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LAS
EMOCIONES COMPARTIDAS
Las
emociones silenciosamente compartidas que despierta un cuadro,
una obra dramática con- movedora o una hermosa pieza de música son capaces de unir estrechamente a las personas.
'Me
dejé llevar por mis sentimientos', solemos decir cuando
obramos bondadosa o valerosamente. Lo decimos casi como una
disculpa. Sin embargo, esos sentimientos, modelados por la
experiencia de toda una vida, constituyen una guía de
conducta digna de confianza y casi automática. No nos será
muy útil al jugar a la bolsa o al preparar una declaración
de impuestos, pero, como dijo Sigmund Freud, en todos
los asuntos verdaderamente fundamentales de la vida es
preferible dejar la resolución a los sentimientos. ¿De
qué otra manera podríamos decidir con quién casarnos, en qué
persona confiar, qué hacer cuando nos encontramos de pronto
ante una cuestión de vida o muerte?
En
una oportunidad se oyó a Rose Bampton, soprano del Teatro
Metropolitano de la Opera de Neva York, comentar las
condiciones de dos muchachas que se preparaban para un
recital. Señalando a una de ellas, dijo: 'La gama de
su voz no es excepcional, pero su emotividad es tremenda. Le
llega más al público'. Mediante el sentimiento
aprendemos a conocernos mejor, hacemos surgir nuestra vena
creadora, ahondamos y damos mayor riqueza a nuestras
relaciones.
Dos
personas pueden compartir fortuna, comida y lecho, y sin
embargo seguir siendo mutuamente extrañas. En último término,
la única manera posible de llegar a significar algo para otro
ser humano estriba precisamente en compartir sus
sentimientos.
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Director del Portal:
Abel Cortese |
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CONVIÉRTASE
EN MENTOR EMOCIONAL DE SÍ MISMO/A Y DE OTRAS PERSONAS:
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