EL
PRIMER SEXO (2)
(Segundo
fragmento del Cap. 1 de la obra de Helen Fisher)
La
mente femenina
"Cuando la mente piensa, habla consigo", dijo Platón. Todos
hemos pasado noches agitadas en la cama dándole vueltas a algún
problema laboral o amor conflictivo. Surgen imágenes que luego
desaparecen. Se desarrollan escenas. Reaparecen fragmentos de
conversación sin saber de dónde, se disuelven, vuelven a repetirse.
Te envuelve una ola de ira; después de compasión; después de
desesperación. Luego la racionalidad se impone un momento y resuelves
hacer esto o hacer lo otro. Y así sigue el debate mientras las agujas
del reloj avanzan de las tres a las cuatro. En tu cabeza se está
celebrando una junta de comité. "La mente es una máquina extraña
que puede combinar los materiales que se le ofrecen de la manera más
asombrosa", escribió el filósofo británico Bertrand Russell.
Hombres y mujeres absorben grandes cantidades de datos y sopesan una
inmensa gama de variables de modo casi simultáneo. Los psicólogos
nos dicen, no obstante, que las mujeres piensan de manera
contextual con más frecuencia: adoptan una visión más "holística"
del asunto en cuestión.
Es
decir, integran más detalles del mundo que les rodea, detalles que
van desde los matices de la postura corporal hasta la posición de los
objetos de una habitación.
Donde
es más evidente la capacidad de la mujer para integrar miles de datos
es en la oficina. Las ejecutivas, según los analistas del mundo
comercial, tienden a enfocar las cuestiones desde una perspectiva más
amplia que sus colegas masculinos.
Las
mujeres suelen reunir más datos pertinentes al caso y a conectar
todos estos detalles más rápidamente. Cuando toman decisiones,
calibran más variables, consideran más opciones y resultados,
recuerdan más puntos de vista y ven mayor número de formas de
proceder. Así, integran, generalizan y sintetizan. Y las mujeres, en
general, toleran la ambigüedad mejor que los hombres,
-probablemente porque pueden visualizar más factores en relación a
cualquier asunto.
En
pocas palabras, las mujeres tienden a pensar en redes de factores
interrelacionados, no en línea recta. He denominado este modo de
pensar femenino "pensamiento en red".
La
mente masculina
Por regla general, los hombres tienden a centrarse en una sola cosa a
la vez, característica masculina que advertí por primera vez cuando
contaba algo más de veinte años. Por aquel entonces yo tenía un
novio al que le gustaba ver las noticias de la televisión, escuchar música
rock en el equipo estéreo y leer un libro, presumiblemente todo al
mismo tiempo. En realidad, lo único que hacía era cambiar de canal
mentalmente. Cuando estaba absorto en una modalidad se aislaba de las
demás. Yo no. La luz de la pantalla de televisión, el ritmo de la música,
la palabra impresa: todos estos estímulos me inundaban la cabeza. Los
hombres son buenos en compartimentar su atención. Intenta hacer una
pregunta sencilla a un hombre que está leyendo el periódico; muy a
menudo no te oye. Cuando lo hace, parece despertar como si viniera de
otro planeta. Los hombres tienden a prescindir de estímulos extrínsecos.
Su proceder mental suele estar por lo general más canalizado.
Ante
un problema de trabajo, los hombres tienden a centrarse en los
dilemas inmediatos en lugar de situar la cuestión en un contexto más
amplio. A menos que los hechos sean obviamente pertinentes, los
hombres son propensos a prescindir de ellos. Después, siguen una
senda directa, lineal y causal hacia una meta específica: la solución.
A consecuencia de ello, los hombres por lo general toleran peor la
ambigüedad; prefieren eliminar los datos que puedan parecer ajenos y
no relacionados y centrarse en la tarea inmediata. Esta capacidad para
concentrar la atención se manifiesta particularmente en la actitud
masculina hacia el trabajo. Como expresa la psicóloga Jacquelynne
Eccles, muchos hombres muestran una "inquebrantable devoción"
a su tarea.
Charles
Hampden-Turner, un consultor comercial y miembro del Global Business
Network de Emeryville, California, cree que el director de empresa
norteamericano es el epítome de esta característica masculina. Él y
su compañero de trabajo, Alfons Trompenaars, llevaron a cabo una
investigación sobre los valores y las prácticas profesionales de los
ejecutivos masculinos y femeninos de Estados Unidos. Los hombres,
según Hampden-Turner, tienden a analizar las cuestiones por partes
diferenciadas, como pueden ser hechos, puntos, tareas, unidades y
otros segmentos concretos. A menudo ven la empresa como un conjunto de
tareas, máquinas, pagos y puestos de trabajo; una serie de elementos
dispares. Las ejecutivas, a su juicio, ven la empresa como un todo más
integrado con aspectos múltiples. He denominado este proceso de
razonamiento masculino centrado, compartimentado y gradual
"pensamiento por pasos". |