| Trastorno por dÉficit de atenciÓn:el niÑo hiperquinÉtico
Los
padres se preocupan mucho cuando reciben una carta de la
escuela diciendo que el niño "no le presta atención a
la maestra" o que "se porta mal en la clase".
Una posible causa para este tipo de comportamiento es el trastorno
por déficit de atención debido a la Hiperactividad.
El trastorno
por déficit de atención (t.d.a.) es un padecimiento donde al niño le
es difícil centrar su atención en un estímulo y
concentrarse en él. Esto se manifiesta en su conducta que se
observa desorganizada e impulsiva, y repercute en la familia y
en la escuela. Este problema es mejor conocido como el niÑo
hiperquinÉtico o con disfunción cerebral "mínima",
sin embargo puede existir o no hiperactividad (hiperquinesia)
en el trastorno por déficit de atención; el término de
disfunción cerebral mínima en la actualidad ya no es usado
debido a la ambigüedad del término.
Las alteraciones son identificadas
primero por el padre o profesor.
En las aulas, estos pequeños dan la
impresión de que :
· escuchan
mal
· están
inquietos
· trabajan
de forma irregular y descuidada
· en
particular le son duras las tareas que requieren de una atención
prolongada
· tienen
problemas en la relación con sus compañeros,
· mala
conducta
· y
pobre rendimiento escolar
..generalmente son los llamados "niños problema".
Causas
Existen diversas teorías que intentan
explicar el origen del trastorno por Déficit de Atención,
algunos consideran que la causa se debe a una maduración
retardada del sistema nervioso, o por haber alguna lesión
cerebral, una variación genética, alteraciones metabólicas
y/o emocionales.
DescripciÓn del
cuadro
Falta de atención:
· con frecuencia no termina las cosas
que empieza
· a menudo parece no escuchar
· se distrae con facilidad
· tiene dificultades para concentrarse
en tareas escolares
· tienen problemas para seguir una
actividad de juego.
Impulsividad:
· suele actuar antes de pensar
· cambia excesivamente de una actividad
a otra
· le es difícil organizar el trabajo
· necesita de una supervisión muy
constante
· frecuentemente grita en clase
· tiene dificultades para esperar su
turno en juegos o situaciones de grupo.
Hiperactividad:
· corre o se trepa por todos lados,
excesivamente
· tiene problemas para quedarse quieto o
juguetea demasiado
· le es difícil permanecer sentado
· siempre
anda desbocado o actúa como impulsado por un motor.
DiagnÓstico:
El diagnóstico se
realiza a través de varios elementos :
· pruebas
psicológicas
· electroencefalogramas
· y
otras pruebas de laboratorio
por lo que el
especialista integrará esta información para determinar la
presencia -o no- del problema.
Tratamiento
El principal objetivo que se pretende
en el tratamiento de los niños con t.d.a. es el de ayudarlos a enfocar y conservar
su atención, teniendo un mejor control de las respuestas
impulsivas.
Existen
diferentes tipos de tratamientos:
· medicamentos
· técnicas psicológicas
(psicoeducativas).
· retroalimentación biológica cerebral
(neurofeedback)
La detección y elección del
tratamiento deberá ser dirigido únicamente por un
especialista.
La Hiperactividad en los niÑos
"No
siempre puedes controlar los que pasa fuera, pero sí puedes
controlar siempre lo que pasa dentro".
Wayne
W. Dyer
Entre
un 3 y un 5% de los niños escolarizados son hiperactivos:
· niños
inquietos
· impacientes
· impulsivos
· que
no se centran en objetivos o finalidades concretas
· que
saltan de una cosa a otra
· que
no atienden a lo que se les dice
· niños
que no "oyen", no "obedecen", no
"hacen caso".
Aparece entre los dos y
los seis años y comienza a remitir durante la
adolescencia.
El
problema real de los niños hiperactivos se plantea ante
aquellas situaciones en las que se les exige control
de los movimientos y mantenimiento de la atención.
Los sÍntomas definitorios del trastorno por déficit
de atenciÓn con hiperactividad son:
· Actividad
motora excesiva.
· Falta
de atención y de control de impulsos.
· Se
trata de niños desordenados, descuidados, que no prestan
atención en clase.
· Cambian
continuamente de tarea y presentan una actividad permanente e
incontrolada, sin que vaya dirigida a un determinado objetivo
o fin.
· Tienen
dificultades para permanecer quietos o sentados.
· Suelen
responder precipitadamente, incluso antes de haber finalizado
la formulación de las preguntas.
· Además
se muestran impacientes y no son capaces de esperar su turno
en las actividades en las que participan más individuos.
· Interrumpen
las actividades o tareas de los compañeros y miembros de la
familia.
· Pueden
fácilmente sufrir accidentes y caídas debido a que sus
conductas reflejan una escasa conciencia del peligro.
· Son
desobedientes, parece que no oyen órdenes de los adultos y,
por tanto, no cumplen con sus instrucciones.
· Plantean
problemas de disciplina por incumplir o saltarse las normas
establecidas.
· Su
relación con los adultos se caracteriza por desinhibición,
suelen tener problemas de relación social y pueden quedar
aislados del grupo de iguales.
· Asimismo,
dan muestras de déficits cognitivos y son frecuentes los
retrasos en habilidades motoras y del lenguaje, así como las
conductas antisociales y la carencia de autoestima.
distintos momentos en la evoluciÓn
de la enfermedad
Los
indicadores de hiperactividad en los distintos momentos
evolutivos son los siguientes:
De
0 a 2 años: Problemas en el ritmo del sueño y durante la comida, períodos cortos
de sueño y despertar sobresaltado, resistencia a los cuidados
habituales, reactividad elevada a los estímulos auditivos e
irritabilidad.
De
2 a 3 años: Inmadurez en el lenguaje expresivo, actividad motora excesiva, escasa
conciencia de peligro y propensión a sufrir numerosos
accidentes.
De
4 a 5 años: Problemas de adaptación social, desobediencia y dificultades en el
seguimiento de normas.
A
partir de 6 años: Impulsividad, déficit de atención, fracaso
escolar, comportamientos antisociales y problemas de adaptación
social.
Aproximadamente
un 25% de los niños
hiperactivos evolucionan
positivamente, con cambios de conducta notables y sin que
tengan dificultades especiales durante la adolescencia y la
vida adulta.
Los
niños que son hiperactivos en todos
los ambientes tienen un peor pronóstico, porque sufren
con más frecuencia las consecuencias negativas que sus
comportamientos alterados provocan en la familia, colegio y
grupo de amigos; de este modo, se vuelven más vulnerables y,
por tanto, aumenta el riesgo de que desarrollen
comportamientos antisociales. La coexistencia de conductas
desafiantes, agresividad, negativismo e hiperactividad durante
la infancia conlleva una evolución muy desfavorable, pues los
problemas iniciales suelen agravarse en la adolescencia. En
esta edad, el pronóstico incluye delincuencia, agresiones,
deficiente rendimiento académico y, en general, una adaptación
negativa.
No todos los
niÑos presentan las mismas conductas alteradas
Los
niños hiperactivos constituyen un grupo muy heterogéneo. No
todos presentan las mismas conductas alteradas. No coinciden
en su frecuencia e importancia ni en las situaciones o
ambientes en los que se muestran hiperactivos. Además,
incluso difieren respecto al origen y posibles causas de sus
problemas. Así, en la evaluación del niño hiperactivo
intervienen varios profesionales, médicos (neurólogo,
pediatra, psiquiatra), psicólogos y maestros,
fundamentalmente buscando un criterio común para la puesta en
marcha de la terapéutica a seguir.
La
evaluación se concreta en las siguientes áreas:
· Estado
clínico del niño.
Este
aspecto se ocupa de los comportamientos alterados y anomalías
psicológicas que presenta actualmente.
· Nivel
intelectual y rendimiento académico.
Los
informes que proporciona el colegio han de referirse a cómo
es la conducta del niño y sus calificaciones académicas en
el curso actual, y cómo han sido en años anteriores. En esta
evaluación se tienen en cuenta tanto los aspectos positivos
como los negativos.
· Factores
biológicos.
Se
evaluarán mediante un examen físico exhaustivo para detectar
posibles signos neurológicos, anomalías congénitas u otros
síntomas orgánicos que resulten de interés.
· Condiciones
sociales y familiares.
Se
analizan: nivel socioeconómico, comportamientos de los
miembros de la familia, clima familiar, relaciones
interpersonales, tamaño, calidad y ubicación de la vivienda
familiar, normas educativas, disciplina, cumplimiento de
normas y horarios, actitudes de los padres hacia los problemas
infantiles, factores o acontecimientos desencadenantes de los
conflictos.
· Influencia
del marco escolar.
La
evaluación de este aspecto está justificada por el papel que
desempeña la escuela tanto en la detección de las
alteraciones infantiles como en el tratamiento posterior. El
interés se centra en dos áreas: factores personales y
organización estructural del centro. Respecto a los factores
personales, se analizan las actitudes de los maestros cuando
los alumnos violan la disciplina o incumplen las normas
escolares, así como las pautas de conducta que estos
profesionales adoptan cuando han de dirigir las clases; en
definitiva, se trata de averiguar si son profesores
autoritarios o flexibles. En cuanto a la organización del
centro, interesa sobre todo los aspectos materiales y de
funcionamiento, así como la ubicación del mismo y su
estructura organizativa.
Además
de los exámenes neurológicos que se apoyan en los datos
proporcionados por el electroencefalograma y la cartografía
cerebral, así como de la exploración pediátrica que insiste
en ensayos de coordinación y persistencia de movimientos, la
valoración de la hiperactividad se completa con una evaluación
psicológica que tiene varios ejes: información proporcionada
por adultos significativos para el niño (padres y
profesores), informes del propio niño y observaciones que
sobre su conducta realizan otras personas en el medio natural.
TRATAMIENTO
DE LA HIPERACTIVIDAD
Toda
iniciativa terapéutica en el campo infantil persigue el
objetivo común de favorecer la adaptación y el desarrollo
psicológico de los niños. Son numerosos los autores que se
preguntan si el trastorno se resuelve mediante una intervención
terapéutica centrada exclusivamente en el niño, o si, por el
contrario, es necesario llevar a cabo actuaciones específicas
sobre la familia y el colegio para implicar a los padres y el
maestro en la terapia. En todo caso, el tratamiento de la
hiperactividad consiste, desde hace varias décadas, básicamente
en la administración de fármacos, así como en la aplicación
de métodos conductuales y cognitivos (métodos psicológicos). Ambas
modalidades de tratamiento han obtenido éxito al mejorar el
comportamiento del niño en distintos aspectos. Así, las
terapias que combinan medicación y métodos conductuales y cognitivos pretenden que los
efectos conseguidos por los fármacos y técnicas conductuales
por separado, se sumen y acumulen para lograr que el niño
mejore globalmente y su mejoría sea estable y mantenida a
través del tiempo.
* Tratamiento farmacológico: A corto plazo se ha observado disminución
del nivel de actividad motora, aumento de la atención y mejoría
en el rendimiento de los tests de atención en el laboratorio.
· Tratamiento
conductual-cognitivo: Los
métodos se orientan hacia el control de las conductas
alteradas y suponen que éstas dependen de factores,
acontecimientos o estímulos presentes en el ambiente. Por lo
tanto, al controlar las circunstancias ambientales es posible
reducir, alterar y mejorar el comportamiento infantil.
ORIENTACIONES
PRÁCTICAS para
ayudar al niÑo hiperactivo
Aunque
no podamos influir decisivamente en la aparición del
problema, sí podemos contribuir a mejorar su evolución.
1. En primer lugar, enseñando a los propios niños hiperactivos a
practicar ejercicios físicos y actividades encaminados a
incrementar la inhibición muscular, relajarse, aumentar el
control corporal y la atención y, en consecuencia, adaptarse
a las tareas y demandas que se le plantean, sobre todo en el
colegio.
2. En segundo lugar, actuando en el ambiente familiar y social que ejerce
en todo caso una influencia determinante en el pronóstico de
estos niños. Bajo orientaciones y sugerencias específicas
para que padres y profesores adopten actitudes positivas hacia
sus hijos y alumnos, y pongan en práctica normas de actuación
correctas que favorezcan las interacciones y faciliten la
convivencia familiar y escolar.
El
modo más eficaz de prestar ayuda a los niños hiperactivos
pasa por mejorar el clima familiar, las habilidades de los
padres y maestros para controlar los comportamientos anómalos
y eliminar las interacciones negativas entre adultos y niños,
y de esta forma evitar las experiencias de fracaso y rechazo
que éstos sufren habitualmente. Sin embargo, no basta con ser
más tolerantes y pacientes; los expertos coinciden en
aconsejar que los adultos, además de estas actitudes, deben
adoptar normas apropiadas de actuación que incluyen tanto
establecer reglas explícitas para regular la convivencia como
administrar castigos cortos pero eficaces.
Algunas
de las pautas recomendadas para favorecer las interacciones
positivas entre padres e hijos son:
· Si los padres establecen normas de disciplina es muy importante que las
hagan explícitas, es decir, que el niño sepa exactamente qué
es lo que se espera de él.
· Las instrucciones y respuestas verbales de los adultos han de ser
breves, precisas y concretas.
· La respuesta de los padres
ante la violación de las normas ha de ser proporcional a la
importancia de la infracción. Es aconsejable que, antes de
responder, los adultos se detengan unos instantes a pensar y
valorar desapasionadamente lo ocurrido.
· Es conveniente que los padres respondan a los actos de indisciplina con
comportamientos concretos y previstos. No es aconsejable que
lo hagan con castigos físicos. Por el contrario, es muy
efectivo en los casos de incumplimiento de responsabilidades,
como, por ejemplo, no acabar una determinada tarea
comprometida de antemano, que los niños pierdan algunos
privilegios ya adquiridos.
· Los castigos deben tener una duración limitada, no es útil
prolongarlos sistemáticamente, pues son difíciles de
cumplir, pueden originar en el niño ansiedad y sentimientos
negativos.
· Tratándose de niños hiperactivos, no es aconsejable que los padres
limiten las salidas de casa y los contactos con amigos.
· Conviene establecer hábitos regulares, es decir, horarios estables de
comida, sueño, para ver la televisión, hacer los deberes,
etc.
· Los adultos deben estar atentos y discriminar las señales que prevén
la proximidad de un episodio de rabietas, desobediencia,
rebeldía, etc.; de este modo, les será fácil controlarlo
alejando al niño de la situación conflictiva, facilitándole
juguetes que le puedan distraer, etc.
· Cuando el niño tiene que realizar tareas nuevas, es útil ensayar con
él para guiar su actuación.
· Es esencial que los adultos adopten un enfoque positivo en sus
relaciones con los niños.
· Conviene no olvidar los efectos del aprendizaje social. Los niños
observan lo que ocurre a su alrededor y después reproducen
los comportamientos aprendidos.
¿QUÉ
PUEDE HACER EL MAESTRO
POR EL NIÑO HIPERACTIVO?
Ayudarle
a que aprenda a controlar su comportamiento en el aula, lo
que repercutirá en una mejor relación con los demás, en
unos mejores resultados académicos y en una mejora de su
autoestima.
¿CÓMO
AYUDARLE A QUE MEJORE LAS RELACIONES CON SUS COMPAÑEROS?
Enseñándole
habilidades sociales básicas y habilidades de solución de
problemas interpersonales.
¿CÓMO HACER
QUE EL NIÑO NO SE DISTRAIGA TANTO EN LA CLASE?
Estructurando
las tareas en tiempos cortos, permitiendo que haga descansos
al concluir las mismas, reforzando los períodos de atención,
controlando el ambiente para que haya los menores elementos
de distracción posibles.
¿CÓMO
AYUDARLE A QUE ADQUIERA CONTROL SOBRE SU MOVIMIENTO?
Enseñándole
ejercicios de control muscular, ejercicios de relajación.
¿EN QUÉ CONSISTE EL ENTRENAMIENTO COGNITIVO CON EL NIÑO
HIPERACTIVO?
Fundamentalmente
en enseñarle a pensar antes de actuar para que regule su
comportamiento, tanto a la hora de enfrentarse a una tarea
como en sus relaciones interpersonales.
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