EL
PAPEL DE LAS EMOCIONES
EN
LAS
AVENTURAS SEXUALES (II)
LA
FUERZA DE 'LOS ASUNTOS PENDIENTES': PONER LAS COSAS DEL
PASADO EN SU LUGAR
Las
aventuras pueden comenzar por asuntos pendientes. Es
decir, antiguos amantes, inclusive ex esposos, o antiguos
amigos o colegas que se sintieron atraídos pero no hicieron
nada al respecto como consecuencia de las circunstancias; o
viejas pasiones que de pronto recuperan su interés: todo
eso tiene un extraordinario poder de seducción y puede
precipitar a la gente a una aventura. El poder de seducción
surge en gran parte de esas relaciones que quedaron
pendientes.
O
tal vez se trate de la necesidad de convertirse en el
ganador, si se ha sido rechazado, o de liberarse de culpa si
uno fue el que se alejó. Ambos casos pueden darse entre
antiguos amantes o ex esposos. O puede existir la necesidad
de ver si los antiguos sentimientos siguen vivos, en
especial en el caso de los ex amantes o de pasiones y
atracciones del pasado. Unido a otros ejemplos, este poder
de seducción se fortalece.
LAS
AVENTURAS Y LA NECESIDAD
DE VENGARSE
Algunas
personas tienen una aventura porque su cónyuge lo ha
hecho. El motivo es quedar a mano, herir como han
sido heridos, recuperar el equilibrio del poder. O la
envidia puede levantar su horrible cabeza y, como ya
hemos señalado, la aventura de uno de los cónyuges da al
otro autorización para tener una también. O puede servir a
estos dos fines al mismo.
En
un matrimonio abierto la estrategia de emparejar las cosas
está explícitamente permitida, hasta se la promueve.
Las
mujeres sufren más con sus intentos de quedar a mano o
de vengarse. Porque les resulta más difícil separar
su vida sexual de la emocional, apartar un conjunto de
sentimientos por una persona y aplicarlo a otra; tienen más
problemas para atenerse al objetivo de ese tipo de aventura.
LA
AVENTURA COMO UNA COMPULSIÓN
Algunas
personas parecen incapaces de no tener aventuras. Son
incapaces de relacionarse con miembros del sexo opuesto sin sexo. Es más común entre los hombres que entre las
mujeres. Esto no debería sorprendernos, a la luz de lo
que se sabe sobre las diferencias entre hombres y mujeres en
cuanto al amor y al sexo.
La
intimidad no es tan fácil para los hombres como para las
mujeres. Si los hombres tienen problemas para crear
relaciones cercanas, es probable que sea porque les
resulta muy difícil lograr intimidad. En los casos más
severos, temen estar demasiado cerca de alguien.
Como
la sexualidad masculina se desarrolla primero en el
aislamiento y sólo después se mezcla con los sentimientos
íntimos, no debe sorprender que los hombres sean capaces
de tener 'sólo sexo'. Como separan el sexo de
otras emociones por temor a la intimidad, es probable
que los hombres busquen más que las mujeres las relaciones
sexuales con muchas compañeras. El sexo significa
establecer un cierto tipo de relación.
Cuando
los hombres (y a veces las mujeres) entablan relaciones con
muchas amantes diferentes, tienen la sensación, si bien
fugaz, de que están logrando una conexión con alguien.
Así, por poco tiempo, se establece una sensación de
independencia del otro cónyuge: 'Tengo a otras
personas, no sólo a ti'. Eso actúa como un antídoto
al miedo a tener una relación demasiado íntima con
el cónyuge. Los amantes no compiten en general con el cónyuge,
ya que el lazo con cada uno de ellos es transitorio y
superficial: siempre hay una nueva conquista por realizar
una vez que se ha alcanzado esta. Por eso, en este sentido,
también se evita la intimidad con el amante.
Para
los hombres hay un incentivo adicional: a través del
sexo afirman su masculinidad. La creencia es que,
cuantas más mujeres sucumban, más masculino se es. Es
una creencia basada en mensajes culturales aceptados. Pero
tener relaciones sexuales con muchos hombres no confirma la
femineidad en la mujer. Y el miedo a la intimidad no es, en
general, un problema femenino. Cuando una mujer muestra
ese tipo de compulsión sexual en sus relaciones, en general
manifiesta signos de una patología de importancia, pues va
en contra de los modelos normales de desarrollo.
CULPA
Y CONFESIÓN:
EL DESEO DE CONTAR
Algunas
personas confiesan sus aventuras porque sienten culpa.
La culpa puede surgir del hecho de que están negando
algo al matrimonio, al cónyuge a quien se lo han
prometido, o a quien han jurado pertenecer, o del dolor que
imaginan que causarán si la aventura se descubre. Pero
también pueden sentirse culpables porque el clima moral o
la educación religiosa hace imposible que se sientan de
otro modo. No importa lo beneficioso que crean que es la
aventura.
Sin
embargo, el impulso a confesarse para aliviar la culpa en
la mayor parte de los casos actúa como un bumerán.
Unido al deseo de alivio se encuentra con frecuencia el de absolución.
Esto presupone que el cónyuge entenderá y dejará de
lado sus propios sentimientos.
Además,
suele existir el deseo ingenuo de que el cónyuge aprecie
esas cualidades en el amante que nos resultaron tan
atractivas. Otro elemento presente en el impulso a
confesar es que la gente piensa que, si es lo
suficientemente valiente para hacer eso, el cónyuge
apreciará su coraje. La expectativa es que este aprecio
debería ser suficiente para mitigar la inevitable sensación
de haber sido traicionada. Por supuesto, estas expectativas,
en general, no conducen a nada positivo. Cuando
podemos observar la reacción del cónyuge, vemos por qué
es así.
Las confesiones de los hombres engendran con frecuencia
consecuencias bastante diferentes. En realidad, algunos
hombres confiesan porque sus aventuras se han vuelto
demasiado dolorosas, y recurren a sus esposas en
busca de consuelo. Como las mujeres son, en general, sus
principales y únicas confidentes, eso no es
sorprendente.
En
contraste, las mujeres pueden haber hablado con alguna de
sus muchas amigas. A veces los hombres confiesan su aventura por otras razones que no son la culpa o el dolor; por
ejemplo, por el deseo de terminar con el matrimonio.
Pero cualquiera sea su motivación, las consecuencias de la
confesión en general no son tan severas para ellos. Las
mujeres no necesariamente se divorcian de ellos. Y en
algunos casos, sus esposas los consuelan como siempre han
hecho.
Es
más probable que las mujeres abandonen o sean arrojadas de
sus matrimonios después de la confesión o la revelación
de una aventura.
Pero aquellos hombres que se quedan sufren una consecuencia
diferente: la marginalización dentro de la familia,
inclusive el papel de chivo expiatorio. Los hombres,
que de por sí ocupan una posición más periférica para
sus hijos que sus esposas (aunque los dos trabajen), pueden
quedar más marginados como resultado del enojo y el dolor
de sus mujeres, pues ellas acaparan a los niños en
busca de apoyo. A veces vuelven a los hijos explícitamente
en contra de sus padres.
LA
REACCIÓN DEL CÓNYUGE: TRAICIÓN,CELOS, INSEGURIDAD Y
FURIA
Cuando
la ideología matrimonial proscribe tanto el secreto cuanto
las aventuras, no hay modo de evitar que el cónyuge
reaccione con furia, celos e inseguridad. Hombres y
mujeres sienten lo mismo. Sin embargo, el género
plantea diferencias en la manera de expresarlo.
Los
maridos no actúan como si estuvieran heridos,
rechazan el papel de víctima. En cambio, se consumen en
su furia, golpean las paredes, amenazan con matar gente.
Esto es verdad aun en el caso de hombres dulces y pacientes.
Si
bien los hombres, como las mujeres, se sienten heridos,
traicionados, inseguros y celosos, actúan con enojo.
Hay un suporte cultural para la cólera de un hombre. Pues
el abatimiento atenta contra su sexualidad, su masculinidad.
Por
otro lado, las mujeres, si bien pueden estar furiosas ('el
infierno no conoce furia como la de una mujer burlada') en general muestran abatimiento y dolor más que enojo.
Esto está relacionado con su papel de mujeres y con las
expectativas culturales. En realidad, somos menos
tolerantes con una mujer que se divorcia encolerizada por el
adulterio del marido, excepto cuanto la aventura todavía
continúa. ¿No debería pensar en sus hijos? ¿Y la
estabilidad de la familia? ¿No le daría una segunda
oportunidad? A diferencia de los hombres, se supone que
ella debe considerar primero el bienestar de la familia, en
lugar de actuar enceguecida por su enojo.
Parte
de la fascinación de la película 'ATRACCIÓN FATAL' se basa en la inversión de papeles: la asesina celosa es
una mujer en lugar de un hombre. Por otra parte, una
mujer herida consigue muchas muestras de simpatía, y lo que
se espera es que su marido se arrepienta y pague sus culpas.
TERAPIA
MATRIMONIAL Y MANEJO
DE LOS CAMBIOS MATRIMONIALES
Los
terapeutas son las personas que más pueden ayudar a un
matrimonio jaqueado por una aventura sexual, porque se
supone que no tienen un sesgo y se consagran a analizar las
fuentes del problema, y porque pueden ofrecer la
calma y la reflexión que la pareja necesita.
Parece
obvio que la terapia matrimonial puede a veces marcar la
diferencia entre la supervivencia del matrimonio y su muerte
después del descubrimiento. Como la traición, la
inseguridad, los celos y la culpa son emociones poderosas y
absorbentes, con frecuencia las parejas no pueden
zafarse de esta correa solos.
Lo
común es que el terapeuta sea un extraño, y sea visto en
un terreno que no provoque asociaciones dolorosas. Más
aún, estar en terapia significa que la pareja se compromete
en principio a invertir cantidades regulares de tiempo y
energía para tratar de entender al menos las
motivaciones de la aventura y sus efectos en el matrimonio.
Por supuesto, no todos los terapeutas brindan la falta de
pasión, la sabiduría o la capacidad de juicio y el tacto
requeridos por el proceso. Y no siempre los miembros de
la pareja desean sanar su matrimonio en la terapia.
Para
que un terapeuta haga una evaluación adecuada con respecto
a si debe permitir o alentar la confesión, o hacia qué
modelo de matrimonio debe orientar a la pareja, necesita
primero analizar la aventura de acuerdo con dimensiones
específicas.
¿Cuál
es el contexto de la aventura: el ciclo de la vida, la
historia personal o familiar y la historia de vulnerabilidad
en el matrimonio en particular? ¿Con qué modelo de
matrimonio ha funcionado cada uno de los miembros de esta
pareja? Y finalmente, los temas del género que hemos
tratado de resaltar a lo largo de esta obra deben ser
considerados cuando se trata del matrimonio.
En
el intento de lograr que la pareja entienda sus
reacciones respectivas hacia la aventura y hacia sus
consecuencias, los hombres y las mujeres usan un lenguaje
diferente que contribuye a describir los sentimientos, las
motivaciones y el impacto de la aventura.
El
terapeuta debe ser alguien que 'rompa con las
divisiones de género', según la frase acuñada
por la terapeuta feminista norteamericana Virginia
Goldner. Debe interpretar la experiencia de uno de
los cónyuges al otro, tratando de lograr que se supere
la división hombre/mujer, alentando la empatía con
la experiencia del cónyuge. Es difícil y no siempre
funciona con éxito, pero la terapia a veces ofrece la
posibilidad de que un matrimonio herido se recupere.
Janet
Reibstein y Martin Richards
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