TOTALMENTE
COMPROMETIDOS: LA ENERGÍA, Y NO EL TIEMPO, ES NUESTRO RECURSO MÁS
PRECIOSO
Vivimos en la era digital. Nuestro ritmo de vida es agitado,
bullicioso e incesante; nuestros días se reparten entre bits y bytes. Celebramos la amplitud y no la profundidad, la
reacción rápida más que la reflexión. Nos quedamos sólo en la
superficie, deteniéndonos durante breves momentos en docenas de
destinos sin permanecer mucho tiempo en ninguno de ellos. Pasamos a
toda velocidad por nuestra vida sin pararnos a pensar quiénes
queremos ser o hacia dónde deseamos verdaderamente ir. Estamos en
tensión, pero al mismo tiempo nos vamos consumiendo.
Muchos de nosotros tratamos de funcionar lo mejor que podemos.
Cuando las demandas superan a nuestra capacidad, tomamos las
decisiones oportunas que nos permitan ir viviendo día a día, pero
por las que con el tiempo tenemos que pagar un precio. Conseguimos
sobrevivir con muy pocas horas de sueño, devorando a la carrera
comida rápida, recuperándonos fuerzas a base de café. Cuando
afrontamos incesantes demandas laborales, nos volvemos irritables y
nos distraemos con facilidad. Regresamos exhaustos a casa tras
varias largas jornadas de trabajo y con frecuencia no vemos a
nuestra familia como una fuente de alegría y renovación, sino como
una exigencia más en un mundo ya de por sí sobrecargado.
Vamos de un lado a otro con el programa del día y con listas de
tareas, con agendas electrónicas, con buscadores y recordatorios
desplegables en nuestros ordenadores, todos ellos diseñados para
ayudarnos a administrar mejor nuestro tiempo. Nos sentimos
orgullosos de nuestra capacidad para realizar muchas tareas al mismo
tiempo y mostramos nuestra disposición a invertir en ellas muchas
horas como si lleváramos una banda honorífica. El término 24/7 describe un mundo en el que el trabajo nunca termina. Utilizamos
palabras como obsesionado, vertiginoso y abrumado no para describir
la demencia, sino para caracterizar a nuestra vida diaria. Con una
sensación constante de que nos falta tiempo, asumimos que no tenemos
otra opción que abarcar lo máximo posible cada día. Pero administrar
el tiempo de manera eficaz no garantiza que vayamos a tener la
suficiente energía para realizar lo que vayamos a hacer.
LA ENERGÍA, Y NO EL TIEMPO, ES LA MONEDA PRINCIPAL DE UN BUEN
RENDIMIENTO
Este concepto ha revolucionado nuestra forma de ver cuáles son los
factores que nos permiten mantener un alto rendimiento. También ha
dado lugar a cambios radicales sobre cómo nuestros clientes viven su
vida, tanto personal como profesionalmente. Todo lo que hacen -desde
cooperar con sus colegas y tomar decisiones importantes a pasar
tiempo con sus familias- requiere una gran cantidad de energía.
Aunque parezca evidente, muchas veces no nos damos cuenta de la
importancia que tiene la energía en el trabajo y en nuestra vida
privada. Sin la cantidad, calidad, atención y energía adecuadas,
acabaremos por ceder ante cualquier actividad que llevemos a cabo.
Cada uno de nuestros pensamientos, emociones y conductas tiene una
consecuencia en nuestra energía, para bien o para mal. La última
medida en nuestra vida no es cuánto tiempo pasamos en este planeta,
sino cuánta energía invertimos durante el tiempo de vida que
disponemos. La premisa más importante de un entrenamiento eficiente
es muy sencilla:
EL RENDIMIENTO, LA SALUD Y LA FELICIDAD SE BASAN EN UNA
ADMINISTRACIÓN ADECUADA DE LA ENERGÍA.
Es innegable que hay jefes nefastos, entornos laborales nocivos,
relaciones difíciles y crisis vitales. No obstante, podemos ejercer
más control sobre nuestra energía de lo que creemos. El número de
horas que hay en un día es fijo, pero no la cantidad y la calidad de
energía de la que podemos disponer. Cuanta más responsabilidad
tengamos en la energía que aportamos al mundo, más productivos y
eficaces seremos. Cuanto más culpemos a los demás o a las
circunstancias externas, más posibilidades habrá de que nuestra
energía sea negativa.
Si mañana pudiera despertarse disfrutando de una energía
considerablemente más positiva enfocada hacia el trabajo y hacia su
familia, ¿hasta qué punto iba a cambiar su vida para mejor? Si usted
es un dirigente o un director, ¿sería beneficioso aportar más
energía positiva y pasión a su lugar de trabajo? Si las personas a
las que usted dirige pudieran gozar de más energía positiva, ¿cómo
afectaría a sus relaciones entre sí y a la calidad del servicio que
ofrecen a sus clientes?
Los dirigentes son los administradores de la energía organizativa en
las compañías, en las empresas e incluso en las familias. Ellos
inspiran o desmoralizan a los demás, en primer lugar dependiendo de
cómo administren eficazmente su propia energía y, en segundo lugar,
dependiendo de cómo sea su capacidad para movilizar, dirigir,
invertir y renovar la energía colectiva de las personas a las que
dirigen. La administración adecuada de la energía, tanto a escala
individual como organizativa, hace posible algo que podemos llamar
pleno compromiso.
Para estar plenamente comprometidos, debemos estar ejercitados
físicamente, conectados emocionalmente, concentrados mentalmente y
aliados espiritualmente con un propósito que vaya más allá de
nuestro interés inmediato. El pleno compromiso comienza cuando nos
sentimos deseosos de ir a trabajar por la mañana, igualmente felices
de regresar a casa por la tarde y capaces de marcar unos límites
claros entre las dos actividades. Eso significa que podemos
zambullirnos en la misión que tengamos entre manos, ya sea afrontar
un reto creativo en el trabajo, dirigir a un grupo de personas en un
proyecto, pasar tiempo con las personas queridas o simplemente
divertirnos. El pleno compromiso implica un cambio fundamental en
nuestro modo de vivir la vida.
Menos del 30 por ciento de los trabajadores están totalmente
comprometidos con su trabajo, según los datos recogidos por Gallup Organization a principios de 2003. Aproximadamente el
55 por ciento 'no están comprometidos'. Otro 19 por ciento está
'activamente apáticos', lo que significa que no sólo están
descontentos con su trabajo, sino también que a menudo comparten ese
sentimiento con sus colegas.
El costo de una fuerza laboral no comprometida se eleva lógicamente
a varios millones de dólares. Y, lo que es peor, cuanto más tiempo
pasen esos empleados en la empresa menos comprometidos se sentirán. Gallup descubrió que después de seis meses en el
trabajo, sólo el 38 por ciento de los empleados seguían
sintiéndose comprometidos. Después de tres años, la cifra
descendía al 22 por ciento. Piense en su propio caso. ¿Está
totalmente comprometido con su trabajo? ¿Y sus colegas o las
personas que trabajan para usted?
Cuando seguimos los principios de administración de nuestra energía
y ponemos en práctica todo el proceso de cambio, descubrimos que
somos mucho más eficaces, tanto personal como profesionalmente, en
nuestros propios actos y en nuestras relaciones. Aprender a
administrar la energía de manera más eficiente e inteligente tiene
un poder de transformación único, tanto en forma individual como
organizativa.
EL PLENO COMPROMISO EXIGE RECURRIR A CUATRO FUENTES DE ENERGÍA
DISTINTAS AUNQUE RELACIONADAS ENTRE SÍ: FÍSICA, EMOCIONAL, MENTAL Y
ESPIRITUAL
Los seres humanos somos sistemas de energía complejos, y el pleno
compromiso no es unidimensional. La energía que late a través de
nuestro cuerpo es física, emocional, mental y espiritual. Estas
cuatro dimensiones son esenciales, ninguna es suficiente por sí
misma y cada una de ellas influye enormemente en las demás. Para
poder rendir al máximo debemos administrar adecuadamente cada una de
esas dimensiones de energía interconectadas. Sustraiga una de ellas
de la ecuación y nuestra capacidad de poner en marcha nuestro
talento y habilidad se verá disminuida, del mismo modo que un motor
comienza a renguear cuando falla uno de sus cilindros.
La energía es el denominador común en todos los aspectos de nuestra
vida. La capacidad de energía física se mide en términos
cuantitativos (alta o baja) y la capacidad emocional en términos
cualitativos (negativa o positiva). Esas son nuestras fuentes de
energía más IMPORTANTES, porque sin el suficiente combustible de
alto octanaje no se puede acometer ninguna misión. Cuanto más tóxica
y nociva sea la energía más negativamente afectará al rendimiento;
cuanto más positiva y agradable sea la energía, más eficacia tendrá.
El pleno compromiso y el máximo rendimiento
sólo son posibles en un cuadrante altamente positivo.
POR QUÉ LA INTELIGENCIA
EMOCIONAL
ES TAN IMPORTANTE
PROGRAMAS SUBSIDIADOS
CARACTERÍSTICAS
ESPECIALES
DE LOS TALLERES Y SEMINARIOS
Consultas:
news@inteligencia-emocional.org
subsidios@org-gallup.org |