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Inteligencia emocional 
y herencia genética

Cada persona hereda por el proceso genético ciertas características y tendencias de sus padres biológicos. Algunas características están completamente determinadas. Otras sólo reciben una influencia parcial. Por ejemplo, la estatura máxima, el color del pelo y el color de los ojos están completamente determinados. No obstante los rasgos de inteligencia emocional, tales como laboriosidad, la hostilidad, el carácter amistoso o la valentía sólo están influidas parcialmente por la herencia genética.

 

La inteligencia emocional de los padres de un niño se transmite a éste por los cromosomas, del mismo modo que el color de los ojos. Los niños nacen con determinadas tendencias de inteligencia emocional. Algunos son más activos otros más pasivos. Algunos son irritables, mientras que otros tienen más paciencia. Algunos son sumisos, otros más dominantes. Algunos niños son cautos por naturaleza, mientras que otros exploran más. Los trastornos tales como la depresión tienden a repetirse en los miembros de una misma familia aún cuando los niños no han sido criados por sus padres biológicos. Estas tendencias básicas e innatas de la inteligencia emocional residen, al parecer en el sistema límbico. No son causadas por las experiencias.

Con independencia de quienes son nuestros padres, todos heredamos unas mismas necesidades humanas básicas. Abraham Maslow identificó en los años 70 cinco necesidades humanas básicas. La primera es de tipo biológico. Todos necesitamos alimentos, agua, etc. La segunda es la necesidad de seguridad (un entorno estable, estructurado, previsible). En tercer lugar, todos necesitamos sentirnos integrados y merecedores de amor. En cuarto lugar, todos los seres humanos necesitamos sentirnos estimados , respetados. Por último, tenemos la necesidad de hacer realidad todas nuestras posibilidades, nuestras capacidades, y de ejercitar nuestros talentos. Los psicólogos suelen llamarlo la necesidad de autorrealización.

Estas necesidades nos motivan para que desarrollemos nuestra inteligencia emocional. La inteligencia emocional se desarrolla cuando encontramos modo de enfrentarnos a nuestro entorno para cubrir estas necesidades básicas.

 

 

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