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EL MATRIMONIO DE ÉL Y
DE ELLA: LAS RAÍCES DE LA INFANCIA
A los varones y a las nenas se les enseñan
lecciones muy distintas acerca de cómo manejar las emociones. En
general, los padres hablan de éstas -con la única excepción de la
ira- más con las nenas que con los arones. Las nenas están más
expuestas que los varones a la información sobre las emociones:
cuando los padres inventan historias para contarles a sus hijos en
edad preescolar utilizan más palabras que expresan emociones cuando
hablan con sus hijas que cuando lo hacen con sus hijos. Cuando las
madres juegan con los pequeños, muestran una gama de emociones más
amplia con las nenas que con los varones; cuando hablan con las hijas
de sentimientos, discuten más detalladamente el estado emocional
mismo que cuando lo hacen con los hijos, aunque con estos entran en más
detalles acerca de las causas y las consecuencias de emociones como la
ira (probablemente como moraleja).
A los diez años, aproximadamente el
mismo porcentaje de varones que de nenas es abiertamente agresivo,
dado a la confrontación directa cuando está furioso. Pero a los
trece surge una reveladora diferencia entre ambos sexos: las nenas se
vuelven más expertas que los varones en ingeniosas tácticas
agresivas como el ostracismo, el chismorreo malévolo, y las venganzas
indirectas. En general, los varones sencillamente siguen siendo
discutidores cuando están furiosos, y pasan por alto estas
estrategias más ocultas. Esta es sólo una de las muchas formas en
que los varones -y más tarde los hombres- son menos expertos que el
sexo opuesto en los vericuetos de la vida emocional.
Cuando las nenas juegan juntas lo hacen
en grupos pequeños e íntimos, poniendo el acento en minimizar la
hostilidad y potencial al máximo la cooperación, mientras los juegos
de los varones se desarrollan en grupos más grandes y ponen el acento
en la competición. Una diferencia clave es la que surge cuando los
juegos que desarrollan varones o nenas quedan interrumpidos porque
alguien se lastima. Si un varón que se ha lastimado se siente mal, se
espera que salga de en medio y deje de llorar para que el juego pueda
continuar. Si ocurre lo mismo en un grupo de nenas, EL JUEGO SE
INTERRUMPE mientras todas se reúnen para ayudar a la nena que llora.
Esta diferencia entre varones y nenas representa lo que Carol Gilligan, de Harvard, señala como la diferencia clave entre los
sexos: los varones se enorgullecen de su autonomía y su independencia
inflexible, mientras las nenas se consideran parte de una red de
relaciones. Así, los varones se ven amenazados por cualquier cosa que
pueda desafiar su independencia, mientras las neneas sienten lo mismo
cuando se produce una ruptura en sus relaciones. Y, como ha señalado
Deborah Tannen, famosa experta en comunicación, estas perspectivas
significan que hombre y mujeres desean y esperan cosas muy distintas
de una conversación: los hombres se contentan con hablar de
'cosas', mientras las mujeres buscan la conexión emocional.
Daniel Goleman |
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Director del Portal:
Abel Cortese |
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