ESTRÉS
Y ESTRESORES
Los primeros investigadores del estrés
fueron William Cannon, quien en 1929 describió algunos
de los mecanismos emocionales clave en la conexión mente-cuerpo,
y Hans Selye, quien definió el 'estrés' en 1956 e
identificó sus componentes fisiológicos. Los hallazgos de estos fisiólogos
generaron un enorme interés científico y muchos descubrimientos clínicos
sobre los efectos del estrés en el organismo humano.
Según Selye, en el organismo se
presenta una secuencia específica. Primero se presenta la situación
o evento estresante que él llama 'estresor', y lo describe
como cualquier evento que cause impacto o impresión en el
organismo humano.
El estresor le hace ciertas exigencias al cuerpo y, en consecuencia, éste debe adaptarse a ellas. Segundo,
el 'estrés' se presenta como resultado de esta misma necesidad
de adaptarse. Selye describe el estrés como 'la
respuesta no específica del organismo a cualquier demanda'.
El estrés es, entonces, el conjunto
de cambios bioquímicos y físicos que se presentan en el
organismo como resultado del evento estresante, o estresor. Tercero,
cuando al individuo lo rodean demasiados estresores, el nivel de estrés
que experimenta su organismo puede superar a su capacidad de
adaptarse, lo cual lo hace vulnerable a sufrir alguna enfermedad física.
En ese momento es probable que la persona padezca las consecuencias
patológicas del gran estrés que ha experimentado y contraiga
cualquiera de una serie de enfermedades. O, si el individuo sufre ya
de alguna alteración orgánica, como por ejemplo dolores o
enfermedades crónicos, su condición puede empeorar.
El punto clave es: EL ESTRÉS ES
ACUMULATIVO ¡Y EN GRAN CANTIDAD LLEVA AL DERRUMBE DEL ORGANISMO!
Podemos combatir el estrés que
inevitablemente experimentamos desarrollando mayores habilidades
para afrontar los embates de la vida.
Hay mayor riesgo de que se presenten
alteraciones orgánicas si se da una de las dos condiciones
siguientes:
Primera: si resultan totalmente
infructuosas las acciones del individuo encaminadas a afrontar la
situación.
Segunda: Aunque haya afrontado con éxito
algún aspecto del problema, el individuo podrá sufrir un colapso
físico si se ha producido un DESEQUILIBRIO real en su vida.
Cuando el organismo se desequilibra, un
sistema empieza a trabajar en exceso para compensar al que ha quedado
inhabilitado. La buena noticia es que las habilidades de
afrontamiento pueden ser eficaces como protección contra el estrés y
nos pueden ahorrar enfermedades y dolores físicos. Si usted puede
mantener el equilibrio en su vida y afrontar con éxito los retos que
se le presentan, su cuerpo experimentará muy poco o ningún estrés.
Cuando estamos enfrentando adecuadamente las dificultades, éstas nos
parecen muy poco estresantes. En estos casos la probabilidad de que
nuestra salud se afecte negativamente es mínima.
Fredrica R. Halligan |