uso de las expresiones «afecto inconsciente» y «emoción inconsciente» se refiere, en general, a los destinos que la represión impone al factor cuantitativo del impulso instintivo. (Véase nuestro estudio de la represión.).

 

Sigmund Freud

 

 

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